Locos, enanos y hombres de placer

Es un libro de Fernando Bouza, editado en Temas de Hoy en 1991. Se centra en la corte de los Austrias -curioso que eso sea un tema de hoy- y recoge las funciones de los bufones, monstruos y locos que manejaban los reyes. También se les llamaba "sabandijas de palacio", aunque el nivel de degradación, visto con ojos modernos, compete más a los que los usaban que a los empleados para escarnio general.

Aparte de las numerosas curiosidades históricas, esta obra reflexiona muy agudamente sobre el papel de los locos. Un papel perdido hoy, enterrado por la industria farmacéutica y bien tapado por los estados modernos en sus cárceles y centros de día. El loco, el enfermo mental, es protagonista de su propia vida y, como mucho, un secundario que aflige a su familia.

Entonces, se usaba como hombre místico, como intelectual independiente, aunque ni siquiera supiera leer. La razón era clara: el loco no pretendía nada, por eso podía decir lo que quería; no tenía intereses, ni generales ni particulares; no les importaba la honra -podían hablar de sexo sin tapujos-, ni el dinero, ni iban a la guerra, ni eran vasallos -anarquistas por gracia de su demencia-, ni pagaban tributos. Tampoco pleiteaban, una ventaja enorme, todavía hoy. Por todo ello, muchos hombres de letras animaban a ser un truhán, esto es, un loco discreto y fingido. Se usaban muchas veces como espías e incluso inventaron un género literario, que no conocía y que debería ser resucitado: las cartas sin seso. Aunque quizás lo que hacemos en los blogs sea eso y no nos hemos enterado de que en el siglo XVII unos locos independientes ya lo habían instaurado. Periodismo bufonesco contra periodismo cuerdo. Temblad, sensatos.

Esculca

Gran alharaca en la Radio Galega porque el gobierno español ratifica un convenio contra la tortura. Le dedican dos entrevistas –una matutina y otra vespertina- a Esculca, la plataforma que llevó la iniciativa en Galicia. Mientras oigo a la entrevistada, Elvira Souto, no puedo evitar una mueca de sarcasmo.

Ese “gran” convenio se resume en que un comité –si quieres que algo se oculte nombra una comisión o un comité- independiente pueda, en cualquier momento y sin previo aviso, entrar en cualquier lugar del Estado donde se pueda practicar la tortura.

Por el medio de la entrevista se recuerda que Galicia no tiene competencias penitenciarias –al estar centralizado en Madrid la enorme burocracia es en sí una tortura blanca- y que un juez socialista –ah ¿pero los jueces no eran independientes?-, Ventura Pérez Mariño, indultó a policías de Vigo –promovió su indulto, indulta el gobierno, socialista, oigan- que habían sido pillados apaleando a un africano. Se habla de la dificultad de perseguir la tortura. De que en 2004 hubo 227 agentes expedientados por eso.

Mientras, caso Marbella, la vicepresidenta del Gobierno, Fernández de la Vega, dice: “lucharemos contra la corrupción”. Risas.

Esta señora, junto con Caldera “nuestros policías no dan palizas a nadie”, podrían montar un dúo cómico, si no fuera tan grave el asunto.

Venga. Empiecen ya. Por la corrupción en las cárceles, por ejemplo. Primero Valdemoro, con Gemma Nierga emitiendo en directo; segundo Bonxe, y busquen esa celda de castigo; tercera Teixeiro y –yo no sé nada- comprueben el módulo de aislamiento. En cualquier momento. Ayer ya era tarde. Y, si queda algún rato libre, échenle un ojo a los juzgados de vigilancia penitenciaria. A ver adónde miran los jueces cuando se denuncia… Esculca, para los no galaicos, significa “vigila”.

Empresario vs. Intelectual

Veo, oigo por casualidad a Ramón Reimunde. Se lo presento: es profesor de Literatura, pero también terrateniente, hacendado, integrante de la Asociación Forestal Galega, quizás la mayor promotora del monocultivo de eucalipto en Lugo y alrededores.

A Reimunde lo veía aparecer por el periódico con unos artículos sobre diversos temas. Creo que dejó de publicar porque no le pagaban. Reimunde es lusista (variante que pretende, con razón, acercar el gallego al portugués) y especialista en Ánxel Fole, un escritor de Lugo, el Josep Pla de esa provincia. Recibió un premio de ensayo por un trabajo sobre su figura.

