Lengua, otra vez


Yo decía -y sostengo- que es una oportunidad. Aquí

Una de las entradas más visitadas en este blog (una bitácora personal, insisto: esto es un diario de anotaciones para el que suscribe, no busca sentar cátedra ni hacer méritos en ningún sitio) es la titulada "Castrapo".

Ante los últimos acontecimientos en Galicia, parece que parte de los que gobiernan y buena parte de los que nos ven con lupas foráneas no entienden nada: lo que se busca es que el gallego no desaparezca y se pueda hablar -al menos en la comunidad autónoma gallega- en igualdad de condiciones que el castellano. El mapa que ilustra este texto es muy significativo, pero quizás haya muchos soberbios -que luego piden que no se extinga el lince o lloran con películas sobre el ghetto judío en Polonia - que prefieran ver cómo se minoriza y desprecia una lengua -o galego- con tantos siglos de historia como el castellano. ¿Victimismo? No, realismo. No quiero que mi lengua materna termine como las que señalo al final del primer artículo -el de Replicante 19- citado. Ahora vendría la pregunta de los maliciosos: ¿hago yo algo para que no se extinga el gallego? Sí. Pero no voy pregonándolo ni pidiendo subvenciones por ello. Algo que tampoco entienden algunos. Ni falta que me hace: no todo es la economía, estúpidos.

Estoy paradojo


Escultura de Leonora Carrington en México D.F.

paradojo, ja.

(Del lat. paradoxus, y este del gr. παράδοξος).

1. adj. desus. paradójico.

2. f. Idea extraña u opuesta a la común opinión y al sentir de las personas.

3. f. Aserción inverosímil o absurda, que se presenta con apariencias de verdadera.

4. f. Ret. Figura de pensamiento que consiste en emplear expresiones o frases que envuelven contradicción. Mira al avaro, en sus riquezas, pobre


pulcro, cra.

(Del lat. pulcher, pulchra).

1. adj. Aseado, esmerado, bello, bien parecido.

2. adj. Delicado, esmerado en la conducta y el habla.


podredumbre.

1. f. Putrefacción o corrupción material de las cosas.

2. f. Cosa podrida.

3. f. Corrupción moral.

4. f. p. us. Sentimiento hondo y no comunicado.


A propósito de "La Pulcra Podredumbre"

Si escribo yo eso dirían que soy un resentido... Pero como lo ha escrito alguien ajeno -pero anejo-, me limito a suscribirlo. Incluso a subscribirlo.

Entrevista de trabajo


En la misma ciudad encontré este grafitti. Ahora que sé el resultado -ya lo tenía claro; en estas provincias el que no tiene padrino no se bautiza, y a veces ni con padrino- aún me gusta más. Pero no me consuela nada.

El espectador no vive

Eso parece decir Guy Debord en su "La sociedad del espectáculo":
"La alienación del espectador en favor del objeto contemplado (que es el resultado de su propia actividad inconsciente) se expresa de este modo: cuanto más se contempla, menos vive; cuanto más acepta reconocerse en las imágenes dominantes de la necesidad, menos comprende su propia existencia y su propio deseo. La exterioridad del espectáculo en relación con el hombre activo se hace manifiesta en el hecho de que sus propios gestos dejan de ser suyos, para convertirse en los gestos de otro que los representa para él. La razón de que el espectador no se encuentre en casa en ninguna parte es que el espectáculo está en todas partes."

Puede. Pero ver, contemplar, ser espectador, es parte de la vida. Aprendemos -todo- imitando a otros. Damos un salto en el aprendizaje -creamos- cuando unimos lo que nos han enseñado varios y producimos algo que podría ser original (o que al menos aún no hemos descubierto en nuestros prójimos-próximos). Hay quien sostiene que "escribir es vivir" (José Luis Sampedro tiene un libro titulado así) aunque yo, quizás también con la idea de Debord, me inclino más a pensar que escribir es recordar. Grafiar lo vivido o lo imaginado.

