Sobre un artículo a mi favor

Que alguien desde la admiración sincera o desde el simple cariño escriba algo positivo sobre uno es enternecedor. Pero las carnes no se ponen tiernas así como así cuando me meten en una ensalada, cuando menos, discutible. Una ya tiene una coraza lo suficientemente de rinoceronte como para pasar por alto tamaño atropello. El fallo puede que sea mío, pues bebo en otras fuentes.

Me explico: a mí Melchor Miralles me suena, no por el GAL (cuando diga lo que fue el GAL carcelario y quiénes lo formaban, me convencerá), sino por incitar al delito y engañar con una periodista de 21 años a un abogado madrileño. No le han abierto causa, aún hay categorías. Él tiene un grupo detrás, yo soy independiente, un francotirador, no me cubre nadie.

Y a Antonio Salas lo conozco personalmente. Tampoco es santo de mi devoción, aunque visitemos los mismo confesionarios y nos mueva el mismo objetivo.

Todo lo demás son intuiciones -¿intocables? ¿quizás un fiscal, alguien del Arny, un conocido del Duque de Feria, que estaba en mi colección de 200.000 imágenes-, topicazos –millones de dólares, ni uno, nada, cero, miren mi responsabilidad civil, mi sentencia misma- y divagaciones. En lo mío sólo hay esto: incompetencia extrema –de mis tres abogados-; necedad fanática absoluta –del opusdeista Jesús Santos Alonso, fiscal acostumbrado a pedir cientos de años a terroristas y narcos- e ignorancia cuasi senil de Vázquez Honrubia, que no sabe, ni quiere saber, lo que es Internet.

Otra aclaración: ¿qué sentencia pedagógica puso Vázquez Honrubia? En la Audiencia Nacional, antes Tribunal del Orden Público, sito en la antigua avenida de José Antonio, no hay sentencias de ese calibre, sino excepcionales, pues es un tribunal de excepción. Gatopardo: no minusvalores a Gallizo. Sabe de sobra quién soy. Por eso se cuidó de no dejarme ir a la entrega de premios. La muy cobarde me envió una pluma y un tarjetón. Si Kafka levantara la jeta…

Censura adobada con desfachatez

Premios “Libertad bajo palabra”, un programa de Radio Nacional que emite Radio 5 Todo Noticias los jueves de 23 a 24. Participaron 238 presos de toda España. Los premios eran jugosos: 2000 euros para los 3 primeros, 1500 para otros dos, una para el ganador de La Cárcel del Futuro y otro para El Más Creativo. No está nada mal frente a los ridículos 300 euros de la mayor parte de los concursos –pocos- que se hacen en los presidios españoles. Para los no enterados, un preso tiene como máximo para gastar cada semana 65 euros, esto es, 260 euros en un mes. Un primer premio de 300 euros –a veces ponen 290, ¿qué administrador es tan rácano para rebajar eso?- supone, como mucho, dos meses de peculio –así le llaman a la paga, como la que daban a sus esclavos los romanos, no lo olvidemos.

A lo que iba: se hace la entrega de premios en un sitio que no indicaban las bases (fue en la cárcel de Córdoba y tenía que ser en Sevilla, en la sede de Caja San Fernando) y, por encima, no avisan a todos los premiados. Tan sólo se comunica que lo han ganado, pero ni se le da oportunidad de negarse a ir de conducción en esos infernales transportes de ganado que usa la Guardia Civil en el siglo XXI. La desfachatez ya ha sido descrita, ¿tengo que interpretar también censura?. Como ganador del premio al más creativo, sólo he sido citado, y de pasada, por Mercedes Gallizo en los últimos minutos del programa “Sin Libertad y Sin Palabra”, que dirige el mítico ya –que no es lo mismo que ya mítico- Roberto Loya. Sin embargo, otros ganadores han sido elogiados y vapuleados –es un vapuleo y una falta de todo decir que ramón Rosa, el ganador del relato “La cárcel del futuro” “no parecía un preso”, ¿es que se ve en la cara o en algo que alguien es un preso? –lástima del traje a rayas, a algunos les ayudaría mucho reimplantarlo- en programas como El Ojo Crítico o El Ombligo de la Luna.

