Actualización 24 noviembre:
Apenas leí lo que llevaba redactado. En una mêlèe previa decidimos, entre las interrupciones de una psicóloga, que unos íbamos a ser más serios y otros más "desparramados". Al final, incluso le funcionaron los gags a David Barberá. Tuvimos un buen preguntador en la segunda fila -¿para cuándo mesa redonda sobre revistas culturales?- y me sorprendió que el aforo estuviese lleno y hubiese gente en la puerta, como en algunos funerales católicos. Muy buenas vibraciones en general con todo el mundo. Una conexión especial con Héctor Arnau: un descubrimiento, todo un lujo poder hablar con el traductor, entre otras, de "El tercer policía", de O´Brien. Su número teatral-poético, inclasificable.
Me encanta meterme en líos. De otra manera no estaría aquí sentado hablándoles. En esta ocasión el liante está a un paso y edita una revista, que hoy presentamos. Les ha contado cómo se ha metido en este ovillo y qué gatos –siempre somos cuatro, aunque la cifra se paró en una frase hecha- están enredando la madeja.
Paco –Inclán-, ante mi insistencia para que marcara el tema de esta presentación, me dice que les hable un poco del periodismo que se hace en España. O sea, que me repita, pues de eso ya escribo en el artículo que perpetré en Bostezo. Alguien decía que todo se olvida pronto, por lo que hay que volver a contarlo de nuevo.
En aquel artículo me apoyé –siempre uso muletas en forma de citas- en una frase de Vázquez Montalbán que, entre otras lindezas, decía que “hay dos clases de escritores: los que colaboran en la enciclopedia Salvat y los que no”. Montalbán murió cuando ya existía la Wikipedia, aunque eso lo escribió en 1969, dos años antes de mi nacimiento. La última noticia, de apenas una semana, que tengo de esta enciclopedia colaborativa es que han pillado a Espasa, que tiene otra enciclopedia on line, copiándole una referencia –la de Baltasar Gracián- al usuario de Wikipedia que ayudó a crear la entrada “Baltasar Gracián”. Nada menos que Baltasar. No, tranquilos, hoy no hablaremos de Garzón. Gracián es mucho más interesante y seguirán hablando de él aunque no viera amanecer.
Cito la Wikipedia sobre Gracián: “Buena parte de sus obras se ocupan de dotar al lector de habilidades y recursos que le permitan desenvolverse entre las trampas de la vida. Para ello debe saber hacerse valer, ser prudente y aprovecharse de la sabiduría basada en la experiencia. Incluso disimular y comportarse según la ocasión”. Gracián no escribía periódicos, pero ¿es éste el papel del periodista? ¿dotar al público de recursos para entender lo que ocurre? ¿O sólo tenemos que contar lo que pasa, vaciar el contenedor de la realidad como sepamos en un papel o en un telediario e irnos para casa?
La anécdota de Wikipedia es una simple excusa para ponerles en el contexto de la realidad tecnológica en que también estamos insertos los profesionales de la información. El acceso a la información, al menos en esta parte del globo donde nos ha tocado vivir, es instantánea. Uno de los asuntos más candentes es: ¿quién hace esa información? ¿está cambiando de manos o los periodistas seguimos siendo los peones de los grandes grupos que controlan la información? Ya empiezo a liarme: discúlpenme mi tremenda afición a lanzar preguntas que abren otros tantos embrollos.
En mi artículo les hablo de un periodista bregado y desengañado con la profesión, alguien que jamás recomendaría a un joven meterse en esto. El espacio que me dieron en Bostezo me impidió meter toda la entrevista que tuvo a bien concederme. Quizás esto se arregle con Bostezo Plus –noten en esto otro gran salto que se está produciendo en la información, que puede ser complementada y ampliada luego, gracias a Internet-.
No me resisto a transcribirles esto:
“En mis dos años como editorialista y Director de la sección de Opinión de Diario16 tuve que escribir doce editoriales, doce, a favor de Xabier Arzallus (los guardo como oro en paño), lo cual iba frontalmente en contra de mis convicciones personales; pero era eso o la carta de despido”.
