Intelectuales y cotillas

Soy un cotilla. De hecho, tengo una licenciatura en la materia. Un cotilla titulado, como tantos. Y cotilleo, aquí, en la vida real, en la soñada incluso, sobre casi todo. Todo lo humano me concierne, que decía el clásico. Y me gusta que los cotilleos sean sinceros, que al pasar de mano en boca no se tuerzan mucho. Si cotilleo sobre libros, cine o filosofía, hay gente que me llama intelectual. Y que se cree que estoy en un escalón distinto, más alto, quizás. Y no. Por eso animo a todos los cotillas a cotillearme en los comentarios los chismes que gusten. Lo único que pido no es difícil de cumplir: no insultar y atenerse al debate o enriquecerlo. Incluso permito insultos si son finos o combinan bien. Tengo una diplomatura en improperios sagaces. El título como persona aún lo estoy sacando. Este trimestre cateé en hipocresía y avaricia, pero obtuve notable en “mear fuera del tiesto”. Lo dicho, Maly, que no te cortes.

El cabello rojo

El artículo que pueden leer a continuación fue publicado en el blog de Gatopardo. A raíz de eso, según su autor, fue boicoteado con diversas escaramuzas. En mi libro “Alicia en el lado oscuro” denuncio la postura hipócrita de la Iglesia ante los abusos a menores y, por supuesto, al depuesto Maciel, protagonista de este post. También tengo que dar un voto de confianza al nuevo papa, pese a todas las contradicciones en que está instalado el Vaticano ante su nueva postura en ese asunto. Parece de mayor firmeza, veremos los resultados.

¿POR QUÉ TENÍA EL CABELLO ROJO EL CADAVER DE SAN RAFAEL GUIZAR Y VALENCIA?

Si se analizara el cabello de San Rafael Guizar y Valencia, se podría descartar que la causa de su muerte fuera el veneno suministrado por su sobrino, Marcial Maciel Degollado, en un te.

El mismo día de su muerte, el obispo Rafael Guizar había tenido una acalorada discusión con Marcial Maciel en el seminario de Jalapa, que dirigía, y había decretado su expulsión por no tener capacidad para estudiar (su incultura es enciclopédica), ni espíritu de sacrificio, ni vocación para el sacerdocio, y haber sabido sus avances sexuales a seminaristas más pequeños, y añadió que "si seguía el camino de las órdenes sagradas se estaba exponiendo a la condenación eterna."

Todos, sacerdotes y seminaristas escucharon la disputa, e incluso temieron que Marcial Maciel pasara de la violencia verbal a la violencia física contra el Obispo Rafael Guizar.

Esa noche, su sobrino le llevó un te para sus molestias estomacales, y pocas horas después de bebérselo, murió don Rafael Guizar y Valencia. Un detalle hagiográfico sobre su muerte, cuenta que fue imposible acostarlo en la cama y tuvieron que dejarlo en el suelo, y explican que quiso yacer ahí "como San Francisco", aunque esta incapacidad para acostarlo en la cama más bien parece normal si se tiene en cuenta que las convulsiones agónicas por envenenamiento son de tal violencia que llegan a fracturar la columna vertebral, y su paroxismo no diferencia a santos de pecadores.

A la semana, Marcial Maciel, abandonó el seminario, porque sus compañeros y sus superiores sospechaban que había sido el causante de la muerte de su tío.

En 1950, al exhumar del panteón el cadáver del obispo Rafael Guizar se encontró en gran parte incorrupto, y su cabello blanco había virado al rojo.

Hay demasiadas muertes "providenciales" entre quienes estorbaron a Maciel:

El Padre Francisco Orozco Yepes muere en extrañas circunstancias, cuando viajaba desde Irlanda a Roma, adonde tenía el firme propósito de denunciar las perversiones de Marcial Maciel ante la Sagrada Rota Romana. No se sabe qué o quién le hizo abandonar el avión al hacer escala en Madrid, alquilar un coche en el aeropuerto y, aparentemente, preferir hacer miles de kilómetros para ir a Roma, adonde jamás llegaría.

También murió el Padre Rafael Cuena, uno de los primeros que entregó solemnemente a Maciel sus votos de pobreza, obediencia y castidad, amén del llamado "cuarto voto", que consiste en no criticar jamás a sus superiores ante terceros.