En fin, espero que Lidón Sos me dé mi lote de libros y que Caja San Fernando me ingreso los 1500 euros. Yo ya lo tengo claro: no seguiré echando margaritas a los cerdos. Espero colgar, en cuanto pueda, mi relato. Antes de que Manuel Pimentel lo fusile en su editorial Almuzara. Lo único que me consuela es comprobar, otra vez, mi grado de malditismo y el miedo que doy como criminal. Si Jean Genet levantara la cabeza… pero no hay Sartres ni Foucaults en este país llamado Españeta.

Otro día les cuento cómo me fue con Javier Lostavé, el único al que pediré explicaciones porque aún creo en la poesía…

Tú te lo pierdes

Insistente, como buena parte de los sectarios. Pero a la vez irritante, lo que colma mi proverbial paciencia. En el lugar donde vivo, escribía Wilde, la paciencia no basta, es necesaria la apatía. Pero Sor Tripis me saca de las casillas, es superior a mi. Imagino que será su voz.

En su última incursión, haciéndose la loca, como si no me hubiera visto nunca, me suelta: “¿Pero cómo no viene a las charlas evangélicas, con lo lindo que tú eres?”. Mi contestación: “Porque soy ateo y no hay forma de hacérselo entender”. “Pues tú te lo pierdes”. “No, no, yo no me pierdo nada, usted sí que ha perdido su vida y su personalidad con eso”. “Uy, ¡qué dices!”.

Sí, vidas perdidas. A veces por no querer enfrentarse al mundo. Otras, por buena fe, la única que comprendo. En determinadas circunstancias, con su inmenso poder, algunas instituciones –iglesias, ejércitos- son la única salida para los más inteligentes de entre los desfavorecidos. Pero: ¿quién le explica esto a quien ya no puede dar marcha atrás? ¿O sí se puede cambiar de vida? Creo que para empezar de nuevo –me lo han dicho muchos exiliados y refugiados- sólo hace falta eso: vida y salud. Ni siquiera equipaje. Nadie dijo que fuera fácil. Es el “nunca es tarde”, el retomar las riendas. Un precepto evangélico: déjalo todo y sígueme. Síguete a ti mismo, descubre el dios que llevas dentro, dicen las filosofías orientales. Sócrates y los antiguos griegos -3000 años nos contemplan- iban por ahí.

Y más si eres mujer: recupera tu feminidad, tu sexo prohibido, tu propia ropa, tu libertad. Esa verdad que te dijeron que te haría libre te ha recluido en un hábito y a veces en un recinto. Siempre con normas de hombres que nunca han tenido en cuenta a la mujer, sólo para negarla y culpabilizarla.

La seducción del éxito

No me lo podía creer. De otro sí, de él no. ¡Con qué rapidez caen los ídolos! ¡Qué barro más fino rellena sus estatuas! Pero era él y escribía sobre Vargas Llosa: “envidiable modelo de intelectualidad”. En el desopilante y babeante artículo-entrevista detalla: “para desempeñar su función periodística y opinante, cuenta con un fiel equipo de tres capaces secretarias y el mencionado mayordomo –que le limpia sus 15.000 libros cada día-“, lo cual, oh cielos, “le permite escribir artículos de precisión logística”.

Mis medios técnicos me impiden colgarles aquí mismo en mp3 o similares la gran carcajada que Hernán Migoya me provocó con esta bajada de pantalones ante Llosa en la revista Qué Leer. Tampoco me permite mi obsoleto bic –sí, yo escribo con bolígrafo- mostrarles la mueca de desasosiego que se me quedó al ver que el autor de “Todas putas” cree con una tal Elsa Esparbé, que Vargas “lee como un animal”. Yo asisto a un club de lectura con alguien que lee así. Y en eso se queda, con perdón de las bestias. Le auguro a Migoya grandes éxitos en el futuro. Pero, voto a bríos, ¡fuera del panteón de mis heterodoxos!.

