No leas

Este comentario va por ti, amigo pastor, que te preocupas por lo que lees aquí. Llegar a mi bitácora es optativo, nadie obliga, es un asunto volitivo. No pretende ser vomitivo.

Si estás acostumbrado a mensajes políticamente correctos, a lo que suele decir el rebaño, a lo superficial, a la COPE, a la teología dogmática, a no quemar puentes, a que te acuchillen los hipócritas porque eres tan tibio como ellos, éste no es tu sitio. Creo que no eres masoquista -¿o sí?-; entonces vete. No leas, pues no escribo para ti: realmente nadie escribe para otros, sólo para sí, para ver a dónde llega, para comprobar si su mano está unida a su cabeza o si aún trabaja, pobre esclava, para otros. Mi derecha se ha independizado hace tiempo; como Dios, no tengo izquierda –“Memorial del convento”, Saramago-. Tecleo desde la insatisfacción, pero con la tranquilidad de que lo expuesto no privará a de libertad a nadie, al contrario, ampliará, en el mejor de los casos, sus rejas mentales.

No leas esto, no sufras, en el infierno no se está tan mal, que decía aquellos rockeros de los 80. Los evangelios, esos viejos blogs, han perdido vigencia. La buena noticia hay que buscarla cada día. Acepta los besos de Judas, o no tendrás a tu maestro en el símbolo mejor aprovechado, más explotado de la historia. Saquémonos las máscaras. Sé frío o infernalmente ardoroso. No seas tibio. Puedes irte en paz, yo te doy las gracias.

Dakar

El rally Lisboa-Dakar, París-Dakar de siempre, es distinto para mí este año. Lo estoy viendo con un senegalés, un vecino de Big Town, el barrio más conflictivo de Dakar. Antes sólo tenía la versión europea, la parte occidental.

Nunca le había hecho mucho caso: escalar montañas, conducir coches en circuitos y otros ejercicios extremos nunca me han parecido saludables. Al conocer a Cheik, veo este rally de otra manera. Lo analizo más. Me escandaliza que se mueran pilotos, pero más que se atropelle a niños africanos, que la expedición deje allí sus residuos para que los pobres los reciclen, o que les donen equipos que no saben usar.

Quizás Cheik, el senegalés, si estuviera allí sería un espectador más. Aquí es mi guía en su país, un guía con oído musical perfecto que sabe lo que dicen los djembes y los timbales. Alguien que profesa una devoción increíble por su madre -alguien que te aguanta nueve meses en la barriga y te limpia varios años no puede ser nunca molestada-, que conserva el valor de respetar a los ancianos. Un demócrata desde que nació, ya que Senegal lleva desde 1959 con una democracia estable -y España presumiendo de no sé qué-. Es musulmán, y su versión de la Biblia es alucinante. Poco sé del Corán.

¿Es ese rally un resto de la colonización que nunca ha terminado? ¿Un alarde de occidental de la multinacionales del petróleo y la automoción? ¿Un esnobismo europeo?.

Imagen y desnudo

Cada vez que cambio de residencia me ocurre lo mismo. Mi imagen. Soy, para tirios, un agente de policía (puag); para troyanos, un estudiante de carrera sospechosa (mejor); para los más, alguien fuera de lugar, que les resulta familiar, a los que les gustaría contarme su vida -algunos lo consiguen, pues uno de mis grandes defectos es no saber decir NO-. En general, despisto, no consiguen situarme.

A mí no me preocupa mi cara estándar, ni mis facciones mil vistas y jamás recordadas, ni los deja-vu que provoco en mis prójimos; no me interesan las sensaciones familiares que levanto entre mis compañeros terrícolas. Me alarma que la imagen, la mía es una más, siga siendo un tótem tan estable; un impedimento tan efectivo; un estímulo tan poderoso. En la vida real procuraba no hacer nada por pasar desapercibido. En la virtual he sido mil impostores, he multiplicado por muchos mi yo. Algo que nunca entenderán Alonso ni Honrubia.