Un obispo de México que se oponía a la Erección Canónica de la Legión de Cristo, en plena discusión, ante testigos, fue amenazado por Marcial Maciel. Pocos días después, un camión embistió en la carretera al coche del obispo, y murieron dos de sus cuatro ocupantes, pero no el obispo. Al mes, otro camión embistió el coche del obispo, y esta vez no se salvó.

Sobre la muerte del sacerdote legionario Fernández Amenabar, rector de la Anahuac, transcribo un retazo de la entrevista de Luís Miguel Carriedo a Alejandro Espinosa:

—"¿En su libro usted se refiere a la muerte de Juan Manuel Fernández Amenábar como una muerte poco clara?"

—"Si, porque hay muchas circunstancias que la enturbian. Primero, la visita de la hermana de Maciel ese día. Segundo, la visita del padre Gregorio López, también ese día. Tercero la desaparición de los documentos que Juan Manuel, ante testigos, había decidido que resguardara José Barba Martín (donde se inculpaba a Maciel). Además no creo que una persona en franca recuperación, muera de repente, porque en el hospital se le atragantó un pedazo de pollo. Para mí, ahí hay gato encerrado."

Algo así debía de temer Juan José Vaca como reacción a una carta estremecedora, en la que reprocha pormenorizadamente a Maciel el daño irreparable que le había producido, le pide cuentas, y acaba advirtiéndole:

"Deseando ser absolutamente sincero con usted, le informo que el original de este escrito y once copias más se encuentran profesionalmente aseguradas, dentro de sobres sellados, en un depósito inaccesible a indiscreciones. Estos doce sobres llevan el nombre y dirección de sus destinatarios - altas personalidades de la Iglesia y de la sociedad, quienes eventualmente conocerán su contenido - y que inmediatamente llegarán a sus manos, en dos circunstancias. La primera, en el caso de que yo muera o desaparezca inesperadamente..."

Juan José Vaca fue uno de los ex legionarios que, a raíz de la muerte de Fernández Amenabar y la petición de justicia que hace el padre Athié en su nombre, y en su funeral, se atrevió a denunciar los abusos sexuales que habían sufrido, y la conducta depravada de quien se hace llamar "Mon père", y que ha programado a sus adeptos para que le tributen un culto reservado a los santos.

Parece aventurado pensar que el Vaticano conoció el resultado del análisis del cabello del Obispo Rafael Guizar, antes de su canonización, y que fuese eso -y no las denuncias de sus víctimas-, lo que determinó la suspensión ad divinis de Marcial Maciel

¿Cuál es la sustancia, más conocida en la toxicología forense que en la tricología cosmética, que habría cambiado el color del pelo del obciso?

Gatopardo

La Borbona

No, no voy a hablar de nuestro Borbón (en italiano, dícese del ocioso que no la rasca) mató a un oso drogado y borracho o si se cargó a su hermano estando alguno borracho. El título es de una columna de Carlo Frabetti en Gara, donde critica que se elimine “la Mahoma” de una “fiesta” de moros y cristianos y se lamenten sesudos demócratas por ello, por ser una claudicación o una autocensura. Si se hiciese algo así con la cabeza del Borbón (la Mahoma es una cabeza simulada del profeta que se hacía estallar) se eliminaría, seguro. Carlo opina: “la religión es el opio de los pueblos, pero los drogadictos merecen el mayor respeto. De todas las religiones estupefacientes, la más nociva, intransigente, brutal, corrupta y sanguinaria ha sido el cristianismo”. Una religión que sostiene que el poder de los reyes es divino. Es. He escrito bien.

Fuentes, muy guapo

No sé si es por el entrevistado o por el entrevistador. Pero algo chirrió entre Juan Cruz y Carlos Fuentes en su última entrevista (Cruz no hace más que hablar de sí mismo en los trabajos que hace, pregunta lo que le gustaría que le preguntaran a él, escritor frustrado).

El chirrido comenzó en un pie de foto con esta leyenda: “Carlos Fuentes, a los 15 años, rodeado de su familia, sonriente y muy guapo”. ¿Mande? ¿Quién dice eso de quién? –parezco una profesora de sintaxis-. En el texto se descubre, es Silvia Lemus, mujer actual de Fuentes, quien dice: “Sonriente, muy guapo, ya él sabe que es un hombre”.