Lado oscuro

“Pienso que ambos estaban dispuestos a mirar el lado oscuro de la naturaleza humana, a hurgar en nuestros instintos más bajos, sin la intención de emitir juicios”. Escribe esto Matthew Pearl, autor de un libro donde une a Dante con Poe. Vaya casualidad, en “Alicia en el lado oscuro” también quedaron unidos por el argumento, si es que un ensayo posee hilo argumental. Quizás ensayo es un término errado: un antiguo profesor llegó a calificarlo de novela-río. Quiero creer que es más sabio que yo.

Pero lo más importante de esa frase de Pearl para mí no es lo del “lado oscuro”, sino el final: “sin la intención de emitir juicios”. Sólo alguien que ha sido juzgado y que conoce los entresijos del teatro justiciero puede valorar lo que eso significa. El mejor resumen de esta idea que intento trasladarles, con tanta dificultad, lo hizo Lewis Carroll, otro héroe con Dante y Poe, cuando escribió: “Las palabras tienen dueño”. Y no era yo.

Pearl explica que la profesión –mejor, oficio- de escritor “no es romántica, resulta tediosa, frustrante y está marcada por la constancia”. Nada que objetar, quizás se ha quedado corto.

Otras víctimas

Ante el comienzo del diálogo con ETA y viendo que toda la prensa da voz sólo a una parte de las  víctimas del conflicto, me ha parecido oportuno reproducirles esta carta aparecida en Gara en junio de este año. Saquen ustedes sus propias conclusiones. Aunque sé que contra el pensamiento único hay poco que hacer.

Quince años sin ti, quince años contigo.

Hace quince años que te arrancaron de nuestro lado. Quince años recorriendo carreteras.

Quince años pensando en ti al despertar, durante el día y sobre todo por la noche al acostarme.

Quince años viéndote tras los barrotes y el sucio cristal.

Quince años compartiendo 180 vis a vis, unos 90 para nosotros y los otros 90 para tus hermanos, algunos todos juntos… pero, al fin y al cabo, en quince años noventa abrazos…

Quince años pidiendo a Dios que no caigas enfermo, que no tengas problemas ni con carceleros ni con los otros presos, que estos últimos te respeten y muchas otras cosas que a las amatxos nos pasan por la cabeza, pero… quince años respetando tu difícil decisión y quince años queriéndote con toda el alma.

Quince años de miedos cada vez que tus hermanos y Karlos se ponen en carretera para después de 1.100 km. verte y volver a hacer otros 1.100, hasta verlos en casa y…

Quince años pidiendo a Dios salud para poder vivir el día de tu puesta en libertad.

Quince años agradeciendo a tus amigos por no olvidarte y por bajar a verte siempre que pueden. Quince años agradeciendo a tus hermanos y a Karlos que nos ayuden a tirar “palante”. Y así, mi querido hijo, tiraremos otros quince años o lo que sean porque…

Zurekin beti. Ama.
Rosa Mª de Paz - Bilbo

Azar, es tu semana

Las ancianas gallegas –as vellas- lo expresan así: “Tíñaa alí” o “Tocoulle”. La tenía allí. Le tocó. La muerte. La desgracia. La lotería que nadie quiere que le toque pero para la que todos tenemos una bolita en el gran bombo del vivir. Ancianas que, pese a su beatería, a su fe católica profunda, no se pueden sustraer a ese paganismo que tantas cruces sobre piedras mágicas no podrán borrar.

La semana pasada, el azar fue protagonista. Manuel Vicent lo proclamaba en El País, contraponiéndolo a la culpa. Otros tertulianos le pregonaban en la radio: el desastre de Valencia fue, en parte, producto del azar. También que cuatro días después viniera un dictador teocrático a rezar a la estación de Jesús –vaya casualidad-. Los políticos –ojo con Juan Cotino, acuérdense de la Constitución Siniestra, lo s que pierden votaciones deberían ser ejecutados para que no arrastren su indignidad por más puestos- llaman azar, fatalidad, a una cadena de incompetencias. Algún oyente de radio llega a decir que la tragedia de los 42 muertos fue terrorismo por negligencia. Según eso, los cristianos creen en un terrorista negligente todopoderoso. Su dictador, del Vaticano vendrá a preguntase dónde estaba Dios otra vez más y a darse golpes de pecho suaves. Rezarán y no hubo nada.