Nos desnudamos, o más bien desfilamos y mostramos los ropajes, como capas que extraes a la cebolla. Algunos, si te conocen, ven los harapos que usabas; los que no te recuerdan de nada creen que los andrajos son una impostura, otra máscara, menos cara. Con la literatura y las citas de otros quemo fuegos de artificio ajenos; me subo a su ola de pensamiento y hago restallar con mi corto remo alguna espuma que, al morir en la orilla, en nada se hunde. Vanidad y vaciedad. Vano y vacío. Como el rocío a las doce, cuando el sol asoma asesino de su frío. Desaparece aquél, pero deja su huella helada en la gélida arcilla que nos formó.

Vándalos. Y alanos.

En uno de esos alardes de A Fondo, La Voz de Galicia se descolgó el 13-1-2006 con un puñetazo contra el vandalismo. Otras veces lo hace contra el feísmo. A ver cuándo se golpea el pecho y aborda su amarillismo y su cainismo.

En esta ocasión no ha preguntado a ciudadanos de la calle, sino a prebostes de los partidos, alcaldes y demás ralea. Esa cuerda de demagogos. Hay un pregunta delicada, a ratos morbosa, quizás de ciencia ficción, pues es raro que en esta democracia de rasca y pierde se produzca. Preguntan los profesionales a los políticos qué harían, qué sentirían si un hijo suyo fuera detenido por actos vandálicos. La mayoría coinciden en la respuesta: "Me preguntaría en qué habré fallado". Es una idea que rompe en añicos el principio de responsabilidad penal de cada individuo, es la misma teoría que Martín Prieto despachaba en El Mundo sobre los chicos que quemaron a la indigente: la culpa es del padre. Por no educar, por consentir. Falsas, manipuladoras maneras judeocristianas de lograr que todo el mundo se sienta culpable. Modos que fomentan, de paso, la indiferencia. Formas que alientan, aplicadas al pensamiento, algunos científicos, con la teoría del caos. Algo así como que si yo tiro un trozo de pan fresco, algún crío se muere de hambre en otro continente. No deja de ser una forma de diluir la culpa, de repartirla, de mal de muchos consuelo de falsos.

Pongamos nombres: Paco Vázquez, PSOE y alcalde, saca su teoría fascista de poner monos amarillos a los vándalos, en un afán de recuperar los sambenitos. Vázquez disfrutaría en la Edad Media cortándole las orejas a las putas.

Manuel Cabezas, PP, alcalde en Ourense, aboga por juicios rápidos y sentencias ejemplarizantes contra los vándalos. Nunca le he oído pedir lo mismo para los malversadores de fondos públicos, los delincuentes urbanísticos y lso criminales de guante blanco. No vaya a ser que tiremos piedras contra tejados propios. E impropios.

Aníbal, rey de los ortos

Escribe casi cada fin de semana en El Mundo, a veces apoyado logísticamente por M. Darriba. Se está especializando en terroristas, y lo mismo escupe a un vasco que a un gallego que a un árabe.

En una de sus últimas acciones de periodismo-borroka bautizó a los expulsados de ETA como el “clan punto de cruz”. Como si los etarras hubieran redactado el código penal franquista, esos mismos etarras que sí pueden presumir de haber luchado contra una dictadura y no tantos progres que quieren hacernos creer que, de bebés, los perseguían los grises.

Dice de los arrojados de ETA que “su comportamiento en prisión ha sido ejemplar”, porque no tienen sanciones. Ignorancia absoluta sobre lo que ocurre en las cárceles. Yo he visto expedientes a presos por hablar con otros, por pasar un pitillo, por escribir cartas de denuncia, por cacheos ilegales, por hablar con un abogado, por negarse a trabajos forzados. No tener sanciones no quiere decir nada.