No satisfecho, a la estúpida pregunta –y ustedes definan a quien hace preguntas estúpidas- “¿Cuándo se ido cuenta de que usted iba a ser escritor?”, Fuentes, pellizcado en el enorme ego que todo escritor se construye, se descuelga: “Hay un antecedente. Mi tío Carlos fuentes era un joven poeta excelente (…) Era muy buen poeta, y además, muy guapo”.

Maravilloso. Las letras se traspasan como los genes. De Alejandro Dumas padre a A.D. hijo (éstos también se pasaban las novias), o de Kingsley Amis a Martin Amis (estos heredaron ambos la mala leche). Al final va a tener razón Fraga, cuando decía que los hijos de la gente del PP salían mejor preparados…

Raza falsa, si lo escritores pertenecen a una. “Gané los tres primeros premios con tres seudónimos distintos”. Yo también conozco a alguien así. Más impostor que un actor. Tanto, que se creyeron que era otro y lo detuvieron, porque el infierno es el otro. La prensa, esa canalla, también se metió con su porte. Como si para ser delincuente importara la fachada. Importa, Fuentes, importa. Pobre Juan Cruz…

Misoginia

¿Casualidad? Llámenlo como quieran. Mientras leo a Vilar me llega “La Fiera Literaria” (lafieraliteraria.com) de octubre. El primer artículo: “Misoginia, feminismo y literatura”. Plantea justo la antítesis del ensayo “El varón domado” y habla de literatura escrita por mujeres. Con frases desopilantes como que “las virtudes femeninas facultan más que las del hombre para cualquier menester artístico, sobre todo, literaria, y, sobre todo, poético”. Contra Vilar, dice que las mujeres no han destacado más porque les han vetado el acceso a los estudios y dice que “parece mentira” que “cerebros de primera magnitud, como Aristóteles o San Agustín, hayan negado la inteligencia de las mujeres”.

Lo que me cansa en “La Fiera Literaria”, filosofías aparte, es su empecinamiento contra determinadas autoras y la defensa de otras que son iguales. Isidoro Merino, en este artículo, ensalza a Ángela Vallvey y condena de nuevo a Almudena Grandes, cuando ambas hacen lo mismo, a saber: tertulianas y pagadas de Polanco, con lenguaje similar en columnas de estilo progre que no pasan del chabacanismo en muchos casos. No conozco a las otras a las que Merino atribuye sutileza y hondura psicológica, pero a Vallvey la sigo desde hace tiempo y he terminado por confirmar mi criterio en el programa de Concha García Campoy, que a ver si da una oportunidad también a Paquirrín, como en su día la dio María Teresa Campos a Rociíto. Ah, no, que tiene a Gonzalín, hijo de una progre bien ponderada, Pilar Miró.

Domadísimos

Menos mal que lo ha escrito una mujer. Quizás sólo lo pudiera hacer ella. A mí, por criticar una postura de María Antonia Iglesias me llamaron de todo –como si atacara a la mujer y no su hipocresía-, imagínense si dijera o apostillara uno solo de los postulados de Esther Vilar en “El varón domado” (Grijalbo-Mondadori, 1995). Me abrirían una causa por violencia de género, y no estoy frivolizando…

La dedicatoria ya tiene peligro: “a los pocos hombres que no se dejan amaestrar”. Y con unas cuantas perlas ya se podrán hacer una idea:

“Antes de los doce años, edad a la cual la mayoría de las mujeres ya ha decidido emprender la carrera de prostituta (o sea, la carrera que consiste en hacer que un hombre trabaje para ellas a cambio de poner intermitentemente a su disposición, como contraprestación, la vagina), la mujer deja de desarrollar la inteligencia y el espíritu” (pag. 38).

“Las mujeres pueden elegir, y eso es lo que las hace tan infinitamente superiores a los varones. Elegir entre la forma de vida de un varón y la de una criatura de lujo tonta y parasitaria” (pag. 93).

“Nos hemos acostumbrado tanto a ese sórdido mecanismo de explotación unilateral de un grupo humano por otro, por una banda de parásitas, que hemos pervertido todos los conceptos morales”.

“La estupidez de las mujeres es tan omnímoda que empapa, por así decirlo, todo lo que toca”.