¿Por qué les hablo de este empresario e intelectual? Porque me recuerda a Isaac Díaz Pardo, o a Blasco Ibáñez, o a mi amigo Emili Vives, que promueve un pueblo naturista con ateneo cultural ateo incluido. El Fonoll, no sé si les suena.

¿Es incompatible ser intelectual y regentar empresas? ¿Cuánto compromiso tiene con el paisaje Reimunde? El otro día explicaba –no me hagan mucho caso- que los ecologistas no buscaban defender la naturaleza, sino convertirnos en otros ciudadanos. Reimunde, con sus fincas de eucaliptos, quizás nos quiera volver australianos. Canguros con acento portugués. No se lo reprocho: otros hablan de compromiso mientras éste no afecte a sus intereses. ¿La ideología? Como decía la máxima marxista (Groucho): estos son mis principios, y si no te gustan, tengo otros.

Los Demonios del Edén

Con ese título y bajo el epígrafe “El poder que protege a la pornografía infantil” perpetra la periodista y oenegé andante Lydia Cacho –México- un libro que no responde a ninguno de los planteamientos que sugiere. Este libro -30.000 ejemplares vendidos hasta febrero de 2006- es una mala página de sucesos ampliada, un fuego de artificio con pólvora mojada. Recuerda mucho, por su caos expositivo, a “Raval. Del amor a los niños”, del tránsfuga bloguero Arcadi Espada.

A pesar de la baja calidad de la obra, tengo que reconocer la valentía de la autora por atreverse a escribir sobre algo tan peligroso en un país en el que la vida de un periodista, y más de una mujer, o de cualquiera en general, no vale demasiado.

Ya en el prólogo, Lydia Cacho se delata sobre el tono sensacionalista que va a tomar el libro entero. Supongo que algo así se estará escribiendo ahora en Portugal, ya que el caso Jean Succar de Cancún es la misma historia que la Casa Pía de Lisboa, lo mismo que las parroquias con curas abusadores en USA, Chile o Australia.

Los capítulos 1 al 20 son los pormenores del caso. Testimonios, detalles, con nombres cambiados, salvo los de los principales implicados. Serían correctos si no estuviera tan descuidada su redacción, tan a vuela pluma.

Pero el inicio de la deriva aparece en el capítulo 22 “Protegidos por Wall Street”, donde Cacho, como la mayoría de oenegés que se benefician de este asunto, relaciona pornografía infantil con industria del sexo.

¿Qué tendrán que ver Playboy o Larry Flint con la red de pornógrafos infantiles de Cancún? Los argumentos son torticeros, falsos, falaces. Le faltan datos y rellena con topicazos. Cómo no, alusiones a “Lolita”, de Nabokov: hay una absoluta ignorancia sobre el fenómeno de la pedofilia y sus implicaciones a lo largo de la Historia. Es normal que, ante esta nueva cruzada, la industria del porno para adultos esté más tranquila que nunca: ahora hay pedófilos por todos lados, son el nuevo terrorista emocional.

Las fuentes que cita sobre abusos y efectos son tan escasas que no puede ser tomada en serio la parte final del libro. Podría yo citar más con argumentos en contra de sus expertos. A Lydia Cacho los de Random House Mondadori le hicieron estirar su breve historia. No se entiende de otra forma una obra tan floja. Desconozco si es culpa del escaso talento o formación de la periodista. Pero con buenas intenciones también se escriben libros malísimos. Que se venden, por morbo, como pan caliente. Desapruebo, no obstante, a quien se lo ha pirateado y colgado de la Red. Aunque tire piedras contra mi tejado.

Religiones verdes

Se presentó en abril, hace unos días, la “nueva” asociación ecologista “VerdeGaia”, que no es otra cosa que un brazo verde del BNG, una escisión de Asociación pola Defensa da Natureza, Adega. Decía su portavoz que es una manera, otra manera, de entender el ecologismo. Ya.

Por casualidad, aunque desvela parte de su ideología, el portavoz comparó el botellón con las verbenas o fiestas gastronómicas que se celebran por toda Galicia. VerdeGaia actúa en Santiago: si uno de sus objetivos es que seamos civilizados, que no ensuciemos tras nuestras fiestas, creo que se han equivocado de quehacer. No quieren ser ecologistas: quieren que seamos suizos. O suecos. Quizás noruegos, sin bacalao.

