“No solamente es un monstruo, también un gran moralista”.
“Han confundido al ilusionista con la ilusión, han encerrado al ventrílocuo porque al muñeco no podrían”.
“Tuve que extirparme en mi juventud y gota a gota al siervo que llevaba dentro”.
“En cuanto se dan cuenta de que tu yo no es yo público, se llevan una desilusión”.
El diario holandés
Un residente en este cónclave internacional en que me veo recluido me presta un periódico. Tiene formato sábana, dan ganas de taparse con él, pero es verano. Al estar escrito en holandés, lo leo por extrapolación, por analogía, con ayuda de fotos y de palabras que son universales: taliban, Britney Spears, Kultur. Leo como mi tía abuela: viendo los santos.
Entre las noticias globalizadas del verano figura en el Noorhollands Dagblad una lista con los videoclips más transgresores: Madonna, M. Jackson, esos ídolos conservados o ya demolidos, siempre dando que escribir.
Los mapas del tiempo también son universales, y ciertas convenciones, como el rojo para el calor o el azul para el frío. Casi como en política. Veo un acierto que sitúen la programación de TV en la página 2. El electrodoméstico ganó hace mucho la batalla.
Las noticias locales vienen en separata aparte. Me choca toparme esquelas con anuncios de muebles que no son ataúdes. En una foto nostálgica veo a unas laboriosas holandesas lavar la colada en el río. Su pañuelo negro en la cabeza aún lo llevan mis viejas pasiones en cualquier aldea gallega. Estos días lo han tenido que lavar mucho tras los sudores del fuego. En Holanda apenas hay montañas. Pero no somos tan distintos…
Entre las noticias globalizadas del verano figura en el Noorhollands Dagblad una lista con los videoclips más transgresores: Madonna, M. Jackson, esos ídolos conservados o ya demolidos, siempre dando que escribir.
Los mapas del tiempo también son universales, y ciertas convenciones, como el rojo para el calor o el azul para el frío. Casi como en política. Veo un acierto que sitúen la programación de TV en la página 2. El electrodoméstico ganó hace mucho la batalla.
Las noticias locales vienen en separata aparte. Me choca toparme esquelas con anuncios de muebles que no son ataúdes. En una foto nostálgica veo a unas laboriosas holandesas lavar la colada en el río. Su pañuelo negro en la cabeza aún lo llevan mis viejas pasiones en cualquier aldea gallega. Estos días lo han tenido que lavar mucho tras los sudores del fuego. En Holanda apenas hay montañas. Pero no somos tan distintos…
Volvamos a Brecht
“Malos tiempos para la lírica” no es una canción de “Golpes Bajos”. Es un poema de Bertolt Brecht: “Ya sé que sólo agrada quien es feliz. Su vez se escucha con gusto. Es hermoso su rostro”.
A los 50 años de su muerte, el autor alemán es casi un desconocido en su país. Y aquí no digamos.
Son imprescindibles, entre otros, estos poemas: “Preguntas de un obrero ante un libro”; “Catón de guerra alemán”; “Canción de la rueda hidráulica”; “Perseguido por buenas razones”; “La literatura será sometida a investigación”; “Canción de San Jamás” y “A los hombres futuros”, entre otros. Pero a mí, como militante de la duda, me ha llenado su “Loa de la duda”. He aquí unas estrofas:
“Tu, que eres dirigente, no olvides
que lo eres porque has dudado de los dirigentes.
Permite, por lo tanto, a los dirigidos
dudar.” (…)
“Pero la más hermosa de todas las dudas
es cuando los débiles y los desalentados levantan su cabeza
y dejan de creer
en la fuerza de sus opresores”.
Tampoco es manco en “Canción de la rueda hidráulica” al escribir: “Tuvimos muchos señores
tuvimos hienas y tigres
tuvimos águilas y cerdos.
Y a todos alimentamos.
Mejores o peores, era lo mismo:
La bota que nos pisa es siempre una bota”
A los 50 años de su muerte, el autor alemán es casi un desconocido en su país. Y aquí no digamos.
Son imprescindibles, entre otros, estos poemas: “Preguntas de un obrero ante un libro”; “Catón de guerra alemán”; “Canción de la rueda hidráulica”; “Perseguido por buenas razones”; “La literatura será sometida a investigación”; “Canción de San Jamás” y “A los hombres futuros”, entre otros. Pero a mí, como militante de la duda, me ha llenado su “Loa de la duda”. He aquí unas estrofas:
“Tu, que eres dirigente, no olvides
que lo eres porque has dudado de los dirigentes.
Permite, por lo tanto, a los dirigidos
dudar.” (…)
“Pero la más hermosa de todas las dudas
es cuando los débiles y los desalentados levantan su cabeza
y dejan de creer
en la fuerza de sus opresores”.
Tampoco es manco en “Canción de la rueda hidráulica” al escribir: “Tuvimos muchos señores
tuvimos hienas y tigres
tuvimos águilas y cerdos.
Y a todos alimentamos.
Mejores o peores, era lo mismo:
La bota que nos pisa es siempre una bota”
Tortura, entre Genefke y Aguilar
Me tengo que enterar por Gara de que en julio Amnistía Internacional pide, de nuevo, al Estado español que suprima la incomunicación “por propiciar la tortura”. El interlocutor fue, claro es, López Aguilar, ese extertuliano de la SER que nunca debió dejar la radio para poner a mentir al frente de un ministerio. Leo -¿casualidad?- a De Ventós, que me refresca el exabrupto: “Trata siempre a un ministro como a un imbécil; no tiene tiempo para pensar”.
Aguilar sí piensa, y miente conscientemente cuando dice, pese a los informes de AI, que el 100% de las denuncias por torturas son falsas. Ojalá fuera cierto. Pero una Ley de Enjuiciamiento Criminal que permite tener 13 días en prisión preventiva casi por la cara es evidente que propicia los malos tratos y torturas. Que contribuye a que haya cloacas estatales. Yo vivo en una alcantarilla de Aguilar.
Mientras Gara brea a Aguilar, El País nos invita a ver su lado simpático, en el que nos recomienda un libro (El siglo de las luces), un disco (Beatles) y un DVD (Woody Allen). Linares Cruz, el entrevistador, se descuelga con un “el ministro sabe de literatura, ha publicado nueve libros sobre Derecho Constitucional”. Linares, un día te explico cómo se publican libros en universidades y diputaciones. Y quién los escribe, majete.