Malvar sólo aporta, como casi todos los periodistas “independientes” españoles la versión de parte. La versión de los carceleros y de los que mandan sobre ellos. De los que se ponen la venda que arrebatan cada día a la alegoría de la justicia.

Aníbal, amarillista, ¿preguntaste a los del punto de cruz qué ha ocurrido? Malvar, sectario, ¿no crees que deberías cambiar tu pluma recortada por agujas de tricotar? Aníbal, aquél rey de hunos. Éste, rey de los ortos.

Morir de aburrimiento

Dice un sociólogo francés (el que acuñó la expresión tribus urbanas, un tal Maffesoli) que la universidad “se muere de aburrimiento” y reclama el ensayo como género que puede revitalizarla. El ensayo como escape de tesis, como excepción a lo académico, como opuesto a lo aceptado.

Estoy con él: profesores y catedráticos pecan de conformismo; de tillar a los clásicos; de trasmitir pensamiento muerto. Maffesoli reivindica la intuición, aún a costa del error, del que también nace la ciencia, o la Serendipia al menos. Si somos demasiado racionalistas, caminamos al nicho.

Enzens Berger reclamaba hace poco algo similar en economía: “no se puede vivir legalmente. Hay que aprender a no ser tan exacto”. Aunque se lanza, para mi gusto: “para que las cosas cambien, hace falta una conmoción”.

Ensayemos. Como Montaigne, como Weber, como Freud, como Bergson, incluso como Gubern. Aún a riesgo de convertirnos en “todólogos”. En tertulianos de libro publicado.

Filosofía como terapia

En su día leí “Más Platón y menos Prozac”, de Lou Marinoff. Me pareció un ensayo lúcido, una alternativa, pero no más curativo que cualquier libro, aunque menos adictivo que la pastilla del muermo. Con esa pastilla me ocurrió un precioso incidente que me granjeó inquebrantables adhesiones. Fue la única vez en que me llevaron inconsciente a dormir. Pero eso es otra historia, la historieta de la lechuga.

Estamos en la filosofía como terapia. Se usa el diálogo socrático para hacer caer en la cuenta al deprimido, al ansioso, al confundido, sobre sus bloqueos. Se ahonda en los valores de uno y, no es que se corrijan, sino que se enfocan para ayudar a salir del bache. Quizás el gran descalabro de la confesión católica radique ahí: los curas pasaron de preguntar los mandamientos a que tú tuvieras que recitarlos e ir analizándote y culpándote tú mismo. Eso, y la masificación, estilo médico de la Seguridad Social, incitaron a que los clientes huyesen del kiosco confesional. También podríamos añadir que la figura del intermediario en nuestra sociedad camina a la liquidación. La gente quiere experiencias directas, con dios, con el sexo, con la muerte, con las drogas, con el crimen. Curas que no curan ¿para qué? La teología como terapia sólo sirve a los ministros, los maestros no tienen maestro.

Quizás la filosofía como terapia sólo sea la recuperación de las tertulias de café, cuando algunos se reunían para preguntarse las grandes cuestiones y se cuestionaban unos a otros. Quizás la terapia sea encontrar amigos auténticos, no colegas de ascensor, ese elevador que nos chupa hasta la superficie o nos absorbe al vacío.

Manicomio planetario

Dice Finkielkraut, el filósofo reaccionario galo: "Internet es el manicomio planetario, todo el mundo expone su discurso pero no se cruza con el de los demás. La libertad de opinión son discursos distintos sobre un mismo relato".

Típica opinión de la élite a la que fastidiaque la masa se constituya en voces individuales con acceso rápido y fácil a la emisión del discurso. Una emisión vetada hasta el momento a la gran mayoría al menos en igualdad de condiciones. Al francés, como a tantos, le asusta que tanta gente escriba y manifieste su pensamiento, no coincidente con los media oficiales ni con los estamentos culturales de siempre. Les fastidia que algunos cambien el molotov por un teclado, la barricada por una bitácora.

