Se lee muy pocas veces esto

L. R. Y habría que ser aún más radical: no sólo no aceptar puestos, ni siquiera aceptar tomar el té con los presidentes, no aceptar viajes con ministros, becas... La literatura en sí misma es un poder, y ese poder lo pierdes en el momento en que te vuelves palaciego.

L. R. El porvenir no está en las naciones, sino en los pueblos..

F. V. A mí no me da paz nada. Yo perdí la paz espiritual desde hace mucho. No sé si la tuve alguna vez. Nunca la he tenido. Hay momentos en que estoy contento, son pocos. Y aquí, en Colombia, tengo usualmente más que en otros sitios. Tengo más momentos de felicidad en Colombia que en cualquier otro lado.

Léanla toda (la entrevista a dos voces) aquí.