Para desengrasar, leo la entrevista a Inge Genefke, activista contra la tortura. Es médica. Para ella, la tortura es un instrumento del poder contra la democracia. Provoca indefensión, tu torturador siempre lleva ventaja, es un dolor insoportable, físico y mental y quien te lo hace no es un cocodrilo, es alguien que se parece mucho a ti. Inge se queja de los que no se mojan: “me he topado tantas veces con los tres monos que se tapan la boca, ojos y oídos”. Como Aguilar, muy mono.
Aguilar sí piensa, y miente conscientemente cuando dice, pese a los informes de AI, que el 100% de las denuncias por torturas son falsas. Ojalá fuera cierto. Pero una Ley de Enjuiciamiento Criminal que permite tener 13 días en prisión preventiva casi por la cara es evidente que propicia los malos tratos y torturas. Que contribuye a que haya cloacas estatales. Yo vivo en una alcantarilla de Aguilar.
Mientras Gara brea a Aguilar, El País nos invita a ver su lado simpático, en el que nos recomienda un libro (El siglo de las luces), un disco (Beatles) y un DVD (Woody Allen). Linares Cruz, el entrevistador, se descuelga con un “el ministro sabe de literatura, ha publicado nueve libros sobre Derecho Constitucional”. Linares, un día te explico cómo se publican libros en universidades y diputaciones. Y quién los escribe, majete.
Para desengrasar, leo la entrevista a Inge Genefke, activista contra la tortura. Es médica. Para ella, la tortura es un instrumento del poder contra la democracia. Provoca indefensión, tu torturador siempre lleva ventaja, es un dolor insoportable, físico y mental y quien te lo hace no es un cocodrilo, es alguien que se parece mucho a ti. Inge se queja de los que no se mojan: “me he topado tantas veces con los tres monos que se tapan la boca, ojos y oídos”. Como Aguilar, muy mono.
Leyes legibles
El gobierno español y la Real Academia de la Lengua firman un convenio para hacer más comprensibles las leyes. A buenas horas.
Según el principio “la ignorancia de las leyes no exime de su cumplimiento”, el nuevo convenio sería otro lavado de cara de la justicia de este “gran” país. La ignorancia –sea ésta filológica, histórica, o general- de los legisladores no les eximió nunca de confeccionar textos farragosos e ilegibles que luego interpretan jueces especializados pero semianalfabetos y que deben cumplir delincuentes en buen parte ágrafos. ¿Soy tremendista? Por favor, no puedo ser otra cosa tras llevar cuatro años atrapado por la maquinaria burocrática de los infames rellenadores de formularios.
El académico José Antonio Pascual sugiere que alguno de los textos oficiales –leyes, estatutos, constituciones- está redactado en tono “estupendo” y sugiere “presuntuosidad” para algunos párrafos. Lógico: cuando los legisladores se creen estupendos y su presuntuosidad les lleva a imaginar que con sus leyes han resuelto el problema, el estilo se trasluce en lo escrito. Esperan que las leyes y su buenismo se adecúen a la realidad, transformándola. Lo que no cabe en ninguna cabeza es que un código aplicado hoy date del XIX o casi de la Biblia. Que el derecho romano –imperialismo puro y duro- siga tan vigente. Que se siga crucificando a los de siempre: los otros, los heterodoxos y los débiles. Débiles por conquista, no por naturaleza. Lo dijo Haro Tecglen: todos los presos son presos políticos.
Según el principio “la ignorancia de las leyes no exime de su cumplimiento”, el nuevo convenio sería otro lavado de cara de la justicia de este “gran” país. La ignorancia –sea ésta filológica, histórica, o general- de los legisladores no les eximió nunca de confeccionar textos farragosos e ilegibles que luego interpretan jueces especializados pero semianalfabetos y que deben cumplir delincuentes en buen parte ágrafos. ¿Soy tremendista? Por favor, no puedo ser otra cosa tras llevar cuatro años atrapado por la maquinaria burocrática de los infames rellenadores de formularios.
El académico José Antonio Pascual sugiere que alguno de los textos oficiales –leyes, estatutos, constituciones- está redactado en tono “estupendo” y sugiere “presuntuosidad” para algunos párrafos. Lógico: cuando los legisladores se creen estupendos y su presuntuosidad les lleva a imaginar que con sus leyes han resuelto el problema, el estilo se trasluce en lo escrito. Esperan que las leyes y su buenismo se adecúen a la realidad, transformándola. Lo que no cabe en ninguna cabeza es que un código aplicado hoy date del XIX o casi de la Biblia. Que el derecho romano –imperialismo puro y duro- siga tan vigente. Que se siga crucificando a los de siempre: los otros, los heterodoxos y los débiles. Débiles por conquista, no por naturaleza. Lo dijo Haro Tecglen: todos los presos son presos políticos.
Zuckerman no es Roth
Glorioso. Sublime. Se titula “La liberación de Zuckerman”, su autor es Philip Roth. Sin destrozarlo mucho, se lo resumo. Es sobre un escritor abrumado por el éxito, perseguido por fans pesadísimos y con fantasmas familiares. No sé la importancia que pueda tener que sea judío. Quizás la misma que si fuera cristiano, o gallego –brutal la columna de Rivas en El País (29/07/2006) sobre el origen gallego de Franco-. Como es habitual, algunas citas fuera de contexto, esas frases por las que casi cualquier libro merecería ser escrito y publicado:
“Soy de la clase de gente que se complica la vida por escrito”
“No se puede hacer nada con lo que la gente piensa, salvo prestar la menor atención posible”
“En cuanto se dan cuenta de que tu yo no es el yo público, se llevan una desilusión”
“No solamente es un monstruo, sino también un gran moralista”
“El negocio de la literatura no es comprar y vender, sino ver y creer”
“Si me sale fácilmente no es bueno, y si me cuesta gran esfuerzo, tampoco”
“Soy de la clase de gente que se complica la vida por escrito”
“No se puede hacer nada con lo que la gente piensa, salvo prestar la menor atención posible”
“En cuanto se dan cuenta de que tu yo no es el yo público, se llevan una desilusión”
“No solamente es un monstruo, sino también un gran moralista”
“El negocio de la literatura no es comprar y vender, sino ver y creer”
“Si me sale fácilmente no es bueno, y si me cuesta gran esfuerzo, tampoco”
Sharpe, el fresco
“Tenía una opinión clara y contundente de los funcionarios. Le habían hecho la vida imposible, y no merecían compasión”. Lo dice el protagonista de “El temible Blott”, un libro de Tom Sharpe con el que he disfrutado hace poco.