"Cada emigrante tiene dentro de sí una novela, o al menos un libro de viajes, pero mientras se vive no da tiempo a escribir. Debe ser otro el que lo haga, o uno viéndose en los otros. Coincido con él, y con su madre, en que no deberían existir autobiografías. Ya he dicho antes que nacemos para ser engañados y el primer gran embustero es nuestro cerebro. Por eso sobrevivimos, si lo hacemos", comentaba aquí.

Pero me gusta mucho más la cita de Faulkner en "Las palmeras salvajes": "Hace poco descubrí que la haraganería engendra nuestras virtudes, nuestras más tolerables cualidades; contemplación, ecuanimidad, pereza, dejar en paz al prójimo; buena digestión mental y física; la sabiduría de limitarse a placeres carnales; comer y defecar y fornicar y sentarse al sol, porque no hay nada mejor, comparable, ninguna cosa mejor en el mundo sino vivir por el corto tiempo en que se nos presta aliento; ESTAR VIVO Y SABERLO".

Cioran, al que algunos tacharon de pesimista, es más bien realista al decir que "cada generación vive en el absoluto, es decir, que reacciona como si hubiera llegado a la cima de la Historia". Puede que Guy tenga razón, pero si no contemplamos, si no somos espectadores de otras vidas, ¿con quién nos comparamos? Él mismo reconoce que "el origen del espectáculo es la pérdida de unidad del mundo, y la expansión gigantesca del espectáculo moderno expresa la totalidad de esa pérdida: la abstracción de todo trabajo particular y la abstracción generalizada de la producción global se encuentran perfectamente traducidas en el espectáculo, cuyo modo concreto de ser es precisamente la abstracción. En el espectáculo, una parte del mundo se representa ante el mundo, apareciendo como algo superior al mundo".

Baudelaire "jamás superó el estadio de la infancia". "Definió el genio como 'la infancia recuperada a voluntad'. La infancia vive en la fe. Pero si "el niño crece, les saca a los padres la cabeza y los mira por encima del hombro", puede darse cuenta de que "detrás de ellos no hay nada", cuenta Bataille en su "La literatura y el mal". Puede que la humanidad nunca supere la etapa infantil (por eso el pensamiento mágico de las religiones, que es imposible de superar, por más Ilustración y Revolución que se produzca o repita). Los niños necesitamos espectáculos, fragmentos de vida, divas y divos, vidas y vivos. Quizás la vida sea como la respiración: un proceso automático del cuerpo. O como la felicidad que dijo alguien: eso que ocurre mientras estamos pensando en otra cosa. Krishnamurti y toda la filosofía oriental buscaban ese imposible: la conciencia de estar vivo. Pero los monos que caminamos preferimos no darnos cuenta.

"En el mundo realmente invertido, lo verdadero es un momento de lo falso" (Versículo 9, capítulo I, La sociedad del espectáculo)

Brecht, el egoísta

Eugen Berthold Friedrich Brechter Han Culen

Les iba a recomendar un artículo sobre Bertolt Brecht y el musical que hizo a medias con Kurt Weill pero, de un día para otro, el blog (Opereta Mundi) no aparece o ha sido redireccionado al vacío (¿cibervacío?). Menos mal que lo he podido rescatar de la caché y lo puedo pegar aquí. A mí me ha interesado por mi particular inclinación a buscar el lado oscuro de los personajes históricos. Una afición que comparto con mucha otra gente, incluso con escritores con obra inédita sobre este asunto (El esqueletonista, novela que aún no he leído).

Que lo disfruten:

"Transcurrieron 25 años para que el exitoso musical La ópera de tres centavos, de los alemanes Kurt Weill y Bertolt Brecht, llegara de Berlín a Nueva York. ¿A qué se debió la demora? La explicación, aduce Robert Fulford, “involucra una historia complicada acerca de derechos de autor y una sorprendente radiografía del destacado artista Bertolt Brecht”