¿Es tarea del ecologismo urbanizar las mentalidades? ¿Cambiar la idiosincrasia? ¿Harán numeritos del tipo “piensa en verde”, que no es otra cosa que una conocida burla de una marca cervecera al pensamiento de Greenpeace? ¿Cómo nos van a cambiar? ¿Con cartelitos de advertencia, como Tráfico? ¿Y cuánto dinero nuestro –subvenciones=impuestos- usarán para ello?.

Al final, si soy coherente, deberé pensar de los ecologistas lo mismo que de los “solidarios” subvencionados por el estado que se dicen oenegés: sectarios disfrazados que le hacen el caldo gordo a tanto político inútil en estados desfasados.

Ganemos dinero

Llevo algún tiempo dándole vueltas a crear una empresa y dejar de desperdiciar mi talento –el que sea, no tengo regla ni pesa aquí para medirlo- con otros. Malos pagadores, además. Por eso, cada entrevista a empresarios de éxito me interesa.

Un tipo llamado Jonas Ridderstrale, profesor y empresario sueco, dice que “hay muchas similitudes entre construir una compañía de éxito y una familia”. Si pienso en la familia de la que vengo, jamás levantaré una industria. Aunque pueda aprender mucho, si es que de los errores aprendemos. Dice el sueco que la fase más crítica es la de selección del personal con que vas a trabajar. Me desdigo entonces: a mi familia no la escogí; a la que estoy creando sí. Ya soy más optimista.

Otra idea sueca: se necesita un propósito. “Ganar dinero es algo trivial”. Hay que buscar algo que dé a la gente una razón para levantarse y sentir que son parte de algo grande. Además, se necesita ser creativo y persistente. “Como en un matrimonio”, dice Jonas. Ya lo complica al hablar de capital intelectual, psicológico (optimismo, confianza, esperanza, flexibilidad) y social. Complicado, sí señor. Pero estimulante, sobre todo al ver lo que opina de los que trabajan por cuenta ajena y sus empleadores: “Nunca he podido ver qué había de brillante en emplear a tanta gente inteligente para luego tratarles como si fueran estúpidos”.

Tortura y Nomiedo

En la misma semana coinciden un reportaje sobre la tortura de Isabel Coixet y la presentación del libro “Nomiedo en la empresa y en la vida”, de Pilar Jericó. ¿Porqué las uno? Porque tanto la tortura como el miedo provocan un efecto corporal similar: bajan nuestras defensas, hacen vulnerable el sistema inmunitario. Al ser torturados, al tener miedo, producimos corticoides, lo que ocasiona que unos glóbulos blancos específicos, vitales para luchas contra cánceres y otras enfermedades graves, desaparezcan.

IRCT.org Es la única asociación mundial que ayuda a víctimas de tortura. Pero de torturas extremas. Las practicadas día a día en todo el mundo no cuentan. Las torturas en democracia no existen, son invisibles (¿verdad, ministro Alonso? ¿verdad, ministro Caldera? ¿verdad, señora Gallizo?). Y bastante hacen, vienen a decir en el reportaje de Coixet (en Documenta2, emitido el 31-2-2006, en La2 de TVE).

IRCT.org trata torturas físicas. Las torturas mentales, la tortura blanca (practicada en cuarteles y cárceles y comisarías de todo el mundo) ni se nombra. En este caso, la dualidad cuerpo/alma; físico/psíquico, no se da. No hay medios. Porque los implicados son tantos y tan poderosos que no conviene ensuciar sus expedientes. Sus hojas de ruta. Sus pases a la historia, que ellos escriben, tatúan sobre la piel de sus víctimas, graban a fuego en las mentes de sus súbditos. Parafraseando a Nietzche: ¿cuánto miedo puede aguantar un hombre? ¿y cuánta verdad?