Había leído, hace ya unos 15 años, gracias a Javi, otro cuñado de la secta Círculo de Lectores, las tres historias de “Wilt”. El sentido del humor es similar, pero quizás entienda mejor muchas sutilezas que entonces me escapaban. Sharpe es ágil en las escenas; usa párrafos-aceite que consiguen que sus historias se deslicen ante el lector de forma vertiginosa. A ratos divierte, a veces satiriza, otras el sarcasmo te pasa casi desapercibido. Podría llamársele a su literatura “de verano”, como la canción o la universidad de esa época. Podría. Si se busca eso. Quizás, con su oficio, y un buen análisis, haya algo más. Aunque él, como autor, no lo reconozca.
Había leído, hace ya unos 15 años, gracias a Javi, otro cuñado de la secta Círculo de Lectores, las tres historias de “Wilt”. El sentido del humor es similar, pero quizás entienda mejor muchas sutilezas que entonces me escapaban. Sharpe es ágil en las escenas; usa párrafos-aceite que consiguen que sus historias se deslicen ante el lector de forma vertiginosa. A ratos divierte, a veces satiriza, otras el sarcasmo te pasa casi desapercibido. Podría llamársele a su literatura “de verano”, como la canción o la universidad de esa época. Podría. Si se busca eso. Quizás, con su oficio, y un buen análisis, haya algo más. Aunque él, como autor, no lo reconozca.
Hablar alarga la vida
Tiene peligro los cursos de verano. Mucho. En especial porque, al relajarse, los catedráticos y conferenciantes sueltan perlas y, como no tienen noticias, los periodistas les sacan jugos, esencias y aromas extraños. El título es una perla, espero que cierta, o no, del psiquiatra estrella de este país, sucesor light de los Vallejo-Nájera en esta historia pendular que nos asombra.
No pretendo huir del contexto: hablar prolonga la vida, según Rojas, porque una persona la desahogarse con palabras, hace que su experiencia –la que sea- pierda interés emocional y no interfiera en la vida diaria. Podría ser, aunque su opinión es interesada, claro: hable con nosotros, los psiquiatras y psicólogos, y vivirá más. Desahóguese. En cierto modo, substituto verbal del cura: confiésate, libérate, pásame a mí esa información que te molesta, yo te limpio la mente. Y luego lo demás, hasta quedarme contigo.
Otra perla, dos por el precio del mismo discurso: “Si nos sentimos bien es difícil tener malos pensamientos”. Rojas no puede escapar de su educación judeo-cristiana. El pensamiento impuro. La envidia. El deseo de lo que tiene el otro. Lo humano, que no queremos admitir. Los griegos se fabricaron dioses con fallos. Creo que acertaron más que los monoteístas: la perfección de su dios y de sus vírgenes hace que los seguidores de esas sectas sean unos eternos frustrados. Y si a alguien les haces creer que siempre está enfermo, nunca tendrás que cerrar tu farmacia. Multinacionales con más de mil años. Que no dejarán que Rojas y los conductistas, o antes los psicoanalistas, o antes los magos, se salgan con la suya, sea superstición o ciencia. O una mezcla de ambas.
Si fuera creyente, lo tendría bien fácil: rezar es hablar con Dios. Hablar alarga la vida. Ergo, rezar alarga la vida. Enhorabuena, Ratzinger.
No pretendo huir del contexto: hablar prolonga la vida, según Rojas, porque una persona la desahogarse con palabras, hace que su experiencia –la que sea- pierda interés emocional y no interfiera en la vida diaria. Podría ser, aunque su opinión es interesada, claro: hable con nosotros, los psiquiatras y psicólogos, y vivirá más. Desahóguese. En cierto modo, substituto verbal del cura: confiésate, libérate, pásame a mí esa información que te molesta, yo te limpio la mente. Y luego lo demás, hasta quedarme contigo.
Otra perla, dos por el precio del mismo discurso: “Si nos sentimos bien es difícil tener malos pensamientos”. Rojas no puede escapar de su educación judeo-cristiana. El pensamiento impuro. La envidia. El deseo de lo que tiene el otro. Lo humano, que no queremos admitir. Los griegos se fabricaron dioses con fallos. Creo que acertaron más que los monoteístas: la perfección de su dios y de sus vírgenes hace que los seguidores de esas sectas sean unos eternos frustrados. Y si a alguien les haces creer que siempre está enfermo, nunca tendrás que cerrar tu farmacia. Multinacionales con más de mil años. Que no dejarán que Rojas y los conductistas, o antes los psicoanalistas, o antes los magos, se salgan con la suya, sea superstición o ciencia. O una mezcla de ambas.
Si fuera creyente, lo tendría bien fácil: rezar es hablar con Dios. Hablar alarga la vida. Ergo, rezar alarga la vida. Enhorabuena, Ratzinger.
Alfalfa religiosa
Es un descubrimiento y no me suele defraudar. Víctor Moreno, escritor y profesor que colabora en Gara, puntúa las íes con precisión y serenidad. El 21 de julio, en su columna titulada "Progreso moral" abordó la polémica de la jerarquía eclesiástica por la nueva asignatura "Educación para la ciudadanía".
La Iglesia, lo lleva diciendo 2000 años, sostiene que la sociedad -en este caso la española, pero nunca he visto que la Iglesia estuviera satisfecha más que consigo misma- "está apagada y moribunda, y no se siente responsable de su futuro". Para estos apocalípticos nunca integrados, "el déficit democrático y ético es cada vez más alarmante", análisis en el que coinciden políticos de la Unión Europea, este faro de libertades que tiene su bombilla fundida cuando mira a Oriente Medio, pongamos por caso.
Es una broma que la Iglesia tache la nueva asignatura de "totalitarismo ideológico". Una secta que me ha insultado desde pequeño -un pecador no es más que un delincuente moral perpetuo, una mierda de espíritu, bonita forma de elevar la autoestima a alguien, aunque la función de toda religión es aplastar a sus fieles-, que se rige por un monarca teocrático que sólo responde ante el dios que él dogmatiza, que siempre ha estado del lado de los poderosos y las mayorías, con excepciones qeu no confirman sino la regla, ¿qué puede decir de totalitarismo? ¿y qué de ideología? gente que insulta la inteligencia con dogmas irracionales -ten fe, créanme, decía Aznar por lo de Irak- como la virginidad de una madre o la ascensión de un cuerpo muerto no puede dar lecciones de moralidad, ni de progreso, ni de ciudadanía. Para la Iglesia no hay, ni habrá nunca, personas con derechos. Le niegan el principal: la libertad de pensamiento. En tiempos negaron el de la vida, y hoy siguen haciéndolo de forma indirecta si hablamos de guerras "justas" o de preservativos.