Los misterios siempre han rodeado a La ópera de tres centavos, el musical de los autores alemanes Kurt Weill y Bertolt Brecht. Exactamente quién escribió qué partes del guión permanece incierto y posiblemente así continuará. Lo que es un hecho es que Elizabeth Hauptmann, una de las tantas amantes literarias de Brecht, escribió 85 por ciento del texto, por lo que recibió un crédito pequeño y ninguna regalía.
Con el paso de los años, sin embargo, nos hemos enterado por qué tomó un cuarto de siglo para que esa adorable pieza del teatro musical llegara de Berlín a Estados Unidos. La explicación involucra una historia complicada acerca de derechos de autor y una sorprendente radiografía del destacado artista Bertolt Brecht.
Brecht y sus colegas montaron juntos La ópera de tres centavos en 1928 como una adaptación alemana de La ópera de los vagabundos, una sátira inglesa del siglo XVIII de John Gay acerca de una joven llamada Polly enamorada de un caminero llamado Macheath. En Berlín, la historia de Gay se transformó en una puesta cínica y popular, muy agradable, que dio la vuelta a Europa. El gran G.W. Pabst dirigió una película en dos versiones con dos elencos, uno alemán y otro francés. Pero ninguna de las dos llegó al Continente Americano.
Los motivos fueron la avaricia de Brecht y su escrupulosidad con los derechos. John Fuegi, de la Universidad de Maryland, autor de Brecht & Co.: Sex, Politics, and the Making of the Modern Drama (1994), explica, primero, que a través de la vida adulta de Brecht éste mantuvo simultáneamente diversas relaciones sexuales. En un punto, cuando estaba involucrado con dos mujeres, ellas unieron fuerzas, lo confrontaron en un café de Munich y le exigieron que eligiera a una de ellas. ¿Cuál eligió? “Ambas”, respondió, y no cedió.
Los tres siguieron, pero no por mucho tiempo. Más adelante, Brecht estuvo enredado simultáneamente con cuatro mujeres.
En 1929 se casó con una de ellas, la gran actriz Helene Weigel, pero le dijo a otra de ellas: “No lo pude evitar, pero esto no significa nada”.
Así era Brecht en todos sus asuntos, tanto financieros como románticos. Sus escritos condenaban la rapacidad, pero la rapacidad era su forma de vida. Firmaba los contratos que le favorecían y hacía caso omiso de ellos cuando no era así. Siempre mantenía su palabra, excepto cuando no lo hacía. W.H. Auden, quien fue su colaborador durante algún tiempo, decía que él era un oponente de toda la vida a la pena capital, pero que podría hacer una excepción en el caso de Brecht.

Pesadilla legal
Cuando la colaboración entre Weill y Brecht comenzó a mediados de los años veinte del siglo pasado, Brecht sabía todo lo que es necesario saber sobre contratos, mientras que Weill sabía muy poco. John Fuegi aduce que era previsible que lo anterior se convirtiera en una pesadilla para Weill y sus herederos. Pero nadie pudo haber imaginado cuánto dinero estaría involucrado, puesto que tampoco nadie pudo adivinar que La ópera de tres centavos persistiría por generaciones.
Brecht, quien regresó a Alemania después de la Segunda Guerra Mundial, desarrolló el hábito de certificar los derechos europeos de las obras de él y de Weill, sin decir nada o compartir el dinero con éste último. Cuando las habladurías alcanzaron a Weill en Nueva York, él y su abogado escribieron a Brecht. Pero no había respuesta de regreso.
Weill estuvo casado con Lotte Lenya, la Jenny original en La ópera de tres centavos, quien constantemente se enojaba con su esposo. Esos conflictos, escribe Fuegi, “crecieron tanto que oscurecieron la vida de Weill, hasta su muerte en 1950, atormentaron a Lenny hasta su fallecimiento en 1981 y continúan hoy en día, enriqueciendo a los abogados cuando los herederos de los herederos intentan desenredar la pesadilla legal”.
En una carta de 1942 a Lenya, Weill hace referencia a “los viejos métodos cochinos de Brecht” para hacer negocios. Parece obvio que la música de Weill es la razón de que La ópera de tres centavos se haya mantenido tanto tiempo, aunque aparentemente Weill nunca recibió más de 35 por ciento de las regalías y muchas veces ni eso.
Cuando Brecht propuso colaborar nuevamente con Weill, Lenya no quiso saber más del tema. Pensó que el egoísmo característico de Brecht llevaría a la ruina cualquier proyecto en el que trabajaran conjuntamente.