Periodistas como peones. Yo lo he sido también: no hay periodista más peón que uno de un gabinete de prensa de una administración. En la de Manuel Fraga, no sé si les suena, estuve unos meses. No me pudieron renovar porque el entonces jefe de prensa de Fraga, actual jefe de prensa de Citröen –empresa que fleta el parque móvil de la administración aún hoy, aunque ya empiezan a gustarle a nuestros políticos más los Audi- no me vio “concienciado” para el puesto.
El periodista, hoy en Zeta y con un pie en la calle, como tantos de esta profesión, explica más adelante que “Sí hay periodismo de investigación. Es que sin la investigación no habría periodismo. Ni siquiera del “mediatizado”.”
No estoy de acuerdo. Nos están vendiendo mucho gato, vuelvo a los gatos iniciales, por liebre. Las cifras son tercas: la mayoría de las informaciones que producimos a diario parten de una sola fuente. Interesada, casi siempre. Eso no es periodismo. Y menos de investigación. Pero podemos poner muchas excusas: no tenemos tiempo, nos pagan mal, el que nos paga no quiere que investiguemos eso. Todas válidas y todas medio ciertas, pero que al lector no le valen. ¿O sí? ¿Tenemos un lector que traga lo que le echan?
Algo que no se podía hacer en los periódicos de antes de Internet es saber en el momento lo que más ha leído la gente. Al azar, escojo un medio de mi comunidad (es un ejercicio que practico a menudo, con resultados muy similares) y me dice que lo que más han leído esos lectores es:
1.- Kournikova se pelea con Enrique Iglesias
2.- Los informáticos exigen regulación
3.- Toñi Vicente pierde su única estrella pero sigue en la guía Michelín
4.- Belén Rueda posa desnuda
Algunas noticias del “corazón” suelen estar siempre entre las diez más leídas. Eso en La Voz de Galicia.
En el mismo momento, en El País:
1. La primera subasta de compra de activos adjudica 2.115 millones de euros a 23 entidades
2. El humor gamberro se cuela en los Ondas
3. Quince ejecutivos de Wall Street cobraron 100 millones cada uno en plena crisis
4. Los científicos ponen cara a Nicolás Copérnico
Los Ondas es puro "corazón", premios de Prisa para Prisa y amigos, deprisa.
Y en Abc:
• 1. El Tribunal Supremo paraliza la UME, el proyecto militar estrella de Zapatero
• 2. «Espero que la muerte de mi hijo no sea en vano»
• 3. El calendario Pirelli, más verde que nunca
• 4. Preysler y Abascal, duelo de quilates
¿Debemos hacer informaciones según estos resultados?
En Estados Unidos ya se hace. De pago. Periodismo a la carta. Ustedes van a la página Spot.us, ven los reportajes que tienen planeados, y si les gusta lo que van a investigar, hacen una donación. Pequeñas cantidades. Cuando el periodista tenga sus dólares, el reportaje se hace y se sirve en esa página. Sólo en la bahía de San Francisco, claro.
Ahora están lanzando otra página que va más allá: HelpmeInvestigate.com (Ayúdame a investigar). No piden dinero: piden tiempo. Esto es, el tiempo de la gente que quiera dedicarse a investigar sobre un asunto y poner sobre la mesa lo conseguido. Otros periodistas de empresas más especializadas, como ShareSleuth, están corriendo riesgos de cárcel con sus investigaciones sobre corrupción financiera. Estos “indeseables” se dedican a informar en qué gastan el dinero las empresas de Wall Street que van a ser salvadas con fondos públicos. ¿Conocen a alguna empresa periodística así en España? Yo no. Asuntos como ése sólo los veo en blogs.