Ángeles Castillo: "vivimos en la época del intelectual subvencionado"; Prada: "aquí la libertad del intelectual es considerada extravío y necedad, una aberración del prototipo gregario, que es el que mola"; Heleno Saña: "el hedonismo es el nuevo método de la democracia capitalista para embrutecer y manipular a su antojo a las masas"; revista 'La Clave': (lema) "Ni sectarios ni neutrales".

Me quedo con Faulkner (Las palmeras salvajes): "Una de las virtudes primordiales -ahorro, aplicación, independencia- engendra todos los vicios -fanatismo, entrometimiento, suficiencia, miedo y lo peor de todo, decencia-" (...). Decencia y haraganería.

De drogas y creatividad

En determinados sectores se utiliza el término TRAZABILIDAD para conocer de dónde proceden determinados productos o servicios. Por ejemplo, de dónde viene la merluza del pincho o la lechuga que nos vende el frutero. Con algunos artículos de la industria cultural habría que hacer lo mismo: dejar constancia en un prospecto quién es el autor, su trayectoria política y cultural y qué drogas ha tomado antes de escribir aquella columna o novela que vamos a consumir.

El 13-11-2005, Carmen Rigalt, escribía en El Mundo: "eché mano del Lorazepam". Bien. Honesto por su parte. Hace poco se supo que Michael Jackson es adicto al Demerol. Raúl del Pozo está enganchado a los destilados escoceses desde siempre, como tantos periodistas de la movida. Muchos artistas que hacen conciertos contra la droga y juegan al fútbol con Del Olmo y Garzón también disfrutan en privado de tóxicos. ¿No tenemos derecho a saberlo los que consumimos sus creaciones? ¿Se puede pedir transparencia en eso?

Estas lentejas con chorizo y el cortado no me dan para más. Quizás una pequeña siestra daría el toque genial a este breve ensayo. Y que mi abuela no se hubiera muerto.

La duda solidaria

Quien haya leído mi libro ALO, o al menos la parte referida a las ONG's, sabrá mi posición sobre esas entidades. Llega 2006 y los calendarios que venden algunas de ellas para financiarse con dineros añadidos a sus subvenciones del gobierno (y eso que son NO GUBERNAMENTALES), las cuotas de sus socios y esas campañas entre el morbo y el paternalismo de hojalata que nos vuelve bobos categóricos. Es un abuso exponer siempre un anuncio de un crío bebiendo agua ¿contaminada? o de color extraño para que los comedores de turrones infinitos rasquemos el bolsillo.

Oigo en Radio Nacional, en "De la noche al día" a Hernán Zin, "periodista solidario", hablar de su ONG. Su primera maestra, la enigmática Teresa de Calcuta, aquella amiga de Lady Di. Zin aparece en mi libro: no contento con "ayudar" a la infancia, también "ayuda" a la policía de Camboya a meter abusadores de niños en las edificantes cárceles de aquel paraíso democrático. Y aquí es donde incido: ONG que no sólo sustituye a servicios sociales sino también a servicios de seguridad. ¿Es lícito? ¿No es una ingerencia en asuntos de otro estado? ¿Cambia esa labor la situación o la enquista?.

Enhorabuena a Javier Bergia, el humorista del programa, por decir bien claro quién es Javier Solana en una radio pública. Un burócrata a una sonrisa pegada. Inoperante, incompetente. Gracias a su ineficacia, campan las ONG's, crecen los caldos gordos de los gobiernos como hongos tras la lluvia mansa.