Estupideces, pero siguen

El programa se titula “Olímpicos”, lo emiten en La2 de TVE y se dedica a glosar las maravillas de nuestros nunca bien ponderados atletas. El del día 31 de marzo, en un alarde de originalidad, clasificó a los gimnastas según su horóscopo. A determinada fecha de nacimiento, tales cualidades. Xurxo Mariño (Neurocom.es y culturagalega.org) lo define muy bien: estupideces… Forrest Gump. Mariño insiste en esta idea y lucha contra estos tóxicos mentales cada vez que puede. Pero no hay forma: es casi inútil luchar contra la superchería. Sin ella, ni los políticos tendrían adeptos o votantes. Cuánto menos, las religiones irracionales que nos rodean e inyectan miedo cada día, a cada uno, en cada asunto humano.

Como nacido el 11 de septiembre, me niego a admitir que tenga nada que ver con ningún virgo, ni con las fechas que coincidieron con mi nacimiento (Pinochet en el 73 o las Torres Gemelas en 2001). Ni que sea más afín a los Piscis (mi mujer) o a los Capricornio (mi hijo). ¿Cuántos bits de información me estarán ocupando en el cerebro estas estupideces?.

Recuerdos inventados

El subtítulo es “Primera antología personal” y es lo primero que he leído de Enrique Vila-Matas. Tenía demasiadas expectativas quizás sobre este autor. No me ha llenado. Me recuerda a Auster, mi tocayo, pero le falta algo. Me da la sensación de que sus relatos esconden lagunas que otro debería rellenar, así como él inunda pantanos pensados por otros. Quizás sólo crea peces, que no está mal, nada mal, para un cañista literario.

El principal defecto que le veo a Vila-Matas es su excesivo uso de la metaliteratura. Si un lector normal percibe que, para entender lo que lee, tiene que haber leído antes cientos de autores, se desespera. Quizás esto para mi amiga Iris y para Bel sea una virtud. Para mí no: aún creo en la lectura de calidad simple, cercana. Perfecta y accesible. Vila-Matas pone demasiados cerrojos, si llamo cerrojo a cada autor que no he leído. Un libro no tiene por qué ser cien metros lisos, pero tampoco mil metros vallas.

Me quedo con Dino Buzatti. Y con Onetti.

Hawthorne, el creador

Hablamos de “Otras inquisiciones”, de Borges. Sólo por el ensayo sobre Hawthorne que aloja, este libro ya merece la pena. Si me pongo estupendo, este ensayo por sí mismo muestra más sobre literatura que toda la enseñanza obligatoria de esta materia. A las citas me remito:

“En aquel tiempo no había (sin duda felizmente para los niños) literatura infantil”.

“Las aventuras del Quijote no están muy bien ideadas, los lentos y antitéticos diálogos pecan de inverosímiles, pero no cabe duda de que Cervantes conocía bien a Don Quijote y podía creer en él. Nuestra creencia en la creencia del novelista salva todas las negligencias y fallas”. Sin proponérselo –o sí-, Borges alude a la fe como motor de la literatura y de la lectura. Un lector es un creyente. Un adepto. Un sectario del libro que lo captura. Un escritor, por ende, es un gurú, un dios, un demiurgo, un hacedor, un maestro.

“En el decurso de una vida consagrada menos a vivir que a leer, he verificado muchas veces que los propósitos y teorías literarias no son otra cosa que estímulos y que la obra final suele ignorarlos y hasta contradecirlos”. Una religión predicada por herejes. Borges se confiesa más lector que hombre (menos a vivir que a leer), más lector que escritor. Un fervoroso adorador de la literatura como madre como diosa nutricia.

Finaliza: “Hawthorne se propuso una vez escribir un sueño, que fuera un como un sueño verdadero, y que tuviera la incoherencia, las rarezas y la falta de propósito de los sueños, y se maravilló de que nadie, hasta el día de hoy, hubiera ejecutado algo semejante. Ese extraño proyecto, que toda nuestra literatura moderna trata vanamente de ejecutar y que, tal vez, sólo ha realizado Lewis Carroll”. Carroll. Fetiche literario. La biblia de lo impenetrable. La cábala literaria por excelencia no sólo en su literatura, sino en su biografía.

Tareas borgianas

Redescubrir a Borges siempre es un placer. Esta semana he estado con los ensayos de “Otras inquisiciones”. Si fuera un escritor de la galaxia Gutenberg, a la que perteneció Borges, diría que el argentino anglófilo también escribía bitácoras. Y sin Google, lo cual es mucho más meritorio. Lamento que aquel viejo ciego que soñaba con la biblioteca universal no pudiera disfrutar de la Red, aunque me temo que un bibliófilo semejante sería también un tecnófobo. ¡Quién sabe!.