Mi periodista, perdonen que insista con él, pero cuenta asuntos muy interesantes, espero que para ustedes también, desgranó esta anécdota española:
“Pero vamos a peor, eso es evidente, y quisiera poner nada más que un ejemplo porque me sucedió a mí. En 1991, cuando Juan Pablo II preparaba la beatificación de José María Escrivá, fundador del Opus Dei, mi director en EL INDEPENDIENTE me encargó un tremendo, extenuante trabajo de investigación sobre la vida, “milagros” y miserias de aquel hombre desquiciado. A mí jamás me había interesado el Opus Dei, pero, caramba, ¡yo era periodista!, así que me puse a trabajar, a leer, a preguntar, a indagar veinte horas diarias durante tres meses. El resultado fue un “serial” de 30 capítulos que se tituló “¿Un altar para Escrivá?” y que el periódico publicó durante todo el mes de agosto de 1991, día tras día, resistiendo a las tremendas presiones de la “Obra” y de sus pompas. De todos modos beatificaron a Escrivá, pero aquello se publicó, lo leyó muchísima gente y yo logré salir ileso del empeño, porque no pocas noches hubo gente que me esperaba en la puerta del periódico para romperme la cara.
Apenas once años después (2002), cuando Escrivá iba a ser canonizado, el director del medio en que yo trabajaba (que ya era otro, claro) me encargó algo parecido pero de dimensiones mucho más reducidas. Una portada, quizá, y eso bastaba. Esta vez no me esperaban en la calle para pegarme. Bastó una llamada de teléfono. No de la Prelatura a mi director, no. El presidente de un prestigiosísimo y Popular banco español, muy vinculado al Opus Dei y que por entonces gastaba mucho dinero en publicidad, llamó al presidente de mi grupo editorial y le dijo, en una conversación brevísima, más o menos esto: “Vamos a llevarnos bien, ¿verdad?” Resultado: yo fui obligado a escribir dos páginas tan abyectas que me negué a firmarlas. ¿Qué voy a contar yo sobre la libertad de investigar y publicar hechos comprobados que tenemos hoy los periodistas?”
Y sigue, porque sus confesiones son lo que yo les quiero comunicar, para que se hagan una idea de quiénes somos los periodistas:
"Apenas veo la televisión, tan sólo los informativos (salvo los de Telemadrid, que me indignan) y “Canal Historia”. Hombre, a veces también “Odisea” y “National Geographic”. Pero nada más. No tengo ni idea de qué hace Mercedes Milá, aparte de ese asqueroso “experimento sociológico” que es Gran Hermano. Para mí esa mujer ha perdido todo el crédito profesional que un día sí tuvo, lo mismo que Sardà: bien les han pagado por ello y supongo que les compensa. Miralles, a mi modo de ver, lo hizo muy bien con su cámara oculta. Es periodismo de investigación salvaje y que fue tachado de poco ético, pero siempre he pensado que los poco éticos eran los que salían en sus reportajes: él era el espejo que reflejaba la miseria de los demás. Lo que hizo con la miserable Lidia Lozano, vergüenza de la profesión periodística, está entre las obras maestras que yo recuerdo. Pero el periodismo de investigación televisivo destapó las canalladas y los fraudes de Ana Rosa Quintana con sus libros… y ahí sigue esa mujer, como si tal cosa, dando basura todos los días. Porque eso es lo que da dinero, a ella y a su empresa. Y nada más importa".
"Por definición: cuando alguien que no es empresario puramente periodístico, sino de otra cosa, se convierte en dueño de un medio de comunicación, su intención jamás es informar con veracidad sino manejar al medio en su propio beneficio y en contra de sus enemigos. No conozco una sola excepción".
Sigue "mi confidente":
"Los periodistas españoles tratamos de hacer lo que podemos. Mejor dicho: nos limitamos a hacer lo que nos dejan hacer. Y, la verdad: siempre es más tranquilizador para los dueños comprar un estupendo documental británico sobre el asesinato de Litvinenko (aquello tan rocambolesco del Polonio, que queda tan lejos) que poner a cuatro o cinco reporteros y a otros tantos fotógrafos a perseguir en la calle, desde luego durante meses, a los tremebundos y ultraconservadores cardenales de la Iglesia que se hartan de clamar contra el matrimonio gay y que luego se van con sus coches oficiales a casas de prostitución masculina en pleno centro de Madrid, o que reciben a los chaperos en el Palacio Arzobispal de una ciudad que no es Madrid; o a los obispos que suspenden “a divinis” a algún cura que se declara abiertamente homosexual (y lo reducen prácticamente al hambre) y luego son fotografiados clandestinamente, ¡con su coche oficial!, en los pinares próximos a su ciudad, haciendo “cruising”; o a otros obispos que lanzan terroríficos venablos contra los gays y luego tienen fotos suyas metiendo mano a los chulazos en las discotecas de Ibiza… ¿Por qué no se puede publicar eso? Mejor dicho, ¿por qué nadie lo investiga? La respuesta es obvia: nadie te lo iba a publicar en España y te juegas no sólo tu credibilidad, sino la… salud. Por decirlo suavemente.