Weill se convirtió en un éxito en Broadway con espectáculos como Knickerbocker Holiday, una revista musical de 1938 para la que escribió la pieza September Song. Hubiera sido lo más natural que se montara una versión para Estados Unidos de La ópera de los tres centavos en los años cuarenta. Pero, como un crítico amablemente explicó, “la ausencia de entendimiento mutuo” entre Weill y Brecht lo hizo imposible. Mientras tanto, Brecht estaba concentrado en sus obras acerca de ética socialista y conformando su gran compañía, el Berliner Ensemble, bajo el patrocinio del gobierno de Alemania del Este. Él aceptó el patrocinio comunista pero no confiaba en el gobierno comunista. Continuó publicando sus obras en Alemania Occidental, mantuvo sus cuentas en los bancos suizos y siempre tuvo preparada su salida, por lo que no olvidaba su pasaporte austriaco.
Al fallecer Weill, el producto del trabajo de su vida ascendía a 25 mil dólares, más otra cantidad igual que sus herederos esperaban recibir de la radio y diversas actuaciones. La ópera de tres centavos fue considerada un artículo sin valor, ya que Weill no recibía regalías desde la Segunda Guerra Mundial.
Lenya, ya sin el temor de que la música de su marido fuera olvidada, se alejó de los problemas legales y convenció a Marc Blitzstein para montar una versión en inglés de La ópera de tres centavos. Producida fuera de Broadway, en un teatro con 299 localidades, se convirtió en un clásico de Greenwich Village. Comenzó funciones en 1954, se mantuvo hasta 1961 y recaudó tres millones de dólares, con un costo inicial de producción de ocho mil 792 dólares. Entre los 709 actores que participaron en el elenco en aquel periodo estuvieron Jerry Orbach, Edward Asner y Bea Arthur.
La cantidad recaudada fue una especie de venganza simbólica.
“La ópera de tres centavos de Kurt Weill”, decía el cartel. Después aparecía el nombre de Marc Blitzstein y a continuación, ahora sí, el de Bertolt Brecht.
Mack the Knife, un éxito alemán de 1928, fue adaptado a la forma de vida estadounidense. Por lo menos 17 versiones fueron hechas en un lapso de dos años. Sonny Rollins, utilizando el título alemán original, Moritat, la usó de base para uno de sus grandes solos de saxofón tenor. Lenya estuvo en el estudio cuando Louis Armstrong la grabó, convirtiéndose en un icono de grabaciones posteriores, incluyendo la de Bobby Darin, con la cual obtuvo Grammy en 1959.
Mack the Knife continúa siendo una pieza popular aún hoy, aunque a finales de los años cincuenta se escuchaba por todas partes. Lotte Lenya escribió a un amigo: “Puedes escucharla salir de los bares, en las sinfonolas, en los taxis, a donde quiera que vayas. Kurt estaría feliz. Un taxista silbando la tonada lo hubiera complacido tanto como ganar el premio Pulitzer”.

Tomado de: National Post. Febrero 6, 2007"

No estaba muerta


México D.F.

"La guerra de clases no estaba muerta, estaba de parranda..." He encontrado (vía Nadia contra Nadie) un libro anónimo, "Huérfanos Salvajes", que estoy hojeando aquí.

Me ha parecido, por lo poco que he trasegado, un libro Bostézico total, que rubricaría Walter Buscarini. "La mayoría de los textos que aquí se contienen estaban pensados para una página web que se nos malogró en alguna pereza. Ahora hemos tenido la rara oportunidad de sacarlos en papel… quizá nuestras experiencias puedan contagiar a alguien a este lado de la guerra social, como las experiencias de otros nos contagiaron a nosotros". ¡Cuántas obras se habrán malogrado en una pereza recostada en la barra de un bar!

El anuncio "Dispara a tu psicólogo" bien podría ser una viñeta del próximo "Bostezo". Y muchos artículos parecen sacados del "Batiscafo" o de un poemario de Héctor Arnau. Seguiré desinformando. Quizás.

