Buenas, pereza

Aún no lo he conseguido, pero siempre he buscado libros como "Buenos días, pereza", de Corinne Maier. Ya el título sugiere valores tan alejados de los que intentaron inculcarnos que merece la pena hojearlos. Este tipo de literatura, pero aplicada a la vida general no es nueva. "Elogio de la locura", de Erasmo, ya apuntaba maneras y muchas comedias de Juvenal y otros latinos ya cantaron las excelencias del no hacer nada.

Mi primer confesor -ignoro si aún vive- me dejó trastocado una vez que me dijo que los niños (yo lo era) deberían poder hacer lo mismo que los mayores, pero menos. Lo entendí como una apología del juego, del entretenimiento improductivo y así lo apliqué. Don Julio era un liberal, yo creo que un poco ateo como San Manuel Buenon Mártir, el cura ateo de Unamuno.

Sin embargo, la pereza no nos debería llevar a la degradación cultural. Habría que encauzarla a productos banales. Imagino que es pereza malsana, por ejemplo, la de Vargas Llosa cuando equipara fascismo, totalitarismo, nazismo y nacionalismo: Dice Birnbaum: "La difusión de historias apocalípticas y llenas de conspiraciones (Código da Vinci) y los límites impuestos por el Gobierno USA a la investigación científica presagian una crisis cultural sin precedentes".

Este catedrático de Georgetown no ha visto a Aznar en su universidad, por lo que veo. Ni el informe sobre los estudiantes españoles. Ni sabe quiénes están dando clase a nuestros hijos. Echarle la culpa a un libro es un poco aventurado. Quizás una necedad.

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