"Cuando el problema parece demasiado grande, cuando nos enseñan demasiada realidad, tendemos a cerrarnos en banda. Nos resignamos. No hacemos nada porque el desastre parece inevitable. Estamos atrapados. Eso es la narcotización.
En una cultura donde la gente tiene demasiado miedo para afrontar las enfermedades de las encías, ¿cómo se puede conseguir que afronten las demás cosas? Como la polución o la igualdad de derechos. ¿Y cómo se consigue que luchen?". Así dice un fragmento de "Error humano", en un texto dedicado a Ira Levin. Lo cuenta Palahniuk, quien no sé si al final ensalza o vitupera al escritor estadounidense.
Julián Marías se refería al "embotamiento de la sensibilidad", en un libro de 1974 del que les hablé aquí. Quizás sea eso lo que me ocurre estos días: estoy entre narcotizado y embotado. O simplemente soy beocio. Gallego en la quinta acepción de la RAE. He encontrado la conexión greco-galaica.
Un texto al hilo de las recientes elecciones gallegas y los beocios: "No sé qué quiera decir el que la madre de Ayala fue celta. Lo del celtismo en España es mitología. ¿Que el caciquismo empieza ya a morir en España? Acaso a renacer más fuerte y más beocio" (Unamuno, carta a J.A. Balseiro, 1928).
Cada día entiendo menos por qué una de las entradas más visitadas de este blog es una titulada castrapo: me debe leer mucho oyente de la Cope.
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