De pirómanos literarios

A veces hojeo El Mundo, para comprobar en qué laberinto están sus columnistas. O si ya han llegado al final de la cañería, como Umbral. El otro día me chocó Martín Prieto, en un artículo incendiario sobre los pijos que quemaron a la mendiga en el cajero de Barcelona. Pásmense: "El hijo asesino y pirómano se debe a su padre que no ha sabido o querido inculcarle que también es sagrada la vida de una vieja al amparo de un cajero". MP, este golfo de hotel, autosecuestrado por horas, inquisidor verborreico, sería capaz de achacar a la madre de Hitler el holocausto nazi. ¿Cómo es que no ha hecho este razonamiento sobre el padre de Bush, que ha quemado a más gente que este chaval con fósforo blanco?. Será que le faltan compañones. O que la CIA no paga por eso, ni da prebendas, ni premios amañados. Turiferarios del poder, publicistas de parte y vengadores de árboles caídos. Muy habitual en ese medio, que el 24 de diciembre estima que la noticia más importante del día, con foto en portada, es la felicitación navideña con fotomontaje de la Casa Real. No acerté a leer por ningún lado que el auténtico montaje es la dinastía Borbón en sí misma. Que Juan Carlos sustituyó a un dictador, por el cual fue nombrado y tutelado; que se le hizo una constitución a medida con artículos montados para él que convierten la igualdad ante la ley en papel mojado. Oh, sí, El Mundo dice que es "una falta de consideración" el fotomontaje. Parecen miembros de la inteligencia militar.

A mi lo que me preocupa es la sonrisa de Bush y Rumsfeld. ¿Son montajes? Eso sí que es una falta de consideración a la Humanidad: Id a sonreir a Irak.

Pío, tan Caro, Baroja

Es de la saga de los Baroja y, como su tío, no tiene pelos en la lengua y no se queda con nadie. Baroja pagó caro no apostar por ningún bando en 1936. Ambos le espeluznaban. Su sobrino proclama, en 2005:

  1. "El sufragio universal es una estupidez, aunque sea lo menos malo".
  2. "La lucha de ETA es una guerra de independencia soterrada, con mil y pico muertos en cada bando. Hay que estudiar de dónde viene el terrorismo y dialogar".
  3. El holocausto fue una monstruosidad, pero allí había polacos, gitanos, gays, españoles, que no siguen justificándose con el cuento del holocausto como los judíos".
Su tío, Pío Baroja, el escritor decía que el catolicismo provenía de tierras estériles y áridas. ¿Y si la religión tuviera que ver con el clima? En Ourense acaban de desenterrar un altar de un dios de las aguas prerromano, anterior a las ninfas. ¿Qué hacemos profesando una fe del desierto entre una exuberante vegetación?

Tolerancia cero

Lo en "El viejo topo" (Diciembre 2005, 7 eurazos, txs Tino) una reseña de un libro de Alessandro de Giorgi titulado "Tolerancia Cero. Estrategias y prácticas de la sociedad de control". Parece una actualización de Foucault, en su famoso "Vigilar y Castigar". Promete. No lo he leído, así que me remito a la reseña firmada por Antonio García Vila: "Como escribe el autor, ya no es necesario, ni útil, ni, sobre todo, económico transformar a los desviados en trabajadores que no son necesarios para el sistema productivo. Y si ya no son necesarios los hombres, nada mejor que reducir el valor de la vida humana. A una mayor precariedad, a un agravamiento de las condiciones económicas corresponde un endurecimiento de las políticas punitivas. Y para justificarlo las élites del poder han de activar estrategias de desplazamiento, que favorzcan la producción de un imaginario social punitivo: el peligro está en el enemigo (criminales, desviados, inmigrantes, etc), no en la miseria, la injusticia o la represión. Son necesarias las saturadas cárceles, por tanto, liberadas ya de toda pretensión regeneradora, pero también el consenso social construido".

Ahora que estamos en tiempos de regalos, un buen libro para todos los jueces que en la Audiencia Nacional condenan a cadena perpetua y destierro a la gente. O para Mercedes Gallizo, tan "honesta", según Roberto Zucco (ver blog de La Cueva de Cristal).

Berger y Sontag

Me entero a través de una entrevista hecha por Juan Cruz (¿pero este tío lo tiene que hacer todo? ¡parece César Vidal pero en rojo!) que John Berger y Susan Sontag jugaban al pimpón. Ella ya murió -en ese fatídico año que se nos acaba de ir- pero me gustaría echarle una partidita a este chaval de 80 años.