Cooperación internacional: fractura entre discurso y hechos



Contestaron cuatro. Podrían ser los jinetes del apocalipsis, si miramos un poco cómo está el mundo, pero por sus respuestas intuyo que se mueven entre el idealismo y la incorrección política; entre eso que algunos podrían llamar altruismo -¿existe o tendremos que darle la razón a Richard Dawkins y su teoría del gen egoísta?- y la bonhomía, palabra esta última que me podría rechazar la coordinadora de este dossier por ser de origen patriarcal y machista. No son victoria, guerra, hambre ni muerte. Pero luchan contra estas tres últimas: Ruth, Susana, Fernanda y Manoel.

Ruth Pereira dirige “Cero Negativo”, una ong nacida en Ourense y vinculada a África. Fernanda Couñago es directora de “Amarante Setem”, ong que promueve comercio justo, consumo responsable y cooperación para el desarrollo –piden la luna, si se fijan en su página web-. Susana Finquelievich es presidenta de “Links”, asociación civil para el estudio y promoción de la sociedad del conocimiento y Manoel Santos es fundador de “Altermundo”, un proyecto de comunicación alternativa y transformación social (un portal rebelde para contrainformar, reflexionar y gritar, al estilo de Rebelion.org, donde también colabora).

Ruth Pereira cree que las ong’s pueden ser “en algún caso” una simple moda, “pero en nuestra opinión y en la de los que nos importa verdaderamente la coooperación, han sido la forma natural de organización de la sociedad civil para responder de primera mano, sin intermediarios, ante realidades con las que no está de acuerdo”. Susana Finquelievich alude a “necesidades no satisfechas por los Estados que en algunos casos –afortunadamente no en la mayoría- se han transformado en un negocio, tanto en países del primer mundo como en los llamados periféricos. Las ong’s surgen y se refuerzan en periodos en que el Estado se retrae. En estos momentos, en los que los Estados salen a rescatar al sector privado y readquieren poder, será interesante ver qué roles adoptan las ong´s”. Fernanda Couñago critica que sean para muchas personas “una salida profesional más, con cierto ‘glamour’ de ser ‘solidario’ y falta esa parte vocacional, de compromiso social de lucha por cambiar las cosas, con un pensamiento crítico”. Manoel Santos difiere de esa concepción de que sean una moda. “El asociacionismo es una respuesta ciudadana al desprecio gubernativo por los derechos humanos y al convencimiento de que los políticos y los gurús de la economía no van a resolver, sino agravar, los problemas de la humanidad y el planeta por sí mismos, sin la presión del pueblo”, asegura.

Una de las críticas más frecuentes a que se enfrentan las ong’s sostiene que éstas le hacen “el caldo gordo” a los gobiernos. Manoel Santos opina que no es una afirmación correcta: “la mayor parte de los poderes políticos basan su existencia en la conservación del poder y sólo se van a preocupar por resolver aquello que les puede afectar en las urnas. Vaya, que no les interesa lo que ocurra a miles de kilómetros de distancia. El resto de ‘preocupaciones’ son más bien actuaciones residuales para, como decimos en Galicia, facer que fan (hacer que hacen), y en ese sentido destinar dinero a las ong’s, aunque sean cantidades ridículas, les da argumentos que pueden vender al grueso de sus electores”. Más aún, “cuando una ong recibe dinero de una multinacional que por otro lado comercia con armas, como casi todos los bancos, no está ayudando a la transformación social, está insuflando aire a un sistema corrupto y asesino”.

Ruth Pereira tiene una visión más conciliadora: “en muchos casos, las ong’s, al tener unas dimensiones controlables, son más flexibles y demuestran una mayor capacidad para innovar y una mayor identificación con los sectores a los que se dirige la ayuda, lo que las hace prestar sus servicios de manera más eficiente que el Estado”.