Vamos, que el libro “Todas putas”, al lado de este ensayo, era un chiste. Vilar baraja conceptos interesantes, como “el placer de la no libertad”, que aplica tanto a la religión como a la moda; plantea la táctica del elogio como una forma de castración, el sexo como recompensa y la autodoma o el uso de hijos como rehenes. En su epílogo, discutible como todo, dice que el movimiento de liberación de la mujer ha fracasado “porque el cuento de la discriminación era una ficción”.

Anatomía de Grey

Veo poco la fábrica del olvido y, cuando lo hago, suele ser tras receta médica. No esperaba que fueran a engancharme series de médicos, pero Anatomía de Grey es más que eso, al menos para mí.

Lo menos importante es la profesión: en esa seria importan los detalles humanos, las relaciones y su fragilidad; esos límites tan desdibujados entre el dolor, el placer, la muerte, la vida, el optimismo o la desesperación.

También son vitales los personajes y sus continuas contradicciones, su permanente estado de paradoja, su escepticismo ante ciertas actitudes y sus mágicas creencias científicas, con todo lo que ello supone de antítesis. A ver si me explico: Anatomía de Grey me permite hacerme preguntas sobre mí mismo y los que me rodean más que cualquier serie hasta ahora; hace que me identifique con algún personaje, o que odie y siente compasión al tiempo por otros.

Va a resultar que la crítica de televisión es más difícil de lo que parece. Releído esto, no me entiendo ni yo. Pero véanla. Y quizás empiecen a comprender algo. En la segunda temporada.

Treinta tarados

“El Poder Judicial reconoce que 30 jueces tienen ‘padecimientos psíquicos’”. No, no soy yo, un damnificado de un juez ¿?, quien titula así. El País, Sociedad, 18-X-2006.

Pero la noticia empieza de forma aún más preocupante: “Ahora mismo hay al menos una treintena de jueces con padecimientos psíquicos que trabajan en juzgados y tribunales…”. Al menos. Pueden ser más, ya se sabe que el CGPJ es un órgano corporativista al 200% y oscurantista al 1000%, como todo el poder judicial en general. La casta de los impunes y los intocables: ¿cómo no va a haber tarados entre ellos? ¿si les han dado el papel de Dios? Normal que alguna se crea Napoleón y que otros, mortales y no divinos, tengan depresiones de caballo al ver que sus colegas destrozan sin despeinarse vidas y haciendas de tanta gente. Son 4500 que tienen a más de 60.000 presos. Dirán –sean relativista, yo lo soy, no me escondo- que no son muchos. Pues que les toque a ustedes un jueza loco. O facha. O ignorante. Como un cirujano ciego, o un conductor de autobús ebrio. Pido de nuevo etilómetros, test de drogas y revisiones mentales para toda la administración. En especial la judicial y la sanitaria.

Nobel, Planeta

Dice el nuevo Nobel de Literatura: “Soy el tipo de novelista que se toma el trabajo de identificarse con todos sus personajes, especialmente con los malvados”. Me da igual si se lo han dado por motivos políticos: Panuk es más que todo eso. Con su “Libro negro” ya se podía haber retirado: no lo superará.

Ponbo acalla a los críticos con el premio Planeta. Me alegro por él. Y por la finalista, una gallega cabreada porque no le reconocen como gallega por escribir en castellano. Tranquila, mujer, Picasso pintaba en francés.

Suelta de visones

Los ecologistas me tienen despistado desde hace mucho. Como desconfío de cualquier oenegé por sistema, y la mayor parte de ecologistas con etiqueta se reúnen en este tipo de grupúsculos, mi aversión es todavía mayor. La parte gamberra que todos llevamos inoculada nos hace aplaudir la reciente suelta de visones en Galicia, pero al analizar los resultados, dudamos de su eficacia, de su razón si la hubiere y de su objetivo.

Aparte, los medios siembran confusión permanente. Charo Carrillo, una peletera afectada, aparece en una cadena quejándose por la suelta. En otra, la misma señora acaricia a uno de los visones evadidos a la fuerza y dice que no son peligrosos. Los científicos y la policía instan los pedáneos a que no se les ocurra capturarlos, que son peligrosos. Unos dicen que morirán, pues al ser criados cautivos no se saben manejar. Otros, que harán madriguera y se instalarán como nuevos predadores en el bosque gallego. Bosque, en gallego, es fraga.