“Para la gloria, decía yo, no es indispensable que un escritor se muestre sentimental, pero es indispensable que su obra, o alguna circunstancia biográfica, estimulen el patetismo”. Borges hablaba de Quevedo al sentenciar esto; de Quevedo como literato fallido, aun con una biografía tan azarosa. La reflexión sería: ¿cuánto de vida pone el escritor en su obra? ¿es necesaria una existencia interesante para escribir bien? ¿o sufrir mucho, como creen algunos? Por las cifras de ventas, está claro que no. Dan Brown y Javier Marías son grises. Michael Crihton, cenizo. Stephen King no digamos. Saramago era un oficinista, como Kafka. ¿Rica vida interior? Estoy leyendo a Vila-Matas y lo clasifico como vampiro de los grandes, pero sanguijuela selectiva, de los que saben bien dónde y cómo chupar el hálito de los poderosos.

Quizás todo se derrumbe si definimos “gloria”. ¿Qué es? ¿Vender? ¿Ser recordado? ¿Ser reconocido sólo por la crítica canalla? Gloria. Bendita. Plumas en el aire.

Alcohol y juventud

Me niego a pronunciar la palabra más extendida este mes en las televisiones españolas. Y no es guerra, ni estatut.

Va de chavales que beben, que parece que lo descubren ahora. A mí mi lo afearon en La Voz de Galicia, una excelente redactora de mi biografía, que dijo que “salía poco de copas”. Algo fundamental: es como si me hubiese faltado un título en el currículum. Sólo por eso y por no gustarme el fútbol deberían encerrarme. Ea. Todos a la cárcel, es la moda, esto es América.

Parece que el problema no es el alcohol –da demasiado dinero- sino que la gente no duerme. Esa gente que trabaja, paga sus impuestos y tiene a esos jóvenes hasta los 40 años en casa. Algunos se preocupan –pocos- por la salud: que los chavales serán cirróticos en unos años. Y periodistas, digo yo, algunos serán incluso presentadores de salsas cardíacas en televisión.

Otros expertos, tipo Urra, ese bigote mediático que nutriría las cárceles aún más con su deforme visión de la realidad, dicen que hay un problema de valores. Claro, en la dictadura todo estaba más claro. Esto del libertinaje, ya se sabe. Para los expertos, no hay valores. Para los heterodoxos, hay demasiados, pero escogemos los inadecuados.

Estos problemas se los he visto explicar a viejos amigos. Cicerón se quejaba de la juventud (y de los que escribían libros), Aristóteles también era un cascarrabias y San Agustín, un hipócrita de tres pares. La juventud es cojonuda, como siempre. Cuando lleguemos a viejos, como dijo Dino Buzzati, ya vendrán a por nosotros. Mientras, toca vivir. Y convivir.

Raúl Rivero en "La Fiera"

Me envía Manuel García Viñó “La fiera literaria” de marzo. Me sorprende –aunque tampoco demasiado- una carta abierta a Raúl Rivero, poeta cubano que vino a acogerse como polluelo bajo las alas de “El Mundo”, periódico panfletario que cree ser refugio de disidentes, tipo Ali Lmrabet. La carta la firma José Tadeo Tápanes, otro poeta cubano residente en España.

Más que una carta, es un recordatorio a Rivero de lo que fue, de cómo alguien al que Cabrera Infante, furibundo anticastrista, llamaba “bufón de la cohorte fidelista” y ahora, los españoles poco informados, nos creemos que es un tremendo disidente. Y no sólo eso, sino que, por título concedido por El Mundo, ese Pedro J., se le quiere convertir en el “gran poeta cubano actual”. Ventajas de ser el único conocido, por repetido hasta la saciedad, en este país ignorante de cualquier poética que no sea la suya.

Aprovecho “La fiera literaria” para denunciar de nuevo el rechazo en casi todas las librerías de “La gran estafa”, subtitulado “Alfaguara, Planeta y la novela basura”, silenciada por los críticos. Se puede comprar en Ediciones Vosa, 917986911, mail mavosa@terra.es

Alicia en el lado oscuro

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