Susana Finquelievich cree que es, a la vez, un mérito para la sociedad y un fracaso del sistema de gobierno, el que actúen las ong’s. “Los gobiernos se despreocupan por determinados temas porque no tienen prioridad política para ellos, no traen votos, o no alcanza el presupuesto. En consecuencia, las ong´s se hacen cargo muy parcialmente de satisfacer algunas necesidades sociales. Por ejemplo, conectividad, derecho a la comunicación, inclusión, entre muchas otras. Pero creo que el rol de las ong’s es actuar como tábanos en el lomo del Estado, como factores de concienciación, reclamo y sensibilización frente al Estado, el sector privado y la sociedad toda”.

Fernanda Couñago cree que la existencia de ong´s supone “un evidente fracaso del sistema de gobierno. Cuantas más ong’s se dediquen a cubrir funciones que les corresponden a los gobiernos, más recursos dedicarán ellos a otras cosas (...); es una pescadilla que se muerde la cola porque ambos se necesitan. Por eso creemos que la solución está en otro lado, en cambiar las reglas impuestas por sistemas como el Fondo Monetario Interncional o el Banco Mundial, o incluso políticas de la Unión Europea”.

Otra cuestión que me interesa desentrañar es la coherencia entre el discurso de los gobiernos en materia de cooperación internacional y lo que realmente sucede, los hechos. Las respuestas no son muy alentadoras, aunque Susana Finquelievich es suave: “No se puede generalizar. Hay políticas basadas en la realidad, que se implementan. Las basadas en los discursos no llegan a implementarse efectivamente o lo hacen con grandes fallas”. Manoel Santos atiza: “Las actuaciones en materia de cooperación de los gobiernos están más basadas en el discurso económico que en el político. De hecho, la mayor parte de recursos para cooperación no son desinteresados y llevan contrapartidas, por ejemplo para los países receptores de la ayuda, que eternizan la deuda, la dependencia, la debilidad democrática, la miseria, etc. Lo que entra por un lado, sale inmediatamente por el otro multiplicado por mil. Hay muchos ejemplos: las tropas españolas en Afganistán se consideran ayuda al desarrollo. Fíjate en la barbaridad: ¡una invasión militar es desarrollo! Del mismo modo, gran parte de las ayudas que ha recibido África en los últimos años van destinadas a la extracción de recursos naturales y a contrarrestar las migraciones en masa. Proporcionar patrulleras a Senegal no es ayuda humanitaria, es ayuda a la represión de las gentes más débiles y miserables del mundo”.

Fernanda Couñago también es pesimista en este aspecto: “la mayoría de la cooperación se basa en intereses comerciales y de política exterior. Ahora lo vemos con Palestina y el genocidio que se está cometiendo; en el Congo, país con la mayor reserva mineral de coltan, básico para aparatos electrónicos, han muerto más de CUATRO MILLONES de personas en una guerra silenciada; en Sudán; el pueblo saharaui... por poner casos que ya no tienen ni calificativos”. Ruth Pereira, si bien pesimista también en esta cuestión (“están divorciadas de las verdaderas necesidades, intereses y expectativas de las comunidades marginadas”), ve una esperanza: “Poco a poco se percibe cierto cambio y los movimientos populares o la opinión pública han empezado a influir en la agenda política de cooperación”.

En lo que respecta al asunto (siempre peliagudo porque los periodistas hablamos del hombre que muerde al perro y no al revés) de la transparencia y honestidad de las ong’s, se posicionan así:

Ruth: “Nosotros queremos llegar al lector ‘maduro’, a las personas que no buscan una excusa fácil para no contribuir a la cooperación, sino que llegan a ella tras una búsqueda guiada y consciente. En nuestro caso, nuestra reducida dimensión nos facilita la transparencia y cercanía al exterior”.

Fernanda: “No aceptamos dinero de empresas, ni de bancos, ni cajas de ahorro. Y quiero hacer un llamamiento a las personas que hacen donativos o son socias para que exijan y se preocupen de a quién dan su dinero, que asistan a asambleas si las hay. Que no se dejen llevar por la imagen del niño negrito desnutrido porque eso es denigrante y que miren más allá de la foto”.