En una extraña, pero quizás no desencaminada, asociación de ideas, alguien me comentaba que nosotros, los humanos, también criamos en cautividad soldados y luego los soltamos por ahí, por las selvas de todo el planeta. Ahora, los depredadores más peligrosos se llaman constructores y destruyen más bosque y especies que miles de visones. No los quieran atrapar. Ya se encargan los jueces y policías a los que aún no pudieron comprar. La evolución sigue. Y la Naturaleza permite toda aberración, decía Sade, de nombre Donatien.

Revolcados en su propio lodo

Lo de la Audiencia Nacional ya es casi un combate en el barro. Polvo con agua igual a lodo. En cada nuevo capítulo se ve que eso de la independencia judicial, como la amnesia de la transición, es un camelo cada día mayor. Jueces contra periodistas, jueces políticos, políticos juzgadores, víctimas linchadoras, terroristas mediáticos: apesta.

Tanto como el periodismo-basura. Martín Prieto, el del episodio con autosecuestro, se descuelga ahora en el diario de Pedro J. con que él y Garzón hablaban mal del rey cuando eran amiguitos. Y revela los tejemanejes del “hombre que veía amanecer” con los socialistas. Pretéritos y presentes –aparece otra vez Bono-. Pero es que los felipistas nunca se han ido. Belloch, como premio a su código de “todos a la cárcel menos los nuestros” es hoy alcalde de Zaragoza. Y su mujer, periodista. Y no digamos dónde están los demás: en la lista del Inem estoy yo, y otros dos millones, pero ningún sociata felipista.

Lo que sí inquieta es lo que Belloch dijo de Garzón. Belloch fue juez, así que todavía es más grave: “No es un juez; tiene alma de policía. Cambia cromos: yo te hago testigo protegido o te saco del sumario si me das tal información”. Esto es el Estado de Derecho para ellos. Una lotería de monipodio donde las putas siempre somos los débiles y los ladrones siempre son ellos. Ellos, del tribunal excepcional hasta el último mono.

Introducciones

En una sesión del club de lectura sin libros al que pertenezco discutía la cientificidad de las ciencias sociales, en particular la sociología o la psicología. Unos días más tarde, cae en mis manos “introducción a la psicología”, de George A. Miller, de 1968. unos años antes de que, por ejemplo, la homosexualidad saliera del catálogo de perversiones o parafilias. El título inglés primigenio –manía de los españolitos de cambiar los nombres- es “La ciencia de la vida mental”. Admito que usa términos, técnicas, procesos de la ciencia o científicos. Pero, ojo, lanza hipótesis, teorías y tesis que no responde a fórmulas matemáticas; con innumerables variables y condicionantes. 2+2 en psicología no es siempre 4. Demasiado inexacta. Demasiado inestable para ser considerada ciencia.

Miller habla de James y de su familia como objetos de estudio psicológico. Recuerda a Freud, sobrevalora los test de inteligencia –hoy desnostados-, rememora a Paulov y su célebre perro. Lo escribió en 1968. Apenas 50 años más tarde, casi nada es válido: ¿puede sustentarse así una ciencia? ¿se le puede caer a los físicos lo de Newton y a los ingenieros lo de Arquímedes?

Conociendo a algunos psicólogos, además, sabemos que no hemos pasado del chamán, del viejo de la tribu, de la meiga, sólo que ahora es más sofisticado y sabe escribir y manejar un lenguaje que no conocen los no iniciados. Hasta hace poco más de un siglo, la psicología era una rama de la filosofía. Le falta mucho para ser un tronco autónomo.

Reducción de daños

Impagable. Repetible. Y nada censurable. Así acogí la “Carta blanca” de Antonio Escohotado. Cómo no, hablo de su cruzada, su pasión, su obsesión y su hobby: la droga. No entiendo qué hacía allí Luís Racionero –apenas dijo algo- pero celebré a Aute, a Bebe, a Pla.

Escohotado aboga por la reducción de daños ante la inútil política prohicibicionista. Como para pilotar un avión, el drogadicto o el que usa drogas –para que no abuse-, necesita un manual, un carné, un aprendizaje. Yo sostengo lo mismo para el sexo, pero miren lo que se enseña en las escuelas. Objetarán: eso debe hacerlo la familia. Sí, claro, y la religión debería ser privada, y no lo es en este país de cuádruple moral.