Víctor Moreno da en el clavo cuando dice: "Una institución que tanta importancia se da a sí misma en la transmisión de valores no será ajena, supongo, al sistema productivo de tanta barbarie". Y: "Los obispos deberían considerar que la violencia social y doméstica, asesinaos, homicidios y crímenes de toda índole, son perpetrados mayormente por quienes creen en el Altísimo". "Son las cárceles, mucho más que la asistencia a misa y comunión diarias, el signo por excelencia del progreso moral de una sociedad. Cuanta más población reclusa, más depravación y barbarie inmorales. El sistema educativo lleva repartiendo alfalfa religiosa desde siempre. Y las cárceles han ido renovando inquilinos en cada generación. La mayoría de los criminales de este país son personas que recibieron en su día esmerada formación religiosa, y, por supuesto, círica. ¿Les sirvió de algo dicha información? La estadística carcelera dice que no". Yo soy otro ejemplo. Vivo.
La Iglesia, lo lleva diciendo 2000 años, sostiene que la sociedad -en este caso la española, pero nunca he visto que la Iglesia estuviera satisfecha más que consigo misma- "está apagada y moribunda, y no se siente responsable de su futuro". Para estos apocalípticos nunca integrados, "el déficit democrático y ético es cada vez más alarmante", análisis en el que coinciden políticos de la Unión Europea, este faro de libertades que tiene su bombilla fundida cuando mira a Oriente Medio, pongamos por caso.
Es una broma que la Iglesia tache la nueva asignatura de "totalitarismo ideológico". Una secta que me ha insultado desde pequeño -un pecador no es más que un delincuente moral perpetuo, una mierda de espíritu, bonita forma de elevar la autoestima a alguien, aunque la función de toda religión es aplastar a sus fieles-, que se rige por un monarca teocrático que sólo responde ante el dios que él dogmatiza, que siempre ha estado del lado de los poderosos y las mayorías, con excepciones qeu no confirman sino la regla, ¿qué puede decir de totalitarismo? ¿y qué de ideología? gente que insulta la inteligencia con dogmas irracionales -ten fe, créanme, decía Aznar por lo de Irak- como la virginidad de una madre o la ascensión de un cuerpo muerto no puede dar lecciones de moralidad, ni de progreso, ni de ciudadanía. Para la Iglesia no hay, ni habrá nunca, personas con derechos. Le niegan el principal: la libertad de pensamiento. En tiempos negaron el de la vida, y hoy siguen haciéndolo de forma indirecta si hablamos de guerras "justas" o de preservativos.
Víctor Moreno da en el clavo cuando dice: "Una institución que tanta importancia se da a sí misma en la transmisión de valores no será ajena, supongo, al sistema productivo de tanta barbarie". Y: "Los obispos deberían considerar que la violencia social y doméstica, asesinaos, homicidios y crímenes de toda índole, son perpetrados mayormente por quienes creen en el Altísimo". "Son las cárceles, mucho más que la asistencia a misa y comunión diarias, el signo por excelencia del progreso moral de una sociedad. Cuanta más población reclusa, más depravación y barbarie inmorales. El sistema educativo lleva repartiendo alfalfa religiosa desde siempre. Y las cárceles han ido renovando inquilinos en cada generación. La mayoría de los criminales de este país son personas que recibieron en su día esmerada formación religiosa, y, por supuesto, círica. ¿Les sirvió de algo dicha información? La estadística carcelera dice que no". Yo soy otro ejemplo. Vivo.
Humo literario
A veces es incienso. Otras, desodorante. Incluso aromático. Pero cierto tipo de literatos, de escritores, sólo nos venden humo. Hablo hoy, de nuevo, de Pynchon. El emulado por la histórica e histriónica Rachel B, que pasó a ser Cecilia y que sólo fue humo del que nadie supo dónde ardía. Al menos Edu y yo no.
Pynchon vuelve a asomar la patita. Para venderse como el misterio encarnado, como el escritor uno y trino, con sólo dos fotos de patético álbum adolescente. Y Bárbara Celis, con rodrigo Fresán, le entran al trapo sin dudarlo. Y yo detrás.
Amazon.com publicó a mediados de julio que Pynchon, a quien los del Pulitzer le dijeron que su premiada "El arco iris de gravedad" era ilegible, publicará nuevo libro en diciembre. Ya tiene título y un avance de contenidos. A caballo entre el siglo XIX y el XX, a lomos de asuntos eternos como las drogas o la religión, o más nuevos como el cine o la ciencia más puntera.
Pynchon, con su imagen, o con su falta de ella, ya no escribe libros. Su misterio fagocita todo lo que pueda salir de su pluma: da igual lo que escriba o quien lo haga en su lugar. Su nombre vende. Valle-Inclán, Cela o Wilde se labraron una fama aneja a su obra, se forjaron un personaje novelesco que interpretaban con más o menos acierto. Pynchon, como Carlos Castaneda o Salinger, hace lo contrario. Y, como tontos, caemos en su trampa. Espero que tras la próxima cortina de humo de Pynchon aparezca fuego y nos haga arder con sus líneas. Si no, su voz en los Simpson, sus performances con actores contratados, sus puestas en escena, serán otro estúpido artificio de la vida literaria. La que a Marsé no le gusta.
Pynchon vuelve a asomar la patita. Para venderse como el misterio encarnado, como el escritor uno y trino, con sólo dos fotos de patético álbum adolescente. Y Bárbara Celis, con rodrigo Fresán, le entran al trapo sin dudarlo. Y yo detrás.
Amazon.com publicó a mediados de julio que Pynchon, a quien los del Pulitzer le dijeron que su premiada "El arco iris de gravedad" era ilegible, publicará nuevo libro en diciembre. Ya tiene título y un avance de contenidos. A caballo entre el siglo XIX y el XX, a lomos de asuntos eternos como las drogas o la religión, o más nuevos como el cine o la ciencia más puntera.
Pynchon, con su imagen, o con su falta de ella, ya no escribe libros. Su misterio fagocita todo lo que pueda salir de su pluma: da igual lo que escriba o quien lo haga en su lugar. Su nombre vende. Valle-Inclán, Cela o Wilde se labraron una fama aneja a su obra, se forjaron un personaje novelesco que interpretaban con más o menos acierto. Pynchon, como Carlos Castaneda o Salinger, hace lo contrario. Y, como tontos, caemos en su trampa. Espero que tras la próxima cortina de humo de Pynchon aparezca fuego y nos haga arder con sus líneas. Si no, su voz en los Simpson, sus performances con actores contratados, sus puestas en escena, serán otro estúpido artificio de la vida literaria. La que a Marsé no le gusta.