Manoel: “Hay grandes ONG que son irresponsables y que han enriquecido a mucha gente e incluso que creen que actúan responsablemente pero ayudan a perfeccionar un sistema de dominancia del Norte global, como las que se dedican por ejemplo al apadrinamiento. Muchas han sido absorbidas por el sistema y de eso de “no gubernamentales” poco queda. También hay pequeñas asociaciones que utilizan sus recursos para cosas poco honorables. Pero no es una generalidad, además de que la mayoría de organizaciones no cuentan con recursos suficientes para estafar nada. Los recursos económicos de Altermundo, por ejemplo, son limitadísimos, pero los humanos son mayores y se pueden hacer muchas cosas con ellos porque detrás hay, sobre todo, trabajo altruísta. Ésa debe ser la diferencia, trabajar por convencimiento, no por profesión. Otra cosa es que para llevar a cabo proyectos sea necesario que alguna gente cobre, pues también tiene que vivir y debe tener dedicación exclusiva, pero de ahí a recibir sueldos millonarios, como ocurre en muchas direcciones de grandes ONG, hay un abismo. Ahora: decir que no colaboro con esta o aquella ONG, como así lo hace mucha gente, porque hubo un escándalo en una de un millón es más una disculpa que una toma de responsabilidad. Por esa regla de tres cada producto que compras, cada voto que emites en unas elecciones, es un acto fomentador de la corrupción, porque hay muchas posibilidades de que detrás de la empresa que fabrica ese producto o de la organización política que gana las elecciones, exista algo más que corrupción”.

Webs de las ong’s consultadas:

http://www.ceronegativo.org (Ruth Pereira)

http://www.links.org.ar (Susana Finquelievich)

http://www.amaranteong.org (Fernanda Couñago)

http://altermundo.org/ (Manoel Santos)

(Artículo que quedó fuera de la revista Bostezo en su segundo número. Pido disculpas a los entrevistados por no conseguir publicarlo en papel)

Enrique Rojas y un emulador

"Rotten troupe": ¿políticos? ¿pacientes de Rojas? ¿rojos según los psiquiatras franquistas?

Gatopardo no me da más que disgustos. Y a mi mujer más. Muerta se quedó al leer esto.

Yo a quien le sigo la pista desde hace años es a Javier Urra. Espero que tenga todos sus títulos en regla, porque la deriva de sus publicaciones se asemeja cada vez más a la de Rojas. Vean ésta y lean la sentencia contra Rojas por desvelar secretos profesionales. En ese libro está un apellido bien conocido por los rojos de este país (Vallejo Nájera, supongo que abuelo de Alejandra, la colaboradora de Urra en este despropósito editorial, publicó su ópera prima psiquiátrica en 1937 bajo el título Eugenesia de la Hispanidad y regeneración de la raza. Mientras en otros lados persiguen a los parientes de Hitler, aquí les monta el Opus editoriales a los descendientes de los que sostuvieron científica e intelectualmente al genocida Franco). Vallejo y los suyos consideraban una patología mental pensar diferente, pensar comunista. Hay un libro reciente sobre el asunto, de González Duro.

De un país donde se pagan con dinero público cursos y másteres de Homeopatía no podemos esperar mucho. De un lugar donde la corrupción es más rampante que el Barón que se inventó Italo Calvino tan sólo aguardamos a un Valle-Inclán que lo esperpentice o un Pérez Galdós -mucho más aburrido, todo sea dicho- que nos lo cuente por episodios. Por favor, que Pérez Reverte se abstenga, porque hasta me contamina La Fiera Literaria -vaya peñazo la crítica acompasada de Corsarios de Levante, ni que se impregnara de los filaretes, cómitres, guiñadas y se dejaran los del Fierabuilding también poner el culo al griego por el patriotero testicular-.

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Con lo del cinturón (gürtel en alemán) hasta han salpicado a Fraga. ¡Ya no hay respeto por nadie! (modo retranca on). ¡Pero si hasta está el yernísimo de Aznar! ¡Y cargos en el Tribunal de Orden Público -hoy Audiencia Nacional-! No, si va a tener razón Mario Conde y todo:

"De usted se ha dicho que era amigo del Rey y, al mismo tiempo, que conspiró contra él; que era amigo de Polanco, pero que a la vez tenía intereses en El Mundo; que la masonería lo ayudaba, pero que el Opus Dei le veía con buenos ojos. De todo lo que se dice, ¿Qué es verdad y qué no lo es? ¿Está dispuesto a contar y a distinguir el grano de la paja?