No he leído nada de él. Aún. La vida de Berger en sí es una novela, como la de todo judío emigrante que haya nacido en Europa en el siglo XX. Cada emigrante tiene dentro de sí una novela, o al menos un libro de viajes, pero mientras se vive no da tiempo a escribir. Debe ser otro el que lo haga, o uno viéndose en los otros. Coincido con él, y con su madre, en que no deberían existir autobiografías. Ya he dicho antes que nacemos para ser engañados y el primer gran embustero es nuestro cerebro. Por eso sobrevivimos, si lo hacemos.

Berger trabajó con Orwell en Tribune. Le corregía "sin piedad", cuenta el anciano pintor y escritor. Me quedo con su sentido de la literatura, a veces del periodismo, el de dar voz a los insignificantes, a los que perdemos. "Aquellos a los que llamamos perdedores saben cosas de la vida que nunca conocerán los ganadores".

Faulkner

Es un libro nutritivo. "Las palmeras salvajes" no me gusta por lo que cuenta, sino por cómo lo cuenta Faulkner. Sus personajes no son humanos, son filósofos encarnados. Miren, si no:

"Uno nace sumergido en el avance anónimo de las pululantes multitudes anónimas de su tiempo y generación; basta perder el paso una vez, vacilar una vez, y lo pisotean hasta la muerte".

"Uno vive en el pecado; pero no puede vivir de él".

"Nunca te he visto tan feliz. Has pintado un cuadro o has descubierto al fin que el género humano no debe siquiera tratar de producir arte".

"Hace poco descubrí que la haraganería engendra nuestras virtudes, nuestras más tolerables cualidades; contemplación, ecuanimidad, pereza, dejar en paz al prójimo; buena digestión mental y física; la sabiduría de limitarse a placeres carnales; comer y defecar y fornicar y sentarse al sol, porque no hay nada mejor, comparable, ninguna cosa mejor en el mundo sino vivir por el corto tiempo en que se nos presta aliento; ESTAR VIVO Y SABERLO".

Como haragán forzoso, nada más por hoy. Vivan.

Génesis

El mundo de los premios literarios es fuente inagotable, quizás insondable, de sorpresas. Los de hoy son de Uruguay, pero vi su publicidad en El País.

Génesis, aparte del libro fundacional, es el nombre de una galería "de todas las artes" situada en Punta del Este. En los premios de este año, apartado fotografía, los temas, pásmense, son: "Exterminio humano" y "Desastres ecológicos". Deben tener poco fondo artístico y buscan nuevos Auschwitz, Bophal, Chernobyl o Vietnams. Y lo sangrante es que no piden nada difícil.

El apartado de pintura es más conciliador: "Mujer madre". Lo veo menos inquietante, aunque tras los últimos documentales sobre gestación, los pintores deberían plasmar milagros placentarios. La sección literatura la considero un abuso: Prospección de la sociedad humana en 2020. O cómo cambiaremos, si es que el mundo ha cambiado en algo, en los próximos 15 años. Un abuso porque me recuerda a los trabajos que en la universidad nos encargaban algunos astutos profesores y luego usaban taimadamente para sus periódicos o agencias de publicidad. ¡Vaya negocio! 100 mentes brillantes tras nuevas ideas y ¡gratis!. En este caso no es gratis, pero seguro que barato.

Yo no puedo, pero háganlo ustedes: preséntense. Pueden ir a buscar las bases a Uruguay personalmente. Si quieren ahorrarse el viaje (¡quién pudiera!), pasen por galeriagenesis.com. No digan que van de mi parte.