En España está desapareciendo lo que podríamos llamar “cultura del semanario de información general”. Algunos lectores, es verdad que influyentes y que trabajan en cosas importantes, siguen comprando nuestro trabajo para leer algo que les interese por el peso de su análisis o por la eficacia de su investigación. Pero son pocos y los anunciantes lo saben bien. Así nos dan la espalda, sobre todo cuando la crisis asoma las orejas. Nunca he entendido por qué en España es imposible que triunfe un “Panorama”, un “L’Espresso”, un “Stern”, un “Time” o un “Nouvel Observateur”. Claro que ni en Francia, ni en Italia (en fin), ni en el Reino Unido, ni en Alemania ni en EE UU tendría el poder que aquí tiene un tipo como Jiménez Losantos, que es al periodismo honesto y veraz lo mismo que el Don Simón es al Vega Sicilia o que Belén Esteban es a Fernando Savater. Estoy convencido de que lo uno tiene relación con lo otro, aunque eso no pasa de ser una opinión.
Yo le pregunté: ¿Hasta qué punto el periodismo de investigación está marcado por la agenda política? ¿Por qué los reportajes mal llamados de investigación se emiten justo el día antes o después de una "gran" operación policial?
Y respondió: Eso no pasa siempre pero, cuando pasa, la respuesta es evidente: no se trata de periodismo de investigación sino de filtraciones interesadas a los medios “adictos”. Eso es más viejo que la orilla del río. Favor con favor se paga. Habrá que recordar a los periodistas de El Mundo a quienes Roldán, Amedo y otras alimañas semejantes llamaban a su despacho para “confesarse”, les llevaban la “información” a la mesa. Habrá que recordar las inauditas clases particulares sobre explosivos, dinitrotoluenos, mochilas varias y casetes de la Orquesta Mondragón que ese mismo periódico, junto con la Cope, nos han atizado a todos durante dos años y medio para esparcir la inaudita calumnia de que ETA estaba (de acuerdo con Zapatero) detrás de las bombas del 11-M, y todo era una absoluta falsedad y ellos lo sabían desde el principio: estaban, sencillamente, mintiendo para favorecer a los amigos políticos que luego habrían de favorecerles a ellos. Estaban tomándonos a todos por imbéciles fingiendo que hacían periodismo de investigación.
Habrá que recordar… Hombre, una anécdota que viví yo en Diario16. Nuestros periodistas de investigación, que se lo curraban con enorme esfuerzo, se hicieron con una copia facsímil de cierto acuerdo a que habían llegado el PNV y ETA, firmado por ambas partes. No recuerdo ahora cuál, eso es lo de menos. Aquello era una bomba informativa. Nuestro director, Luis Ventoso Castiñeira, que era un periodista de verdad, de los de antes (aunque un santo tampoco era, para qué nos vamos a engañar), se lo pensó un rato y decidió llamar al ministro del Interior, Jaime Mayor Oreja, para avisarle de que al día siguiente íbamos a publicar aquello, que estuviera sobre aviso. Una advertencia institucional y lealmente democrática. Pobre Luis. En menos de media hora, todos los medios afines al PP tenían copia del mismo documento que nosotros teníamos, y lo publicaron al día siguiente, al mismo tiempo que D16. Aquel malnacido de ministro, hoy “Gran Conspirador” del PP contra Rajoy, no podía consentir que sus queridísimos amigos, a los que tantos favores debía (y sigue debiendo hoy, quizá más que nunca), se quedasen con cara de bobos ante una exclusiva de semejante importancia que daba un medio como el nuestro, no del todo sometido a las órdenes y a los chanchullos que montaba, en desayunos, comidas, meriendas y cenas, aquel ministro que se pasaba todo el santo día de Dios desayunando, almorzando, merendando y cenando con “sus” periodistas. Eso es lo que se llama una cabronada. Eso es lo que hace el poder (político, económico, religioso, el que sea) con el verdadero periodismo de investigación, que hoy, por deducción lógica, es flor débil, feble y enfermiza que apenas sobrevive ya en medio de tanta “información” dirigida y manipulada”. Hasta aquí mi "confidente".