Cada día, un Apocalipsis
El otro día era el Apocalipsis de las vacas locas, luego el de la gripe aviaria, más tarde el del tsunami… Este mes, Juan Manuel de Prada y otros tertulianos vienen con la Biblia en una mano y con el Código Penal en la otra.
¿Fuegos en Galicia? ¡Apocalipsis! Dice de Prada. Y la progre de salón María Antonia Iglesias vuelve al “palo”: más dureza en las penas. Mensaje: llenemos más las cárceles. En Galicia, dice la presunta “nosequé”, hay una “omertá”. Ya le vale, señora, ya bastante tenemos con los clanes de la droga, como para que venga con su desopilante teoría de que todos los paisanos conocen a quien prende el monte. Delación anónima: ¡sean ciudadanos!, aconseja la ínclita. Ni una alusión al despoblamiento rural, a las especies invasoras, al abandono del campo por esta sociedad que sólo quiere vistas al mar desde el ladrillo de oro.
¿Medusas? ¡Apocalipsis! Sólo falta el: “ya te lo decía yo”, tan socorrido en estos casos.
Con incendios, sequía y medusas llenaron casi la hora de tertulia. Líbano, ese incendio israelí, casi no se ve desde su atalaya. Irak está enterrado, los afganos, cosechando opio de mayor calidad que el que nos dan los tertulianos; Castro, bien gracias. Y yo sólo puedo echar mano de mi bastón de esta semana, Sandor Marai, y decir con él: “¿Con qué derecho esperamos, pues, otra cosa que un mundo lleno de inconsciencia, de deseos, de pasiones y de agresividad, donde unos jóvenes afilan sus cuchillos contra jóvenes de otras naciones, donde unos desconocidos despellejan a otros desconocidos, donde ya no es válido nada de lo que antes importaba, donde solamente arden las pasiones, y sus llamas se elevan hasta el cielo?”.
¿Fuegos en Galicia? ¡Apocalipsis! Dice de Prada. Y la progre de salón María Antonia Iglesias vuelve al “palo”: más dureza en las penas. Mensaje: llenemos más las cárceles. En Galicia, dice la presunta “nosequé”, hay una “omertá”. Ya le vale, señora, ya bastante tenemos con los clanes de la droga, como para que venga con su desopilante teoría de que todos los paisanos conocen a quien prende el monte. Delación anónima: ¡sean ciudadanos!, aconseja la ínclita. Ni una alusión al despoblamiento rural, a las especies invasoras, al abandono del campo por esta sociedad que sólo quiere vistas al mar desde el ladrillo de oro.
¿Medusas? ¡Apocalipsis! Sólo falta el: “ya te lo decía yo”, tan socorrido en estos casos.
Con incendios, sequía y medusas llenaron casi la hora de tertulia. Líbano, ese incendio israelí, casi no se ve desde su atalaya. Irak está enterrado, los afganos, cosechando opio de mayor calidad que el que nos dan los tertulianos; Castro, bien gracias. Y yo sólo puedo echar mano de mi bastón de esta semana, Sandor Marai, y decir con él: “¿Con qué derecho esperamos, pues, otra cosa que un mundo lleno de inconsciencia, de deseos, de pasiones y de agresividad, donde unos jóvenes afilan sus cuchillos contra jóvenes de otras naciones, donde unos desconocidos despellejan a otros desconocidos, donde ya no es válido nada de lo que antes importaba, donde solamente arden las pasiones, y sus llamas se elevan hasta el cielo?”.
Sin memoria
Es el título de una canción de Victor Manuel que quizás había oído alguna vez, pero que en esta etapa de mi vida ha cobrado auténtico significado. La escuché por casualidad -¿existen las casualidades? ¿tú crees?- en Radio Galega Música y me quedé con algo de la letra, con el sentido –no es literal-. “Puedo vivir sin Dios, sin alguien superior que me diga lo que debo hacer desde el televisor; pero no puedo vivir sin memora… puedo vivir sin vascos, sin obispos, sin tabaco, pero no puedo vivir sin memoria”… Prueben a buscarla, seguro que el todopoderoso Google o Emule se la acercan…
En este año de leyes descafeinadas sobre la memoria, en que los socialistas españoles siguen con su cretinismo innato y deciden dejar otra vez la herida llena de pus, es conveniente reivindicar la memoria. De lo que hicimos. De quienes fuimos. La memoria de los muertos por Dios y por la Razón, de los paseados, de los curas asesinos y de los curas asesinados, de los jueces justos y de los injustos, de los políticos oprobiosos y de los íntegros. Me reconforta ver a ancianos sin rencor pero con memoria. Y entiendo también a los que nunca quisieron recordar, como mi padre. Sus razones tendría. Levantar acta es tarea de los que heredamos. De los que somos descendientes de tanto odio, de tanta miseria moral, tanta ignorancia y tanta soberbia.
Sandor Marai: “La vida se vuelve interesante cuando ya has aprendido las mentiras de los demás, y empiezas a disfrutar observándolos, viendo que siempre dicen otra cosa de lo que piensan, de lo que quieren de verdad”. Vivamos, pero con memoria. A ser posible.
En este año de leyes descafeinadas sobre la memoria, en que los socialistas españoles siguen con su cretinismo innato y deciden dejar otra vez la herida llena de pus, es conveniente reivindicar la memoria. De lo que hicimos. De quienes fuimos. La memoria de los muertos por Dios y por la Razón, de los paseados, de los curas asesinos y de los curas asesinados, de los jueces justos y de los injustos, de los políticos oprobiosos y de los íntegros. Me reconforta ver a ancianos sin rencor pero con memoria. Y entiendo también a los que nunca quisieron recordar, como mi padre. Sus razones tendría. Levantar acta es tarea de los que heredamos. De los que somos descendientes de tanto odio, de tanta miseria moral, tanta ignorancia y tanta soberbia.
Sandor Marai: “La vida se vuelve interesante cuando ya has aprendido las mentiras de los demás, y empiezas a disfrutar observándolos, viendo que siempre dicen otra cosa de lo que piensan, de lo que quieren de verdad”. Vivamos, pero con memoria. A ser posible.