Hay otros azares, como que azahar tenga sólo una hache y una a más y que Valencia forme parte de la Costa del Azahar, la flor del naranjo. Es azar que Benedicto XVI visite esa semana esa ciudad. Y que Galicia la misma semana sea una potencia criminalística: asesina de ancianas, asesino por celos, asesino depredador sexual. Y es azar la mayor parte de lo que escribo, y de que ustedes se hayan topado con este blog, y que Horacio Quiroga haya escrito el cuento “El hombre muerto” hace casi un siglo y siga explicando tan bien lo que es la línea entre la vida y la muerte. Quiroga puso: “Es éste el consuelo, el placer y la razón de nuestras divagaciones mortuorias: ¡Tan lejos está la muerte y tan imprevisto lo que debemos vivir aún!”. El uruguayo lo tuvo claro: “Nada, nada ha cambiado. Sólo él (el que se muere) es distinto”. Azar, Dios, fatalidad: nada ha cambiado. Julio Iglesias, que también tiene mucho que ver con el azar y el azahar –Zaplana-: la vida sigue igual. Y las viejas gallegas, que dirán, tras el “tíñaa alí”, su consabido “Deus os teña na gloria”. Y con ellos, ateos y creyentes, diremos “amén”.

Los "listos" de la Audiencia Nacional

Buscan genocidas fuera y se burlan de ellos. Normal. Lo de Santiago Pedraz, el juez de la AN que buscaba protagonismo en Guatemala, es lógico. Garzón en Chile y Argentina, y ahora este fenómeno en otro país, ¡oh curioso!, sudamericano. Son tan listos que se creen que aquellos países, tercer o cuarto mundo, no son capaces de juzgar a sus criminarles. Y quienes no somos capaces, perdonen la insistencia en esta herida sin cerrar, somos los españoles, los herederos de la cuneta y el paseo.

Raimundo Fitero, en referencia a otro “listo” de la AN, escribe: “Lo escribo despacito: no se puede prohibir una manifestación. Es pecado de lesa democracia. No se puede callar una voz, primero se escucha y después, si procede, se aplica la ley. Lo que está haciendo el excelentísimo juez con perrita es una provocación, una estrategia del grito, una actuación coordinada con el señor Acebes. Es antidemocrático prohibir una manifestación. Lo es y lo será siempre, con ley de partidos o sin ella. Que se manifieste quien quiera y después apliquen la ley”. Pero Grande-Marlaska no es de este mundo. Como tantos jueces, confunde la ley con la realidad. Y mira para otro lado cuando se le explica que esta pseudodemocracia está enterrada en la gran mentira de la transición, en la fosa común sin cubrir del franquismo, donde el Viejo Tribunal de Orden Público, en la vieja Avenida de José Antonio, hunde sus tenebrosas raíces.

Lanzo retos  a Garzón, Pedraz y Marlaska para que no se bajen nunca del lucero mediático: investiguen el actual genocidio en Irak y Palestina. Quizás Bush y el sustituto de Sharon se avengan a lo que no se avinieron en Guatemala. Porque ellos son los más democráticos de la pseudodemocracia mundial.

Esclavos y negreros

Es el título de un libro de Jean Meyer. Aguilar Universal, 1989. la historia del holocausto esclavista. Del comercio de la “madera de ébano”. Algo por lo que aún no hemos pedido suficiente perdón, pues el colonialismo tiene múltiples disfraces.

“La trata de negros en serio se inició cuando las potencias europeas necesitaron mano de obra para sus imperios coloniales”, dice Meyer. Para que tuviéramos café, azúcar, tabaco y chocolate barato. ¿Les suena? Vayan a cualquier tienda de comercio justo y se lo cuentan.

Los traficantes eran burgueses muy ricos. El padre de Chateaubriand, por ejemplo. Un francés al que la progre de salón Rosa Montero usa contra Napoleón tras no entender nada de “Memorias de Ultratumba”. La conciencia de estos tratante estaba limpia. Como los nazis hicieron con los judíos –para limpiar la humanidad-, los negreros buscaban civilizar a los africanos y que dejaran de pelear entre sí. Ellos, europeos que por la religión llevaban siglos asesinándose… Dos datos escalofriantes: la esclavitud se abolió en Arabia Saudí en 1963. En Mauritania en 1980. En EPS están con la ablación. ¡Si sólo pasaron 25 años!.