Flashes

Lo intenta, pero mi cerebro se ve sobrepasado por datos innecesarios, estrafalarios, casi olvidados o extravagantes. Pónganse en mi lugar: Alejandro Jodorowski casa a Marilyn Manson; Benedicto XVI se pone un tricornio y sonría maléficamente, como Palpatine; Iker Jiménez pone en duda en TV que Fraga se haya bañado en Palomares (y van 40 años, qué viejos estamos); en Chile los del Opus Dei presumen de serlo, como Joaquín Lavín, y aquí se esconden; Pérez Varela, el de Carmiña Burana, asesora a la Fundación Francisco Franco en este esado democrático; Harold Pinter llama indirectamente criminal de guerra a Aznar y el PP no sale a querellarse a través de Manos Limpias; muere Débora Arango y sólo así la conozco y sé que pintaba mis ideas; etcétera.

Con estos flashes, luego no se extrañen si alguna foto me sale quemada, movida o desencajada. Nunca desenfocada.

Aquí, en casa

Son frías estadísticas, ya. Según Mark Twain hay mentiras, medias mentiras y estadísticas. Pero las usamos para agarrarnos a algo con que diseccionar la realidad o algo que se le parece. Busco la que escupe un 20% de españoles que viven en la pobreza. Vaya cifra: podría relativizarla pero para eso están los tertulianos.

Pobres. Aquí. Quizás yo lo sea, seguro que lo soy, forzoso. Mi segundo bien jurídico más preciado me lo han robado. Dicen que legalmente. Pero yo no cuento: ¿qué hacemos por los pobres? Apadrinamos a los de fuera, ponemos en una cuenta aséptica de un banco una limosna que acalle nuestra conciencia cada mes.

La ministra Trujillo, la de los minipisos, decía que la dignidad no se mide en metros cuadrados. ¿Puede medirse la pobreza en dinero cada mes? ¿Es más rico quien menos necesita? ¿Sabe mi izquierda lo que da mi derecha? ¿Sabemos lo que distraen ambos bandos de lo que debería ir a justicia social? ¿Dónde va a parar el dinero negro de las limosnas? ¿a los más oscuros habitantes del planeta -la pobreza suele ir teñida y tiznada- o a las más oscuras sedes de los limosneros?

Denme un pobre y le ayudo. Denme una estadística sobre la pobreza y les hago un informe. Con lo primero arreglaré algo, con lo segundo, daré de comer a algún político.

Lores y loros

"Los jueces-lores han mandado la señal a todo el mundo democrático de que no hay compromiso posible con la tortura". Así se expresaba un intelectual inglés sobre la colleja correctora que los jueces-lores han metido al gobierno Blair y a su intento de que confesiones hechas bajo tortura fuesen válidas ante tribunales.

¿Y qué límites tiene el mundo democrático? ¿Está España en ese mundo aún o todavía no hemos llegado? ¿Desde cuándo nuestros jueces-loros están permitiendo, pese a las directivas europeas, que haya torturas aquí? ¿Por qué nuestro juez-loro mayor, Garzón, mira a Chile y Argentina y no hace caso a lo que ocurre a pocos metros de él? ¿Sigue en la cárcel aquel español torturado en Guantánamo? ¿Seguiremos haciendo bueno aquel agujero ilegal?

Estoy esperando, estamos, que España se sume al mundo democrático en todos los sentidos. Cuento con que los jueces-loros imiten a los jueces-lores más pronto que tarde. Una manera sería haciendo desaparecer la Lorería Nacional y todo lo que representa.

Para otro día dejo la tortura blanca. Les anticipo que no es la que se produce en invierno. Ni en Colombia.

Se levanta la sesión.

Deseo cumplido

Anuncio en importante periódico: "Arturo Soria, chalet de dos viviendas: ideal para padres e hijo/a; dos hermanos; dos amigos... Juntos, pero cada uno en su casa".