Si esto no lo es
Oigo a Suso de Toro –en una de mis quijotescas cartas le llamé la atención sobre el topónimo ría del Eo, que no existe, de la misma forma que hay ría del Lérez, sino de Pontevedra– en “Diario Cultural”, Radio Galega, decir: “Si esto no es una obra maestra, que me digan cuáles son”. Eso dijo a su editores al entregar “Hombre sin nombre”. No, no voy a hacer un falso mohín ni un solo reproche sobre lo que cualquier cristiano llamaría soberbia, chulería o altanería. Ni mucho menos. De Toro, con este estertor de orgullo, este vaho de vanidad, me ha provocado a leerle. Se aceptan donaciones. En gallego, mejor.
Comportamiento altruista
Sober y Wilson publicaron en 2000 (Editorial Siglo XXI) “El comportamiento altruista”. El principal fallo del libro es su poca accesibilidad si uno no tiene conocimientos de biología y antropología suficientes.
Más que aclararme si el ser humano es altruista por egoísmo –paradoja-, me ha confundido esta obra. Entre los pollos, las abejas melíferas y el gusano cerebral, me he quedado casi como estaba. Estoy seguro de que a alguna oenegé no le gustarán las conclusiones de este libro. Entre otras, dice que “si alguien está enganchado a ayudar a los demás, sólo por el placer que esta ayuda les ofrece y el dolor que les permite evitar, sus acciones no hacen que sean altruistas”. Y también: “el altruismo psicológico puede apoyar la maldad moral”, y refiere casos como el de los nazis, o la inquisición y la conquista o la esclavitud. “Ayudar para librar al pueblo alemán de los judíos, o a los negros de su barbarie, o a los indígenas de su atraso”. Peliagudo asunto, más de moda que nunca.
Más que aclararme si el ser humano es altruista por egoísmo –paradoja-, me ha confundido esta obra. Entre los pollos, las abejas melíferas y el gusano cerebral, me he quedado casi como estaba. Estoy seguro de que a alguna oenegé no le gustarán las conclusiones de este libro. Entre otras, dice que “si alguien está enganchado a ayudar a los demás, sólo por el placer que esta ayuda les ofrece y el dolor que les permite evitar, sus acciones no hacen que sean altruistas”. Y también: “el altruismo psicológico puede apoyar la maldad moral”, y refiere casos como el de los nazis, o la inquisición y la conquista o la esclavitud. “Ayudar para librar al pueblo alemán de los judíos, o a los negros de su barbarie, o a los indígenas de su atraso”. Peliagudo asunto, más de moda que nunca.
Individuo contra estado
No tengo medios para situarlo, pero quizás esta obra sea de finales del XIX. “El individuo contra el Estado”, de Herbert Spencer. El azar, bendito azar, me llevó a leerlo unos días después del accidente de Valencia en el metro. Vean:
“El puente de Tay se hundió con un tren lleno de gente. En todas partes se levantaron gritos contra el ingeniero, la empresa, etc., pero nadie hablo, o si habló alguien, fue muy poco, del funcionario que había dado al puente la aprobación oficial. No se reflexiona que, bajo la dirección y por consecuencia de las prescripciones de los agentes del gobierno, se producen grandes calamidades”.
Spencer no hablaba del Prestige -¿cuándo responderá alguien?-, sino de los pequeños desastres cotidianos de la administración. Sentencia: “legislación mala es sinónimo de ataque a la vida de los hombres”. Aquí en España sabemos mucho de legislar a golpe de telediario o por sugerencia de iluminados en tertulias. No soy yo, es Spencer quien escribe: “el legislador no conoce a la milésima parte de los ciudadanos: no ha vista a la centésima parte de ellos; únicamente tiene escasas noticias de los hábitos, costumbres y modo de pensar de los mismos; y no obstante, cree firmemente que todos obrarán como él prevé y tendrán al fin que desea ver cumplido. ¿No se observa aquí una pasmosa incongruencia entre las premisas y la conclusión?”. Y añade: “no pueden tener competencia para ejercer las funciones legislativas quienes carezcan del profundo conocimiento de esas experiencias legadas por el pasado”. ¿Conoce alguno de ustedes el currículum de nuestros legisladores? Si es así, no me lo cuenten: aún confío en el género humano y en la ciudadanía.
Es encomiable el comienzo del capítulo titulado “La superstición política”: “La superstición política de lo pasado era el derecho divino de los reyes; la de hoy es el de los Parlamentos. El óleo santo parece haber pasado de la cabeza de uno a las de muchos, consagrándolos a ellos y a sus decretos”. Spencer, todo un personaje que dijo: “la adoración del poder legislativo es menos excusable que la del fetiche en Guinea”. O cómo no confundir leyes y realidad. Un libro que muchos jueces pasaron por alto, así como muchos abogados obviaron a Kafka.
“El puente de Tay se hundió con un tren lleno de gente. En todas partes se levantaron gritos contra el ingeniero, la empresa, etc., pero nadie hablo, o si habló alguien, fue muy poco, del funcionario que había dado al puente la aprobación oficial. No se reflexiona que, bajo la dirección y por consecuencia de las prescripciones de los agentes del gobierno, se producen grandes calamidades”.
Spencer no hablaba del Prestige -¿cuándo responderá alguien?-, sino de los pequeños desastres cotidianos de la administración. Sentencia: “legislación mala es sinónimo de ataque a la vida de los hombres”. Aquí en España sabemos mucho de legislar a golpe de telediario o por sugerencia de iluminados en tertulias. No soy yo, es Spencer quien escribe: “el legislador no conoce a la milésima parte de los ciudadanos: no ha vista a la centésima parte de ellos; únicamente tiene escasas noticias de los hábitos, costumbres y modo de pensar de los mismos; y no obstante, cree firmemente que todos obrarán como él prevé y tendrán al fin que desea ver cumplido. ¿No se observa aquí una pasmosa incongruencia entre las premisas y la conclusión?”. Y añade: “no pueden tener competencia para ejercer las funciones legislativas quienes carezcan del profundo conocimiento de esas experiencias legadas por el pasado”. ¿Conoce alguno de ustedes el currículum de nuestros legisladores? Si es así, no me lo cuenten: aún confío en el género humano y en la ciudadanía.
Es encomiable el comienzo del capítulo titulado “La superstición política”: “La superstición política de lo pasado era el derecho divino de los reyes; la de hoy es el de los Parlamentos. El óleo santo parece haber pasado de la cabeza de uno a las de muchos, consagrándolos a ellos y a sus decretos”. Spencer, todo un personaje que dijo: “la adoración del poder legislativo es menos excusable que la del fetiche en Guinea”. O cómo no confundir leyes y realidad. Un libro que muchos jueces pasaron por alto, así como muchos abogados obviaron a Kafka.
