Oigo en la radio a una psicóloga opinar sobre los buenos propósitos de comienzos de año. La locutora que la entrevista es totalmente pesimista: "Pero la gente no cambia ¿no?", resume.
Con buen criterio, la psicóloga dice que sí, que cambiamos si realmente queremos hacerlo y da pequeños trucos para conseguirlo. Me recuerda a Krishnamurti: "El cambio es permanente. Ahora podemos ser todo lo que no hemos sido".
De psicóloga a psicólogo, me encuentro con buenos propósitos sobre el poder de la palabra en Bernabé Tierno, otro profesional tan mediático como el mediocre Rojas Marcos. Junto a Carroll, Tierno cree que las palabras tienen dueño y, además, poder.
"Tus palabras son la imagen de ti mismo, de lo que piensas, sientes y haces, y te delatan". El verbo delatar tiene un doble filo en este caso. ¿Cuántas palabras te delatan?, ¿cuánta gente va más allá de la superficialidad, escapa de la charla de ascensor?.
"Piensa lo que vas a decir". Querido Bernabé: no le niegues el pan a los políticos. Y tampoco a nosotros, los periodistas.
Para este año me he propuesto iniciarme en algún vicio desconocido para mí. ¿Y ustedes?. Julio Verne murió diciendo "Sed buenos", frase luego copiada por Spielberg en "E.T.". La palabra "bueno" ha sido demasiado prostituida, por eso nunca la usaría. "Sed libres". Suena mucho mejor. La libertad de Don Quijote.
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