Luis María Ansón, hace poco tiempo, explicó que en el año 1993 existía una corrupción política generalizada. Decía que en aquel entonces en José María Aznar no creía nadie y que Felipe González tenía un partido dividido. La debilidad estructural del sistema era muy grande y muchos intelectuales escribían sobre un gobierno de salvación nacional. Él dijo que en los medios aparecía mi nombre. Entonces contó que se reunieron los partidos políticos y decidieron echarme. Yno solo echarme, sino aplastarme para impedir que se formase un gobierno de salvación. ¿Es eso verdad?, Anson añade, lo digo yo porque estaba en la fila 0. Lo único que está claro, a la vista de lo que está pasando en el mundo, es que la decisión sobre Banesto no tuvo nada que ver con lo financiero. Ahora ya lo sabemos, hace unos años no", dice aquí.

Ateneos necesarios y memoria imprescindible

Se me había pasado comentar La Fiera Literaria de septiembre. La llegada de la de octubre me ha hecho recuperarla por dos artículos sobre todo: uno de Carlos París titulado "El sentido de los ateneos" y otro bastante extenso de Lidia Falcón sobre "Literatura, cine y Guerra Civil".

París defiende la recuperación de los Ateneos en el mundo actual -donde deberían ser una reliquia, señala él mismo- ante la imposibilidad de aportar "ideas propias independientes, no domesticadas por las estructuras de poder e interés" en ningún sitio. Todo está copado por la maquinaria de los partidos -los que llegan al poder, cada vez menos en estas bipartitocracias que estamos creando en las pseudodemocracias occidentales- y por los engranajes de la "industria cultural" que ya denunciara la escuela de Frankfurt cuando aún se estaba gestando.

¿Serviría Internet como acomodo de los Ateneos? Desconozco la edad de París, pero él apuesta por "espacios de directo contacto humano". Yo conozco dos Ateneos de este jaez: uno dedicado a Valle-Inclán, que sirve para el público en general para presentaciones de libros y como minibiblioteca alternativa; y el Ateneo Ateísta de El Fonoll, un pequeño reducto en la provincia de Tarragona en el cual los libros sobre ateísmo y naturismo son mayoría. ¿Puede un Ateneo servir a la sociedad para liberarla del pensamiento único o del periodismo como ciencia exacta? Lo dudo bastante: servirá a sus usuarios y sólo a ellos para debatir, ampliar horizontes y miras, formarse de modo heterodoxo si quieren. Si le tocara la varita mágica del poder ya no sería eso: se convertiría en una FAES (PP), o en una fundación Alfonso Perales (PSOE), por ejemplo.
Calle de Tapia de Casariego (Asturias) en 2009

En cuanto al segundo artículo, Lidia Falcón ataca a los que se quejan de la "avalancha" de títulos tanto en cine como en literatura sobre la Guerra Civil española. Les transcribo el párrafo final, que resume casi perfectamente su tesis:

"En España, de la Guerra Civil se han apropiado para siempre los fascistas.
Pero a los críticos que escriben en "La Fiera Literaria" y en "Público", que se han convertido en hitos de las pocas publicaciones de la izquierda que quedan en nuestro país, les parece demasiado. Como los jueces que quieren procesar a Garzón por intentar averiguar los crímenes del franquismo, como los políticos que dicen que hay que pasar página, como los legisladores que no quieren comprometerse con una ley que realmente exija la recuperación de nuestra memoria y rehabilite a las víctimas, ahora la crítica literaria y cinematográfica está pidiendo que se archiven para siempre la Historia española y las historias de los españoles. Mientras Argentina y Chile y Sudáfrica intentan superar su pasado desvelando los secretos y juzgando a los criminales, los españoles nos hemos practicado la lobotomía para no recordar nunca más".

Alicia en el lado oscuro

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