María Antonia Iglesias, esa mujer
Es un fenómeno mediático. Como dijo el gran opusdeísta Roberto Ledo –yo doy nombres reales, soy real, no uso máscaras, por muy cara que sea mi osadía, aunque escalde al gato y éste vaya de noche-, “los peces gordos comen en todas las tertulias”. Y ahí la tenemos, a ella, a esa comunicadora, ese torbellino de la sentencia progre, ese haz luminoso de la izquierda, en la Radio Galega, en lo que InTeresa, en cualquier tele sin avisar, repartiendo sabiduría, moral, saber ser, deber estar, comulga y no mires a quién da la ostia, traga y vencerás. Es ella. Es María Antonia Iglesias. Periodista. Hábil pergeñadora de telediarios con Felipe González, ese faro del socialismo rosa con bombones Ferrero y hoy devenida en una periodista más que hace política. Al menos, su colega Luis Herrero y se metió al PP. Ella también debería ir al EuroParlamento. Y no se estropearía la cara con tanto maquillaje televisivo y tantos focos peligrosos para el cutis.
Sin ir más lejos, el 18/07/06, pedía –igual que Fernando Ónega, otro sabio que inventa palabras en galego- más mano dura para los pirómanos, incendiarios y conductores peligrosos. Más cárcel. Como Berlanga, de “La escopeta nacional” a “Todos a la cárcel”, esto es un país de chiste. El “charanga y pandereta” de Machado quedó corto. María Antonio pide palo y poca zanahoria.
Más, este dechado de sabiduría, esta proteica luminaria de las tertulias lentejiles, en el mismo programa debió opinar sobre la masificación de las cárceles. Y claro, tuvo que rallar algo el palo, pues zanahoria no le quedaba. Que si hay que buscar la reinserción, dedicar más medios, que es irracional que en verano haya menos carceleros…. María Antonia Iglesias entrevistó demasiadas veces a Fraga. Es más reaccionaria que muchos del PP, por mucho que brame, a petición de sus amigos progres, contra la derechona.
No sé si lo pondrán disfrutar, pero es todo un espectáculo oír en la misma tertulia a esta encantadora mujer y a Xosé Manuel Beiras. Lo consiguió Tino Santiago en “Crónica”. Ahí sí que se veía retratada. Lo malo es que Beiras es un caballero.
Sin ir más lejos, el 18/07/06, pedía –igual que Fernando Ónega, otro sabio que inventa palabras en galego- más mano dura para los pirómanos, incendiarios y conductores peligrosos. Más cárcel. Como Berlanga, de “La escopeta nacional” a “Todos a la cárcel”, esto es un país de chiste. El “charanga y pandereta” de Machado quedó corto. María Antonio pide palo y poca zanahoria.
Más, este dechado de sabiduría, esta proteica luminaria de las tertulias lentejiles, en el mismo programa debió opinar sobre la masificación de las cárceles. Y claro, tuvo que rallar algo el palo, pues zanahoria no le quedaba. Que si hay que buscar la reinserción, dedicar más medios, que es irracional que en verano haya menos carceleros…. María Antonia Iglesias entrevistó demasiadas veces a Fraga. Es más reaccionaria que muchos del PP, por mucho que brame, a petición de sus amigos progres, contra la derechona.
No sé si lo pondrán disfrutar, pero es todo un espectáculo oír en la misma tertulia a esta encantadora mujer y a Xosé Manuel Beiras. Lo consiguió Tino Santiago en “Crónica”. Ahí sí que se veía retratada. Lo malo es que Beiras es un caballero.
Acato, pero discrepo. ¿O no?
Que a alguien le pidan 96 años de cárcel por escribir dos artículos de prensa en un periódico revela un sistema penal, legislativo y judicial enfermos. O que algunos somos muy legos en derecho, pues ni la sinrazón podría justificar tamaña desproporción.
En determinados tribunales de este país, todos contaminados por las mismas leyes heredadas de Franco o incluso antes, se hace derecho penal de autor: no se pena por el hecho, sino por el que lo hace. Los nazis también eran demócratas. Los franquistas, demócratas orgánicos.
“Desgraciadamente, las leyes las hacen los que dirigen, es decir, los ricos”. “Cuando se juzga a un pobre por un pequeño robo de productos alimenticios en un gran almacén, por ejemplo, se le condena y a menudo va a prisión pronto. Cuando un rico estafa a centenares de personas haciéndolas pagar avances de apartamentos que jamás acabarán de construir del todo, se beneficia con frecuencia de la indulgencia de los jueces y es raro que se encuentre en prisión”. No, no está escrito ayer. No habla de Marbella, ni de los Albertos, ni del Lute. Es Denis Langlois, un francés que publicó en los 80 “La injusticia contada a los niños”. Aquí lo publicó Narcea. Más joyas: “desgraciadamente, cuando se posee el poder, se intenta abusar de él. Sucede todavía con frecuencia que se pega a las personas en las comisarías. Los que comenten tales brutalidades deberían ser severamente castigados, pero esto no se suele dar casi nunca”. No concuerda mucho con la doctrina de Caldera ministro de Trabajo: “La policía no da brutales palizas”, que ya comenté aquí, y menos con la doctrina López Aguilar, ministro de justicia, que dic que el 100% de las denuncias de torturas son falsas. Mentía menos cuando tertuliano de Gemma Nierga, esa demócrata de saloncillo que pone firmes a los presos de Valdemoro desde la Ser.
El galo, Langlois, es de agárrate. Ni que su país, tras siglos de democracia, fuera peor que el nuestro: “como la justicia, la policía no trata de la misma manera a todos los ciudadanos”. Este libro contiene ideas peligrosas, y más para los niños. Debería ser incluido en un índice y supervisado por la Audiencia Nacional. Manuel Rivas dice que los libros arden mal. Pero hay jueces pirómanos y dueños de gasolineras.
Como consuelo, Langlois dice en la conclusión al niño que aún me habita: “No olvides nunca que la violencia se vuelve siempre contra aquel que la utiliza”. Y no hay mayor violencia que la injusticia y la desmesura.
En determinados tribunales de este país, todos contaminados por las mismas leyes heredadas de Franco o incluso antes, se hace derecho penal de autor: no se pena por el hecho, sino por el que lo hace. Los nazis también eran demócratas. Los franquistas, demócratas orgánicos.