No se lo puedo resumir aquí: espero que alguien se lo pase, alguien que lo haya grabado y lo cuelgue en la Red. Escohotado, en un escueto epílogo, pronosticó algo: hagamos un partido tabacófilo. O vendrán a por nosotros. Como decían los Accident Polypoetics: a por nosotros todos. Y como no éramos no hicimos nada, predicó Brecht, a quien ahora revisa su maltrato y explotación a sus amantes. Lados oscuros. Que todos albergamos.

Necesidad y placer de leer

Imagino que es una tentación en la que caen muchos diletantes de la palabra: escribir sobre porqués y cuándos o cómos de la lectura. En este caso, está claro que Pérez-Rioja lo ha hecho por encargo del Ministerio de Cultura en 1984. Socialistas. Algún favor, pago o contraprestación habría: ¿a quién le importa si ya los conocemos? Editaba, es paradójico, la Editorial Popular.

El ejercicio de Pérez-Rioja está cargado de buenismo. Y de contradicciones: dice que no se debe dirigir al lector, y su libro es una especie de directorio. Se permite máximas agustinianas: “Temo al hombre de un solo libro” y descubre parafilias (¡Freud, tardaste mucho en morirte!): la bibliomanía y la bibliofilia. Pero también, medicación: la biblioterapia. Cae en la ingenuidad de valorar más el texto impreso que el audiovisual. Aún así, entretiene. Y es legible.

Que los ilegalicen

Ya sabrán el penúltimo escándalo de los políticos italianos: uno de cada tres diputados se droga. Cocaína, sobre todo. Cannabis, en segundo término. El programa de TV que lo preparó todo fue censurado. Faltaría más; en nuestra pseudodemocracia ocurriría lo mismo.

Ya he propuesto test antidoping en todas las instituciones de este país, empezando por la judicial, pero no lo he debido plantear bien. Ocurrió lo mismo con las cámaras en todos los cuarteles, calabozos y juzgados: tampoco interesa.

Viendo el espectáculo de esto últimos días en la Audiencia nacional; confirmado que Montesquieu murió y la división de poderes no se la cree ni el mínimo común denominador; hallada la ecuación partitocracia igual a monarquía menos democracia por parlamento mudo; visto que en el Congreso sólo se sientan las castas superiores, he decidido que se debe ilegalizar la clase política. Por perjudicial para la salud. Por adictiva. Por sectaria. Por corrupta. Por opaca. Por dilapidadora. Por corporativista. Por endogámica. La lista de efectos secundarios me agotaría espacio y paciencia. Que los prohíban a todos. Quizás en el mercado negro mejoren.

Las uvas

“Con el tiempo, las uvas maduran”. Decía, esta perogrullada, con el verbo alterado: “madurecen”. Galicismo, supongo. O enxebrismo, da igual. Era mi tía. Abuela, mi vieja abuela. Madrina espiritual de recuas de sobrinos, madre hueca, postiza, de hornacina, santa madre virgen –nunca lo sabré, ni se lo pregunté, pues yo aún no era ni uva, siquiera, para madurar-, madre de repuesto, pseudomadre, casi madre. Cándida. Eréndira, o Tula, serían sus referentes literarios, pues ella ocupaba un puesto mítico que no pasa desapercibido. Quizás hubiera sido un buen San Manuel, bueno, mártir, el cura ateo de Unamuno que tanto me abrió los ojos mientras me sellaban los labios. Pero Cándida nació mujer. Nació nadie para la religión que siempre la tuvo como inferior. Todos culpables, ellas, culpables y secundarias.

Decía que maduraban. Y treinta años más tarde sigo sin entender nada. Casi nada. O sé lo mismo. Antes lo intuía, lo sentía, pero no lo sabía. Palpaba la hipocresía, notaba la doblez de aquella vida religiosa pero amoral, libre de pecado pero con toneladas de culpa, vacía de sentido pero plena de posibilidades; aquellos lutos por nadie; aquellos rezos por fantasmas; rosarios por quienes no volverán ni han estado; novenas por pretendidos benefactores que la memoria los transformó de explotadores en salvadores. San Salvador, toma nombrecito, capta el trasfondo.