¿Son necesarias las chorradas?

Sí. Y sanas. Sobre todo cuando hacen pensar. El libro se titula en realidad “¿Son necesarios los hombres?” y su autora es Maureen Dowd. Escribe en NYT, aquel diario que llamó a Faulkner obseso en la necrológica.

Dice que su obra es sarcástica. Es un alivio. Propagar que según un biólogo, lo único que van a necesitar las mujeres en un futuro será un pequeño congelador donde guardar esperma es, supongo, angustioso. Para el género testosterónico, digo. Menos mal que otro biólogo refutó con “un banco de esperma jamás reemplazará una cama doble”. No lo he leído aún, pero mucho me temo que no sobrepase a un monólogo de El Club de la Comedia sobre la típica guerra de sexos. Yo tampoco le pido más a un libro. Reírme.

Ética como estética

Me preocupa que los reportajes que más me interesan, las noticias que más me emocionan o indignan las tenga que leer en Gara. Alguien –en otros medios- no está haciendo bien su trabajo. Por ello, gracias a Gorka Andraka, a Raimundo Fitero o a Joseba Vivanco.

Una de ellas es la venta por parte del gobierno de Noruega de 337 millones de euros que tenía invertidos en su Fondo del Petróleo en Wal-Mart, el gigante USA de la distribución. Y van 19 multinacionales con las que Noruega ha cortado relaciones. ¿Qué hace Wal-Mart que no le gusta a los noruegos? Emplea a menores, permite condiciones laborales insalubres, bloquea la creación de sindicatos y discrimina en salarios a las mujeres. “Por algo es la número uno”, dice con sarcasmo Gorka. Otro gobierno que toma nota, esta vez con el Sáhara es el de Australia. Pide a sus empresas que no inviertan allí pues es un territorio invadido, secuestrado por Marruecos. Quizás Pedro J. debería hablar más de esto y menos del 11M.

El punto final de estas lecciones de ética son las que reciben entre masacre y barbarie los soldados de USA en Irak. No es un sarcasmo. Es un producto avanzado para maquillaje de democracias estéticas. Orgánicas las llamaba “franquito”. Pancracias las rebautizó: el gobierno sobre todo. Y legislo con embudo.

Obsesiones

“Los escritos del señor F. mostraban una obsesión por el asesinato, la violación, el incesto, el suicidio, la avaricia y otras depravaciones que no existen en ningún lugar a excepción de la mente del autor”. Duro texto para un obituario. Una sandez como crítica literaria, que imprimió como necrológica el 17-7-1962 el The New York Times. Publicado un día después de su muerte. El señor F. es William Faulkner.

A veces, como hacía F., los escritores reflejan la sociedad en que viven. Ésta, como nuestro cerebro, es incapaz de mirarse a sí misma, o, si se refleja en el espejo, le repugna lo que ve y lo oculta. El mismo periodismo, incluidos los obituarios, es una sutil deformación de la realidad. Ya cité a Nietzsche –tropezón de Tatiana en esta selectividad- en su “¿cuánta verdad está dispuesta a soportar un hombre?” célebre.

Se lo recomendaba a los lectores de un pequeño –y creo que desaparecido- periódico local del Barbanza: lean a Faulkner. Por ejemplo, “Las palmeras salvajes”, la profecía sobre el huracán Katrina pero casi 100 años antes. El americano confesaba: “La única responsabilidad del escritor es el arte. Si es bueno, llegará a ser despiadado. Tiene un sueño que le angustia, quiere librarse de él. No tendrá paz hasta que lo haga. Le va todo en ello: el honor, el orgullo, la decencia, la seguridad, la felicidad, todo, por escribir el libro. Si un escritor tiene que robar a su madre, no vacilará”. Un auténtico yonqui de las Letras. Quizás el juntaletras del NYT no se equivocó.

Alicia en el lado oscuro

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