“Desgraciadamente, las leyes las hacen los que dirigen, es decir, los ricos”. “Cuando se juzga a un pobre por un pequeño robo de productos alimenticios en un gran almacén, por ejemplo, se le condena y a menudo va a prisión pronto. Cuando un rico estafa a centenares de personas haciéndolas pagar avances de apartamentos que jamás acabarán de construir del todo, se beneficia con frecuencia de la indulgencia de los jueces y es raro que se encuentre en prisión”. No, no está escrito ayer. No habla de Marbella, ni de los Albertos, ni del Lute. Es Denis Langlois, un francés que publicó en los 80 “La injusticia contada a los niños”. Aquí lo publicó Narcea. Más joyas: “desgraciadamente, cuando se posee el poder, se intenta abusar de él. Sucede todavía con frecuencia que se pega a las personas en las comisarías. Los que comenten tales brutalidades deberían ser severamente castigados, pero esto no se suele dar casi nunca”. No concuerda mucho con la doctrina de Caldera ministro de Trabajo: “La policía no da brutales palizas”, que ya comenté aquí, y menos con la doctrina López Aguilar, ministro de justicia, que dic que el 100% de las denuncias de torturas son falsas. Mentía menos cuando tertuliano de Gemma Nierga, esa demócrata de saloncillo que pone firmes a los presos de Valdemoro desde la Ser.
El galo, Langlois, es de agárrate. Ni que su país, tras siglos de democracia, fuera peor que el nuestro: “como la justicia, la policía no trata de la misma manera a todos los ciudadanos”. Este libro contiene ideas peligrosas, y más para los niños. Debería ser incluido en un índice y supervisado por la Audiencia Nacional. Manuel Rivas dice que los libros arden mal. Pero hay jueces pirómanos y dueños de gasolineras.
Como consuelo, Langlois dice en la conclusión al niño que aún me habita: “No olvides nunca que la violencia se vuelve siempre contra aquel que la utiliza”. Y no hay mayor violencia que la injusticia y la desmesura.
Lo niego, por complicado
En la portada, Marx con muletas. Es el último ejemplar de El Viejo Topo que Tino me ha pasado. Tiene secciones gloriosas, como la de la tercera página, con cifras “A sangre fría” con las que López Arnal nos deja literalmente secos, tiesos.
Un pero: a los resistentes de izquierdas se le agotan los iconos. Gastado Marx, manoseado el Che, trillado el conflicto palestino, saturados de globalización, El Viejo Topo se repite con Chomski, acoge en su seno a Leo Bassi, como bufón anarquista revolucionario, intenta resucitar a antiguos luchadores contra el franquismo.
En esos ejercicios de resurrección se encuentran joyas, carbono que deviene en diamante. Me ha pasado con Georgescu-Roegen, un economista que, con sangre caliente, nos trae López Arnal. Sólo por esta frase es digno de ser leído el artículo conmemorativo: “sus teorías, su obra fue tan respetuosamente recibida como rápidamente dejada de lado”. Las alusiones al “viejo expediente de negar la realidad complicada”, al círculo vicioso de la maquinilla de afeitar y al modelo neoliberal que propugna “la zorra libre en el gallinero libre” completan este resurgimiento.
Despido el razonamiento con otra frase en esta revista que hace pensar: “una persona en un puesto superior a su capacidad es un espectáculo deplorable”. Un aforismo que no pierde vigencia.
Un pero: a los resistentes de izquierdas se le agotan los iconos. Gastado Marx, manoseado el Che, trillado el conflicto palestino, saturados de globalización, El Viejo Topo se repite con Chomski, acoge en su seno a Leo Bassi, como bufón anarquista revolucionario, intenta resucitar a antiguos luchadores contra el franquismo.
En esos ejercicios de resurrección se encuentran joyas, carbono que deviene en diamante. Me ha pasado con Georgescu-Roegen, un economista que, con sangre caliente, nos trae López Arnal. Sólo por esta frase es digno de ser leído el artículo conmemorativo: “sus teorías, su obra fue tan respetuosamente recibida como rápidamente dejada de lado”. Las alusiones al “viejo expediente de negar la realidad complicada”, al círculo vicioso de la maquinilla de afeitar y al modelo neoliberal que propugna “la zorra libre en el gallinero libre” completan este resurgimiento.
Despido el razonamiento con otra frase en esta revista que hace pensar: “una persona en un puesto superior a su capacidad es un espectáculo deplorable”. Un aforismo que no pierde vigencia.
Oficio de luces y tinieblas
Finiquité el ambicioso “El oficio de escribir”, una obra de Ramón Nieto (Acento, 1996). Esperaba recreaciones en el ombligo de los que escribimos pero encontré algo más que lugares comunes y reflexiones tópicas. Les amenazo con algunas:
“El escritor se dedica a poner todo su empeño en hacer aquello que no sabe”, dice Nieto. Y se acuerda de Lorca, que en una entrevista confesó: “Cada mañana olvido lo que escribí la víspera”. Faulkner hablaba del “demonio de escribir” y Roland Barthes clasificaba en escritores a los que lo ven como sacerdocio y escribientes a los asalariados del texto.
Ortega apuntaba que “escribir bien consiste en hacer pequeñas erosiones a la gramática, al uso establecido, a la norma vigente de la lengua. Es un acto de rebeldía contra el contorno social, una subversión”.
Un suizo que no conozco, Hugo Loetscher, dijo: “el novelista tiene por tema la corrupción, por medio la ironía, por fin la claridad”. Pero Nabokov le replica: “No tengo ningún mensaje que dar: no soy telegrafista”. Con los que dicen que la literatura no vale para nada ahí va mi discrepancia: la mala literatura judicial te puede encadenar. Aunque eso entraría más en el terreno de los que no saben leer la realidad y tienen poder: más peligrosos que la dinamita de Nobel.
“El escritor se dedica a poner todo su empeño en hacer aquello que no sabe”, dice Nieto. Y se acuerda de Lorca, que en una entrevista confesó: “Cada mañana olvido lo que escribí la víspera”. Faulkner hablaba del “demonio de escribir” y Roland Barthes clasificaba en escritores a los que lo ven como sacerdocio y escribientes a los asalariados del texto.
Ortega apuntaba que “escribir bien consiste en hacer pequeñas erosiones a la gramática, al uso establecido, a la norma vigente de la lengua. Es un acto de rebeldía contra el contorno social, una subversión”.
Un suizo que no conozco, Hugo Loetscher, dijo: “el novelista tiene por tema la corrupción, por medio la ironía, por fin la claridad”. Pero Nabokov le replica: “No tengo ningún mensaje que dar: no soy telegrafista”. Con los que dicen que la literatura no vale para nada ahí va mi discrepancia: la mala literatura judicial te puede encadenar. Aunque eso entraría más en el terreno de los que no saben leer la realidad y tienen poder: más peligrosos que la dinamita de Nobel.
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