La familia que nunca estuvo unida, ni el rosario la fundirá. Y menos si lo guía un fanático, un perfecto lavador de cerebros, un pelele antes casto que humano, un soldado que descarga su lujuria tras ritos iniciáticos. Un servil que te traerá al redil. Si te dejas. Si maduras.

Con las peores intenciones

Alessandro Piperno, un italiano de mi edad, más o menos, es considerado por un gurú de la crítica literaria “el nuevo Proust”. Nada menos. Su libro-catapulta, “Con las peores intenciones”, es una novela tipo saga familiar. Pero con un concepto que me resulta familiar: el narrador inexacto. Tengo en una rama de la familia a varios narradores inexactos. A herederos despechados –todos lo somos, en parte o en su totalidad- que elucubran sobre dinastías que no fueron, hazañas que no se produjeron, entuertos que no se deshicieron. Ni se desharán.

Piperno es de origen judío. Dice no pertenecer a ninguna saga. Busca desmitificar. Cervantes, no sé si les suena, hacía algo parecido. Y quizás no lo sabía. O puede que sí y que con sus artificios literarios nos haya engañado a todos. Artificios literarios como el del narrador inexacto. Que no es otro que el fabulador que lo sabe todo pero necesita esconderse. Todos necesitamos escondernos. Y que nos busquen. Alguna vez.

Carta blanca

Este programa de La 2 es un acierto, creo que ya he comentado algo semanas atrás. Mas, cuando el personaje conductor no te agrada, o no tienes claro qué sientes hacia él, puede ser un shock. O decantarte ya definitivamente por el figurón de la “Carta Blanca”. Los dos últimos que he visto me han confirmado mis prejuicios: Ray Loriga y Lucía Etxebarría.

Lo mejor de Loriga fue el decorado y su mujer. A Vila-Matas, uno de sus amigos/invitados, sigo sin captarlo. Ya no lo consigo en sus libros postmodernos y ahora me encuentro que en TV es igual de críptico. Es la teoría que expuse varias veces: algunos autores no consiguen conectar porque van varios pasos por delante. De la erudición a la elipsis y de ahí a la galaxia. Y a los pobres lectores pedáneos nos pillan sin telescopio. Aunque quizás ahí radique el misterio.

Etxebarría empezó mal: pidió disculpas por ser ella quien es. Por su voz, por su figura, por no hacer nunca tele. Enseguida cambié. Ni sus amigas –todo mujeres, creo, no hubo ni milagro ni equilibrio en su programa- arreglaron el desaguisado. Me recordó a Margarita Ledo, cuando quiso ser mujer, promiscua y negra. Y no pasaba de catedrática. Lucía imposta mejor en sus libros. Algunos nunca deberíamos saltar a la televisión: nos contamina. Y lo digo por una mala experiencia. O varias, que voy viejo.

Pinilla y sus 3000

Un auténtico Guadiana como escritor. Siempre estuvo ahí, pero no se le veía. La industria cultural y sus fuegos de artificio impiden que gente como Pinilla, Ramiro, tengan presencia. Supongo que a todos los de mi generación les resultará un desconocido. Alguien a quien descubrir, pese a que ya ganó otros premios en los 70 del siglo pasado.

Ahora lo veo en una entrevista en Gara, (es bilbaíno), indago en su rostro, curtido por todo -83 años- y escruto en sus respuestas. No se puede conocer a nadie por lo que dice, pero quizás Pinilla en sus casi 3.000 páginas de “Las cenizas del hierro” se cuente y nos cuente quiénes somos. En la pequeña entrevista, Ramiro me envía anzuelos en los que me es complicado no picar: “Tengo la buena o mala costumbre de ponerme en el lugar del otro, pienso dos veces y lo respeto, pero yo desearía y trabajaría por que el nacionalismo no existiera. Cualquier nacionalismo, cualquier fe, la religiosa o la política, son negativas. Mi libro no es un panfleto contra nadie, sino una muestra de mi pensamiento”. Desde su senectud, Pinilla sólo puede evidenciarse: “el premio –Nacional de Narrativa- no me anima a escribir, no lo necesito”. Un labrador de la palabra sólo necesita el amanecer para levantarse y cultivar el verbo.

Alicia en el lado oscuro

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