La culpa es mía. Lógico. No hago más que leer a escritores qeu cuentan cómo escriben. El último, Muñoz Molina, en "Pura alegría". "El escritor no quiere leer lo que ya ha escrito, quiere leer lo que aún le falta por escribir", o también, "en literatura no cuentan nunca las intenciones, sino los resultados".
Con estas reflexiones, los escritores se convierten en filósofos de sí mismos, en psicoanalistas de sus obras, intentándose explicar el porqué, el cómo de sus libros. Es una obsesión.
Pero aún lo es más el vacío que deja la finalización de un libro. António Lobo Antunes cuenta en "Babelia": "No quiero contar historias, no quiero demostrar nada. Cuando escribo sólo quiero librarme de lo que escribo". Puede ser. O no. Quizás tuve esa sensación mientras escribía ALO. Ya no lo recuerdo. Ahora me dedico a relatos sin sentido, porque vivo en ello. En un sindios. En un pozo. Del cual tiro cuerdas de palabras. Para ver si hay alguien en el brocal. Y suele haber alguien. Que me dice que ahora salgo. Ahora. Más tarde. Palabras. Tiempo
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