La tecnología permite que todo esto que les acabo de contar se lea, en este mismo momento, en mi blog, con más calma. Un blog que lleva a otros, como el de Gatopardo, una bitácora donde se denuncian corruptelas de empresas eléctricas de este país con los contadores de la luz; o de El Corte Inglés, uno de los mayores anunciantes de este país sobre el que no sabrán nada en medios tradicionales. Gatopardo también atiza a algunos departamentos, sobre todo culturales, de administraciones públicas que aún funcionan como en el siglo XIX, tanto en eso del caciquismo, que ustedes los valencianos conocen tan bien como nosotros los gallegos, como en lo del nepotismo. No esperen que estas cosas se las cuente María Teresa Campos o Iñaki Gabilondo, tanto monta, monta tanto.
Una amiga, tras leer mi análisis sobre el periodismo de investigación, el que ha dado pie a esta charla, cree que no importa el tipo de periodismo que hagas ni el medio en el que lo hagas, que el gran problema y el reto es que los receptores dejemos de ser nosotros mismos. Que los que nos lean sean las madres, padres, hermanos, fontaneros de todos nosotros, dotados de espíritu crítico. Hay mucho emisor crítico pero poco receptor crítico, explica. Mas ya entramos en otro debate, que interesa poco a nuestros políticos desde siempre: educación, formación y dineros destinados a todo ello. Sólo así se fortalece la sociedad civil, desaparecida en esta joven democracia, o pseudodemocracia.
Espíritu crítico. Baltasar Gracián publicó “El Criticón” entre 1651 y 1657. Critilo, el protagonista, es un náufrago. Tres siglos después, los periodistas en naufragio tenemos la Red. Buscamos islas de lectores a los que les interese lo que publicamos. Bostezo es una isla de papel, también un islote en Internet. Ahí nos vemos y nos leemos. Gracias.





4 comentarios:
Buenas Pablo: Me encantó conoceros a ti y a Maite. Una pena que no tuviera ni un momento de reposo para sentarme con vosotros y charlar largo y tendido de periodismo. Pero sé que habrá más y mejores ocasiones. Un abrazo fuerte a toda la familia. He reportado tu artículo en mi blog del qué!
Recuerdo con añoranza la etapa de Ventoso al frente de Diario 16. Fue bonita mientras duró.
Gracias, mi querido Pablo.
Sin que sirva de precedente, te voy a ser sincera: en Gatopardo podemos hacer periodismo de denuncia y de investigación porque hay en nuestro equipo dosis muy altas de espíritu lúdico, de ganas de bronca y de chufla, de jarana y de salga el sol por Antequera; cosa imposible de conseguir si nos tomáramos por los heraldos de la Justicia y la Verdad universales con la vista puesta en algún premio o un cargo.
Y no estoy de acuerdo con que haga falta más dinero público para educación, sino más educación para emplear el dinero público.
Lo que ha echado a perder el periodismo es que sea carrera universitaria. Eso destroza la inteligencia a cualquiera, por muy listo que sea.
Un abrazo triple
Sr. Santiago: Le felicito por su artículo.
Muchas gracias por hacer referencia a la estafa en los contadores de la luz, asunto al que llevo dedicado a tiempo completo desde el 07.11.1994.
Permítame que utilice su blog para expresar también mi agradecimiento a la agüela de Gatopardo, sin cuya generosa ayuda mi página no tendría la difusión que actualmente tiene.
Un cordial saludo.
Antonio Moreno Alfaro
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