Increible. ¿Por qué no dos obispos? ¿o dos mafiosos? ¿o un juez y un fiscal? ¿un político y un constructor? ¿un homosexual y un seminarista? Estos chalets dan para muchos extraños compañeros de vecindad. El anuncio se encabeza con el lema "su deseo cumplido". Ni idea del precio, pero tras ver áticos de 97 metros cuadrados a 500.000 Euros, ni quiero imaginarlo. El anuncio se complementaría bien con uno del tipo "Hipotecas Franco. Préstamos a 40 años. Somos la dictadura de tu vida. En caso de impago a la cuneta. Disponemos de equipo médico habitual. Posibilidad de abdicar la hipoteca en los sucesores. Atado y bien atado".

Mishima y la paternidad

Estoy terminando "El marino que perdió la gracia del mar", de Yukio Mishima. También conocido como Kimitake Hiraoka. Sin pretenderlo, o quizás sí, este libro (Gogo no eiko en japonés) es una crítica feroz del sistema, de las instituciones totales en general.

"Un padre es una máquina de ocultar la realidad, una máquina de urdir mentiras para los niños". Habría cambiado padre por político, por juez, por cura, por militar. Y no habría cambiado el sentido. Todas esas frases serían admisibles. Cualquier institución total (estado, seminario, cuartel, etc.) las soporta, las encaja como guante.

"Noboru, que fingía ser un niño, hacía guardia para cuidar de la perfección de los adultos". Mishima, como Pavese, ve la infancia como etapa cerrada, conclusa, la única sobre la que nos podemos pronunciar si llegamos a adultos. La adolescencia, en palabras deRendueles, es un invento de la todopoderosa asociación psiquiátrica americana, la autora del DSMIII y posteriores.

"Los burócratas me ponen siempre tan nerviosa... Me sentaré allí y sonreiré". Es una expresión clara del síndrome de indefensión aprendida, ese trastorno que Kafka elevó a obra maestra y contra el que estoicos y cínicos nada podemos.

Mishima, que se masturbaba con imágenes de San Sebastián, se hizo el hara-kiri. Quiso se kamikaze y no le dejaron. Hoy estaría en Irak. O en Chechenia. O en Suecia, recibiendo el Nobel. Tal es la incertidumbre con la que luchamos.

Las varas de los nuestros

Negar los crímenes del comunismo va a ser delito en Chequia. Ya lo es hacerlo con los del nazismo en Alemania y otros países. Aquí, negar los crímenes del franquismo es una moda, incluso rentable (Pío Moa, César Vidal, etc). Una costumbre que no está instalada sólo en buena parte del PP: hay tanto franquista en el socialismo como en el otro lado. Y si me pongo exquisito, hasta Carrillo mira a otro lado.

Todos miramos a otro lado cuando no protestamos por tener a fusilados sin desenterrar, cuando permitimos que el Valle de los Caídos sea un santuario de peregrinos fascistas, cuando se ilegaliza Batasuna pero no la Fundación Francisco Franco; cando vamos por nuestras calles y se nombra a Mola, Alférez Provisional, José Antonio, o se le da nombre de hospitales a un facha como Juan Canalejo. O un expresidente come en Quintanilla de Onésimo.

En Chile, lo decía El País (ese diario heredero de Franco y de un académico con raíces en la prensa del Movimiento -Cebrián-, uno de cuyos fundadores fue Fraga; el censor y carcelero de periodistas), "dan la vuelta a la historia". Procesan a Pinochet. No morirá en la cama al mando. Su familia tendrá que devolver lo expoliado, no como la de Franco y sus sostenes.

Argentina quiere hacer lo mismo con sus milicos. Y aquí, estos monárquicos parlamentarios quieren seguir dando ejemplo. ¿A quién? ¿Qué transición? ¿Modelo de amnesia? Garzón busca asesinos y genocidas en Chile y Argentina. Y aquí Fraga aspira al senado y Martín Villa dirige emporios junto a Polanco. Varas de medir. Ley del embudo. De la Villa sólo pueden salir villanos -pedos de asno- y de la Corte, cortesanos. Nuestros amos.

Alicia en el lado oscuro

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